En domingo no se apagan incendios
Si el fuego que inflamó el domingo las basuras quillacolleñas del botadero de Cotapachi se hubiese producido entre lunes y viernes no habría ardido durante más de 30 horas. De no haber sido domingo, los funcionarios entendidos en este tipo de acontecimientos indeseables habrían estado trabajando y su intervención habría sofocado prontamente los focos de calor que se extendieron hacia las profundidades de los montones de desechos sólidos.
Pero era domingo. Y cuando el fuego se declaró –sorpresivamente, encendido por una brasa llegada de no se sabe bien dónde, como ocurrió y seguirá ocurriendo– el sereno del botadero lo atacó con su extintor de incendio –como lo hace en casos similares y al parecer con un éxito que ayer no tuvo.
Como la acción del sereno –cuyo trabajo es vigilar las siete hectáreas del botadero recorriendo el lugar a pie– había fracasado, el fuego siguió prosperando y se hizo necesaria la intervención de los bomberos de Quillacollo, funcionarios de la Unidad de Gestión de Riesgos (UGR) de la Alcaldía y voluntarios del SAR. Ellos atacaron el incendio con agua, pero ésta se terminó y las
basuras continuaron ardiendo y creciendo la nube de humo. El viento llegó antes de la única cisterna que dispone la Alcaldía y el fuego se extendió por el muladar, incontrolable.
El domingo, todo intento de contactar a alguna autoridad de ese municipio fue infructuosa.
Ayer en la mañana, lunes, les tocaba trabajar y allí estaban los empleados municipales y las palas mecánicas y las volquetas que sirvieron para apagar el incendio sofocándolo con tierra. También aparecieron el alcalde y el director de la Empresa Municipal de Aseo Quillacollo. El primero anunció la compra de tres cisternas, el otro, la vigilancia del botadero por sí el fuego se reanima.
Ninguno mencionó algo parecido a un protocolo de emergencia para estos casos, ni manifestó preocupación por los efectos del humo en la salud de la gente que tuvo que soportarlo.
Más bien que ayer no era feriado.
Periodista de Los Tiempos
Columnas de NORMAN CHINCHILLA



















