Oposición obtusa
Políticamente, ha sido loable la declaración conjunta de la “oposición”, que el pasado 12 de abril, emitió un comunicado con el título “Declaración Conjunta en Defensa de la Democracia y la Justicia”. Suscribieron ese documento los líderes políticos denominados “tradicionales”, Samuel Doria Medina, Jorge Quiroga, Víctor Hugo Cárdenas y Rubén Costas. A estos se sumó Carlos Mesa, el visible candidato potencial opositor que se perfila de cara a las elecciones generales del 2019.
Más allá de una aparente unidad, frente a los afanes del oficialismo de repostular a Morales para una cuarta gestión y los atropellos del sometido poder judicial, la aparición y el comunicado generaron gran entusiasmo y expectativa. Sin embargo, nos quedamos solo con la ilusión. Los cuatro primeros, son portadores todavía de un inmenso egoísmo político que no les permite despojarse de sus miserias. Bien podrían, con adecuada visión política, perfilar desde ahora la conformación de un gran bloque opositor encabezado por Carlos Mesa, en virtud a una realidad inobjetable: es el único candidato con el perfil adecuado para enfrentar a Evo Morales con posibilidades de triunfo.
Empero, sus limitaciones, falta de un norte y carencia de visión de país, les impide una comprensión adecuada del momento histórico. El carácter de oposición funcional ha sido una constante. Con su accionar y pobres decisiones ha contribuido permanentemente con la estrategia de reproducción de poder del oficialismo, para quienes está absolutamente claro que la única posibilidad de conservar el poder es con Evo como candidato. De modo que, “sí o sí”, repostularán al caudillo. La decisión política está tomada. Luego, los otros factores se acomodarían en el camino.
Las virtudes pedagógicas de las pasadas elecciones tienen que haber dejado grandes enseñanzas. Está claro que al no conformar un bloque, compitieron entre ellos, facilitando enormemente el objetivo electoral de la elite azul de conseguir una votación que garantice la mayoría calificada en el poder legislativo, es decir, los dos tercios; permitiendo con ello altos grados de concentración de poder que da lugar precisamente al control del poder judicial y el órgano electoral, órganos que se controlan desde el palacio, en una suerte de sistema hiperpresidencialista. Son responsables también de los afanes prorroguistas del oficialismo, que a toda costa pretende alcanzar la categoría de régimen vitalicio.
Para el colmo, son tan inocentes, que todavía no advierten que Evo Morales será habilitado para una tercera repostulación obviando el referendo constitucional, pues los resultados de una nueva consulta podrían ser más contundentes que el 21F. Por ello la nomenclatura azul evitará sistemáticamente ese camino.
Frente a esta decisión política asumida y anunciada a los cuatro vientos, ingenuamente los “opositores” se limitan a defender y pedir clamorosamente el respeto a la decisión del soberano expresada en las urnas el 21F; cuando bien pueden sepultar los afanes de una nueva repostulación, desafiando al caudillo y su rancia elite azul a una nueva consulta para evitar la postulación directa. Ya dijeron, el mismo Evo reconoció públicamente, que “es más difícil habilitarse como candidato por la vía del referendo que ganar una elección”. Electoralmente, al haber perdido hegemonía, con su capital político dilapidado, ya no tienen capacidad de convencimiento, peor discurso, para enfrentar una nueva consulta. En las calles de las ciudades, el “antievismo” -más por factores endógenos- crece inconteniblemente. Al parecer, es un proceso irreversible. La lectura de este momento histórico no necesita lupa.
En este sui generis escenario, la oposición debe concentrarse en dos cosas: evitar la repostulación sin referendo y conformar un solo bloque con discurso inclusivo y propuesta de país bien elaborada, rescatando todo lo bueno que pudo hacer el régimen de Morales. De lo contrario, nuevamente se convertirán en cómplices de los desvíos autoritarios, el despilfarro y la megacorrupción. El país exige grandeza, no miserias.
El autor es profesor de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Simón.
Columnas de ROLANDO TELLERÍA A.
















