Democracia, autoritarismo y desarrollo
¿Cómo valorar a un presidente que, ante una ola de protestas (al caso, los bloqueos protagonizados en las capitales de Departamento, al parecer, mayormente, por las clases medias tradicionales, exigiendo elecciones generales transparentes), decide prescindir de los legítimos aparatos represivos del Estado y en su lugar recurrir a fuerzas irregulares para reestablecer el orden?
¿Hasta qué punto cabe avalar este tipo de prácticas de claro corte autoritario en nombre de las presuntas bondades desarrollistas, inherentes, supuestamente, a la consumación de la agenda patriótica 2005-2025? A continuación, y en apuntando nutrir de insumos al debate, vamos a discutir la relación entre democracia y desarrollo desde diversas perspectivas.
Para Raúl Prebisch, ese gran teórico de la liberación económica, o segunda independencia de América Latina, el desarrollo, entendido como la optimización y creación de un ahorro colectivo y su posterior reinversión generando una exposición industrial sostenida, de la producción, el empleo y el consumo general de la población, acortando a la par, las brechas entre las clases sociales y los sectores “modernos y premodernos” típicos de las sociedades latinoamericanas; presuponía necesariamente una inquebrantable disciplina institucional (ver por ejemplo su Transformación y Desarrollo: la gran tarea de América Latina).
Pero, ¿qué significa disciplina institucional? Básicamente, la certeza sobre la reproducción de cierto sistema de valores y normas de regulación de las relaciones sociales, seguridad jurídica, y principalmente, la vigencia y funcionamiento absoluto, o casi absoluto, del sistema político del Estado de Derecho.
Aquellas condiciones, no sólo fueron defendidas por Prebisch. Aunque con visiones opuestas en lo concerniente al rol de la inversión extranjera en sectores económicos más importantes, la austeridad del gasto fiscal y las políticas monetarias; las burocracias técnicas de los organismos internacionales (Banco Mundial y agencias subsidiarias), han sostenido: la existencia de una relación infalible y directa entre la institucionalidad democrática del Estado de Derecho y el desarrollo de los países.
¿Con base en qué elementos podemos ponderar al predominio de las instituciones democráticas, y a su calidad, en términos de la participación de la sociedad civil sobre las decisiones de gobierno? Al menos en: el grado de las representaciones políticas, la eficacia en la ejecución de las políticas de gobierno, y en la visualización de los problemas y demandas que son objeto de su intervención. Sin embargo, los estudios de caso, han corroborado científicamente la validez de esa relación, sólo en algunos de los casos analizados (sobre todo en el de los países occidentales más poderosos).
De ese modo, para muchos autores adscritos al denominado “nacionalismo desarrollista”, Helio Jaguaribe por ejemplo, abrazaron la vía “política autoritaria” como estrategia de desarrollo a través del único modelo posible para los países dependientes: el capitalismo de Estado. Según Jaguaribe, la elite “nacionalista”, sólo podría instalar un floreciente capitalismo de Estado, evitando autoritariamente las incoherencias que un público mal integrado comunicaría a la política nacional.
Aun suponiendo la supremacía racional de Jaguaribe, quedaría en píe una fuerte objeción ante la aceptación del actual autoritarismo del gobierno: los magros resultados y agotamiento inminente del capitalismo de Estado que han procurado instalar.
El autor es economista.
llamadecristal@hotmail.com
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