Quillacollo, venta de puestos y diezmos
Agosto es el mes de la Virgen de Urkupiña, la virgen milagrosa de los cochabambinos. Y Quillacollo es la sede del regocijo, pues cientos de grupos y bandas alegrarán las jornadas festivas que se desarrollarán en dicho municipio. Mañana viernes, miles de feligreses se dirigirán al calvario con fe y devoción; unos a cumplir promesas, otros a pedir favores.
Usted se imaginará que si he titulado esta columna de opinión “venta de puestos y diezmos” en el contexto de una fiesta religiosa, me referiría a la distribución de ventas, kioscos, graderías, y diezmos, como aportes de los fieles en favor de la iglesia; ojalá hubiese sido así. Sin embargo, el título alude al reciente escándalo de corrupción en el que se ve envuelto el alcalde del municipio anfitrión de tan importante fiesta.
Hace unos días, se dieron a conocer graves denuncias contra la administración municipal del alcalde interino. La acusación sostiene que “La Fórmula”, compuesta por hombres allegados al alcalde, se encontraría vendiendo puestos y/o cargos de alta responsabilidad al interior de la alcaldía, hasta en 1.500 dólares. A esto se suma la denuncia de los funcionarios respecto al descuento que mes a mes, de manera obligatoria se realiza tanto al salario como a los bonos, y que va destinado como aporte al partido. Esto resulta ser una práctica cotidiana y, en otras palabras, los funcionarios deben callarse y agradecer de tener el trabajo con el que cuentan, aunque el pago que deben realizar mes a mes como diezmo les recuerde que están en el puesto burocrático no por méritos propios, ni porque sean eficientes en el oficio, sino por ser militantes del partido de turno. A esta vieja usanza se suma la de los “diezmos”, que no son en favor de la virgen de Urkupiña claro está, sino me refiero al porcentaje obligatorio que cada adjudicatario de obra debe pagar por debajo de la mesa a quienes le hayan favorecido la concesión de la obra. Esta maña es tan conocida, que de hecho se ha normalizado en los municipios del país.
De esta manera, especialmente en agosto, Quillacollo da lástima, y es que la crisis y la corrupción se han apoderado de dicho municipio. En los últimos 15 años, ha tenido 11 alcaldes, pésimas gestiones municipales, y varios escándalos de corrupción. Solo queda pedir que la Virgen se apiade de Quillacollo.
En estos días el edil en cuestión y autoridades del Estado, con seguridad participarán de las actividades y rituales centrales de la fiesta. Esperemos que no pierdan el tiempo y comiencen a purgar sus faltas, que es lo menos que pueden hacer.
La autora es socióloga y antropóloga
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