Siria: los nudos del ovillo
El 14 de abril hubo un ataque coordinado de parte de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra Siria. Se dispararon 105 misiles que tenían como blanco tres sitios militares donde supuestamente se producían armas químicas. No se trata de una declaración de guerra contra el presidente al-Asad sino de un ataque para frenar el supuesto uso de estas armas contra su población. No se trataría de la primera vez que Asad usa este tipo de arsenal contra civiles y disidentes en una guerra civil donde ya ha muerto más de medio millón de personas.
Una de las cosas notables de este ataque ha sido la reacción de parte de muchos usuarios de las redes sociales. Bajo la etiqueta #PrayForSyria se compartieron centenares de fotos de la zona de guerra (especialmente niños heridos y muertos), mensajes bíblicos, reflexiones sobre las guerras por el petróleo y noticias de dudosas fuentes. Muchas de las fotos que circularon fueron tomadas tras las represalias de Asad y se compartieron como actuales; pero en este ataque no hubo bajas, ni en el bloque aliado ni entre los sirios. ¿Por qué se compartieron ahora?
En un estudio publicado en Science se hizo el seguimiento de 126.000 noticias (verdaderas y falsas) publicadas en Twitter entre el 2006 y 2017. Mientras las noticias reales lograban ser compartidas por hasta 1.000 personas, las noticias falsas llegaron a casi 100.000 usuarios, 100 veces más que las reales. Las noticias falsas suelen ser más más recientes que las noticias reales y quizá eso explique su rápida diseminación: a los humanos nos encantan las novedades. Además, como suelen ser sensacionalistas, inspiran miedo, rechazo, asco moral, indignación, instintos primarios relacionados con el cerebro primitivo y tribal.
Estas oleadas de indignación suelen tener una percepción de bien y mal maniquea: hay un fuerte prejuicio contra las grandes potencias aliadas en este ataque, dejando de lado el pensamiento complejo y los matices ante realidades más complicadas que la división binaria de bien y mal. Hay, en el fondo, un resentimiento antiamericano que puede nublar la capacidad de evaluar cada acción o política por sí misma. Se condena con más fuerza el ataque norteamericano reciente que los ataques rusos anteriores.
Reconocer este prejuicio no implica estar a favor de la guerra. Por el contrario, implica entender que no habrá un cese de guerra fácil, no esperar figuras mesiánicas ni tampoco un único villano que se pueda condenar. Sólo reconociendo los problemas en su complejidad se pueden liberar los nudos de este ovillo.
La autora es escritora.
Columnas de CECILIA DE MARCHI MOYANO



















