Papado y dictaduras
Criticar desde la comodidad es fácil, y ser tontos útiles del dictatorial proceso también. Que es lo que hacemos cuando repetimos estupideces o nos dejamos manipular por quienes sacan la ventaja dividiendo. Es tiempo de sumar, no de restar
He leído y escuchado algunos comentarios, –muy adjetivados–, contra el papa Francisco por su “débil” intervención en el problema venezolano. Aprovecho esta oportunidad que me dan, ligeros detractores, para puntualizar algunos aspectos que ayuden a entender el tema.
Comienzo aclarando que NO soy un defensor del sistema jerárquico de la Iglesia, creo que estamos pagando mucho por mantener esta estructura piramidal patriarcal y autoritaria. Las deserciones de la Iglesia de miles de fieles que se declaran seguidores de Jesús pero No de la institución, lo corroboran mundialmente.
La jerarquía, modelo de gobierno de poder divino, no es consecuencia del Evangelio, sino de la herencia histórica romana desde el emperador Constantino que tomó la, políticamente acertada, decisión de convertirse y declarar religión oficial del Imperio a la que era un culto de subversores clandestinos de catacumbas y martirios públicos. Eso a mi gusto alejo a la comunidad cristiana del sencillo mensaje del Evangelio. “Mi Reino No es de este mundo”...
Sólo en los últimos 100 años, para ejemplo, se acusa al papa Pio XII de no actuar con firmeza frente al nazismo , de no haber hecho mucho por los judíos perseguidos. Se ha demostrado, documentalmente; que esta afirmación es falsa. Que se ocultó y ayudó a escapar a miles de judíos y que el Papa no hizo más declaraciones condenatorias para evitar más sufrimientos a los cautivos católicos alemanes y de todas las nacionalidades sometidas, y junto a ellos a todos lo grupos perseguidos.
El papa Juan Pablo II, hoy canonizado, fue criticado por su breve encuentro con Pinochet en la visita que realizó a Chile. Se lo acusó de oportunismo cobarde. Sin embargo, algo pasó, ya que el régimen dictatorial terminó, y no sólo en Chile, sino en Polonia y Alemania, cayó el muro, y en todo ello trabajó la diplomacia Papal, discreta y firme. Sin publicidad bulliciosa y con silenciosa eficiencia.
El papa Francisco, que es latinoamericano como nosotros, bien conoce la realidad del hemisferio. Sabe lo que sucede en cada país, interviene pública y privadamente. Apoya a los obispos locales y fortalece su intervención diplomática enviando Nuncios y Delegados Pontificios, tal es el caso de Venezuela en cuyas negociaciones por la paz estuvo el Cardenal que ejerce como Canciller en la Iglesia. No ha abandonado a quienes sufren esa situación.
En el pasado, en el régimen de cristiandad, el papado tenía ejércitos y territorios y peleaba por ellos y sus monarcas aliados o los combatía. Eso ya terminó, gracias a Dios, y hoy, con todas sus contradicciones humanas conocidas, la Iglesia no tiene ya ejércitos... sólo un rol de pacificador y mediador.
Por eso, quienes hoy critican, algunos de manera insultante, olvidan que a quien más favorece su critica es precisamente a Maduro, pues debilita la voz de la Iglesia, y desconoce sus esfuerzos permanentes por acabar con la violencia venezolana.
Criticar desde la comodidad es fácil, y ser tontos útiles del dictatorial proceso también. Que es lo que hacemos cuando repetimos estupideces o nos dejamos manipular por quienes sacan la ventaja dividiendo. Es tiempo de sumar, no de restar.
El autor es presbítero.
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