De los anuncios a los hechos…
En los últimos años, las autoridades del Gobierno adoptaron la política de los anuncios y las firmas de intenciones. La planta de urea evidenció esta situación y se convirtió en el ejemplo más claro de la industrialización improvisada que vive el país.
El pasado 9 de marzo, este medio dio a conocer que Bolivia no registra exportación del fertilizante desde noviembre, cuando supuestamente se realizó el primer envío a Brasil desde Puerto Quijarro, hasta enero. La información fue confirmada por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
La información obligó al ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, a desmentir los reiterados anuncios que hizo junto a otras autoridades nacionales que incluyen al Presidente del Estado.
El problema de fondo es que se destinan grandes inversiones estatales en base a anuncios y firmas de intenciones; carentes de mercados seguros para iniciar operaciones y sin una estrategia de mercado.
Sólo la planta de urea le costó al país alrededor de 960 millones de dólares y ya se paralizó dos veces por cuestiones de “mantenimiento”. Hasta la fecha no existe un cronograma establecido, lo que despierta más dudas.
Todas estas situaciones abren una interrogante: ¿las industrias del país fueron políticamente pensadas o estratégicamente planificadas? Con los antecedentes de la planta de urea, la balanza se inclina más por la primera opción.
Editora de Economía de Los Tiempos
Columnas de ENID LÓPEZ CAMACHO

















