¿Y sin factura, me rebajas?
Cuando un boliviano necesita comprar algo o pagar un servicio, no falta la típica frase insinuante del comprador que le dice a la caserita o al dependiente: “¿y si me vendes sin factura, me rebajas?”, y es que se debe reconocer que los bolivianos somos así, estamos acostumbrados a regatear.
Hay que admitir que alguna vez en la vida cada uno de nosotros ha pedido al vendedor que le rebaje un par de pesos a cambio de que no se extienda la factura correspondiente. Las razones para este comportamiento tan típico nuestro pueden ser varias. Y no creo que sea la falta de dinero lo que justifica esa actitud. Entonces ¿por qué lo hacemos? ¿Será la satisfacción de pagar menos que el precio que nos piden o nuestra capacidad de negociación lo que nos llena de orgullo al pagar de menos?
La triste realidad es que muchos no tenemos ni la más mínima idea de por qué es necesario exigir factura ni cómo es que este aparente simple comportamiento de “viveza criolla” puede ser tan perjudicial para nosotros mismos.
Buscar una rebaja en el precio de venta no es reprochable, lo que es perjudicial es cómo los vendedores timan a las personas haciendo creer que la disminución en el precio de venta, a costa de la no emisión de factura, es una ventaja cuando en realidad lo que se está negociando es el impuesto que debe ser pagado por el vendedor y empozado al Fisco.
Entonces, mientras el ciudadano de a pie está ahorrando unos pesos producto de la “rebaja”, el vendedor se enriquece de forma egoísta a costa del Estado. Sin embargo, los únicos que resultan perjudicados somos los mismos bolivianos cuando el Estado, representado por el nivel Central, Departamental y Municipal, no tiene los recursos suficientes para cumplir sus obligaciones.
Muchos criticamos que las autoridades se “farrean” la plata de los hospitales, cuando en realidad con nuestro comportamiento de “vivos” somos nosotros quienes nos autosaboteamos y nos perjudicamos.
Economista
Columnas de CAROLINA SALINAS CLADERA





















