Trump en Europa
Hace pocos días Trump fue a Europa para participar en Bruselas a la reunión cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), visitar al Reino Unido y luego encontrarse con Putin en Helsinki. La OTAN fue establecida como un dispositivo de la guerra fría contra el bloque soviético, que en respuesta creó un acuerdo de cooperación militar denominado Pacto de Varsovia. Después del colapso de la Unión Soviética algunos antiguos miembros del Pacto de Varsovia se incorporaron a la OTAN, pero Rusia sigue siendo identificada como un agresor potencial y enemigo de la OTAN.
La cumbre de Bruselas empezó en un ambiente pesado debido a los reproches del Trump, quien acusó a sus aliados europeos y canadiense de no contribuir suficiente para la defensa, así como ser competidores y hasta enemigos comerciales desleales. El presidente estadounidense de entrada reclamó un esfuerzo adicional de sus aliados y exigió el respeto al compromiso de dedicar el 2% (y hasta el 4%) del PIB a los gastos militares. Unos 15 países miembros, incluyendo Alemania, Canadá, Italia, Bélgica y España están por debajo del 1,4% y son incapaces de respetar su compromiso. Trump ha confrontado particularmente a Alemania declarando que es controlada por Rusia a causa de las importaciones masivas del gas ruso (un 60% dijo, aunque son solo el 9%). Los países europeos importan 2/3 de su consumo de gas por un valor de 75 miles de millones de euros. Una tercera parte de este gas proviene de Rusia.
¿Qué significan estas declaraciones de Trump dirigidas a sus aliados? ¿Tratan de sembrar la discordia y dividir a los europeos, en vísperas de su reunión con Putin que, curiosamente, practica la misma política divisoria hacia los europeos? En los EEUU Trump está acusado de colusión con Rusia, que supuestamente hubiera apoyado su elección presidencial en una campaña de influencia electrónica. Ya en Helsinki, en la conferencia de prensa conjunta, Trump negó reconocer esta interferencia y dio fe a Putin en contra de la opinión de la justicia y de los servicios secretos de su país (un ‘lapsus’ según su desmentido posterior, ya en Washington). Trump ha repetido que no ve ninguna razón para creer en la interferencia rusa más mínima en las elecciones ganadas sobre el filo de la navaja gracias a una diferencia de un poco más de 70.000 votos.
Putin, por su parte, participó en la cumbre vestido del aura del recién concluido Mundial de Fútbol, que le daría mayor legitimidad como un político respetable. Por un momento, por lo menos, la “fiesta del fútbol” hizo olvidar al mundo las agresiones del régimen ruso contra Ucrania, anexión de Crimea, el misil ruso que derribó a un avión comercial de Malaysia Airlines con 298 pasajeros, los abusos de los DDHH así como las atrocidades de la guerra en Siria. En este contexto los ataques de Trump sobre sus aliados de la OTAN cobraron un significado adicional.
El encuentro entre el presidente americano y su homólogo ruso –como dice Le Monde en su editorial– se realizó a costa del primero, listo para sacrificar una parte de las instituciones de su país para complacer al segundo. La complacencia del presidente estadounidense con Rusia contrasta no solo con la agresividad demostrada con sus aliados europeos de la OTAN, sino también con la política actual de la administración americana que denuncia la voluntad rusa de querer cortar al Washington de sus aliados y de debilitar la unidad transatlántica. La actitud complaciente de Trump hacia el presidente ruso contradice la política oficial estadounodense y da motivos de sobra a los europeos para estar inquietos por la incertidumbre que resulta de la esquizofrenia actual de Washington sobre el tema ruso.
El autor es comunicador social
Columnas de STANISLAW CZAPLICKI















