Hacen lo que les da la gana
“¿Los bolivianos estamos deprimidos?”, se preguntaba Luis Bredow, citando una encuesta que estimaba que casi la mitad de los ciudadanos no creía que su voto haría un cambio en las elecciones de 2019 y relacionando a la depresión con una sensación de futuro incierto.
Caray, pensé, quizás sea cierto. Sería lógico que los bolivianos sintiéramos que nuestro voto no toma decisiones y ello especialmente luego del desconocimiento del resultado del referéndum “vinculante” del 21 de febrero de 2016, a pesar de que “vinculante”, se supone, significa que el resultado de la consulta enuncia un mandato de cumplimiento obligatorio.
Arguyen que las opciones políticas alternativas al MAS no presentan “proyecto” de país, ni una “propuesta” definida. Y, sí, en parte tienen razón, particularmente si se trata de buena porción de una oposición partidaria que –en el fondo– adolece de taras similares a las del partido hegemónico. Finalmente, pareciera que se convocó a un concurso de gestiones públicas improvisadas, deficientes, mediocres, depredadoras y corruptas.
Sin embargo, habría que indagar cuál es el “gran” “proyecto” que ofrece el MAS y cuestionarse: ¿Se puede plantear un “proyecto” mínimamente serio, si el mismo descansa en la omnipresencia de un caudillo más en la historia del país? ¿Cómo es posible que el partido más importante del actual sistema político boliviano no haya sido capaz de conformar cuadros políticos que reemplacen a Evo Morales y Álvaro García Linera, al punto que su “gran” “proyecto” se desplome sin la permanencia en el poder de los caudillos? ¿No es verdaderamente el colmo que la institucionalidad “plurinacional” se ponga al servicio de la repostulación de dos individuos?
Nos estamos acostumbrando a que autoridades y gestores públicos, engolosinados con su poder coyuntural, hagan lo que les da la gana. Si en la época de las dictaduras militares los principales instrumentos para ello eran el terror, la violencia y la sangrienta represión, en el marco de esta imperfecta democracia, hoy utilizan las chicanerías y enredos jurídicos y judiciales para salirse con la suya y, en su caso, “procesan” expresiones de inconformidad y disidencia “peligrosas”.
En tal sentido, hasta las más absurdas y viciadas manifestaciones de administración pública se imponen... y que después “resuelvan los abogados”. Por ejemplo, ¿qué hay de los mamotretos de cemento de utilidad imprecisa, de las canchitas de pasto sintético, ilustrativos baluartes de lo bien que se ejecuta la planificación pública? ¿Qué hay de la ostentosa y fálica “Casa del Pueblo”, del museo dedicado exclusivamente al caudillo, de la devastación, atontamiento y despilfarro que trajeron los caprichitos de los Juegos Suramericanos y el Dakar? ¿Qué se tiene que decir respecto a que ni siquiera las áreas protegidas se libran del saqueo al estilo de las plutocracias de antaño? ¿Qué hay de innumerables proyectos de inversión pública donde brilla la ausencia de documentos técnicos fidedignos, pero abundan la improvisación y los malos manejos?
“Otra cosa es con guitarra”, indica un dicho popular. Pues “con guitarra”, la retórica que prometió un cambio dista un abismo de la práctica. ¿Y la “guitarra” de la oposición partidaria? Bien gracias, más de lo mismo. Sólo basta evidenciar que en Cochabamba (Cercado), a tiempo de querer colocar (¡adivinen!) una cancha de pasto sintético en una de las pocas áreas verdes que sobreviven en un entorno pelado y malsano, nos atestaron con chirriantes lucecitas navideñas, tal vez para que olvidemos que se maquina la gobernabilidad de la ciudad desde una cárcel.
La autora es socióloga
Columnas de ROCÍO ESTREMADOIRO RIOJA


















