Los últimos correteos de Navidad y la bendita lluvia
El centro de la ciudad colapsó ayer cerca del mediodía, no sólo por la aglomeración de la gente que salió en busca de los últimos regalos y alimentos para compartirlos durante la Nochebuena, sino porque las calles de muchas zonas se convirtieron, en instantes, en una especie de ríos malolientes.
La intensa lluvia que duró unas gotas más que una hora, inundó las avenidas, invadidas por los comerciantes, en el centro y el sur de la ciudad, dejando a los transeúntes literalmente “sopados”.
Dos experiencias interesantes surgen a partir de las anécdotas que los usuarios de las redes compartieron en pequeños videos, fotos, memes y hasta textos grotescos: Cochabamba no está preparada para desastre natural alguno (ni aluvión, incendio, terremoto, inundación u otro). Y aunque destrozos como el ocurrido en Indonesia por la erupción de un volcán y posterior tsunami no son previsibles ni evitables, estar listos para evitar contingencias mayores es fundamental. Ayer, muy pocas personas accedieron a ubicar (alquilar o prestarse) bombas para sacar el agua de sus viviendas, garajes, construcciones y calles. Las alcantarillas de la ciudad explotan —en todo el sentido de la palabra— porque decenas de ellas formaron una especie de fuente acuática de hasta medio metro de rebalse, sacando a flote aguas servidas pestilentes y con heces fecales.
En medio de todo el desastre que pasará como una anécdota más para los voluntarios, lamentamos una nueva muerte en Alto Cochabamba, causada por el derrumbe de una pared. Pero dentro de todo el mal panorama, la gente “normal” no perdió el deseo de reencontrarse con su familia en Nochebuena e invocar al Niño Jesús para que su espíritu de paz y justicia ilumine las conciencias de nuestros gobernantes.
Directora de Los Tiempos
Columnas de LUZ MARINA CANELAS ARZE



















