La ayuda a Cuba no basta contra la doble asfixia
“Estupor, impotencia, incertidumbre y, por supuesto, mucho más estrés, mucha más tensión”. Así describe Manuel Cuesta Morúa, desde La Habana, la reacción de los cubanos al más reciente bloqueo petrolero del EEUU de Donald Trump a la isla.
Las opiniones están divididas. “Hay gente que cree que hay que buscar cualquier vía para salir de este régimen. Hay gente que no”, dice a DW este historiador y defensor de derechos humanos. “La mayoría no cree que esa sea la solución. Sin embargo, ambos sectores comparten el profundo malestar con el Gobierno”, aclara.
“¡Abajo el castrismo! ¡Y abajo Trump!”, resume en una columna en el diario madrileño El País el periodista cubano Abraham Jiménez Enoa, exiliado en Barcelona tras sufrir persecución política.
“La caída del régimen sería una gran noticia para los cubanos, pero esa noticia se empañaría si el desenlace se produce gracias a Trump y tras su estrategia de asfixia inhumana”, que solo afecta a los ciudadanos y no a las élites del régimen, opina Jiménez Enoa.
Crisis añeja
La isla lleva años sumida en una crisis permanente y múltiple, de la que el Gobierno cubano culpa al “bloqueo” estadounidense, mientras sus críticos apuntan a la ineficiencia del modelo económico y la falta de pluralismo del sistema político cubano.
Desabastecimiento de combustible, alimentos, medicinas y otros productos básicos. Reformas económicas fallidas. Apagones eternos. Escuelas y hospitales cada vez más deteriorados. Una emigración que ha batido récords, arrastrando también en masa a profesionales clave. Montañas de basura que cierran calles, hasta que los propios vecinos les prenden fuego. Una doble epidemia de dengue y chikunguña, que ha dejado a miles de personas debilitadas. Muertos para los que no aparece un ataúd, ni un servicio de transporte funerario. Cada vez más abstencionismo electoral, protesta pública y represión política.
El colapso estatal ya era evidente para los cubanos antes de que la última vuelta de tuerca de Washington amenazara con paralizar totalmente el país.
“No todos quieren el mismo tipo de cambios, pero todos quieren cambios”, asegura Cuesta Morúa, veterano disidente socialdemócrata y presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba.
Además de Rusia y China, que disputan la hegemonía de EEUU en la región, los gobiernos de México, Chile y España se han comprometido con ayuda humanitaria para Cuba, mientras el anuncio de la organización de una flotilla humanitaria internacional causa polémica, sobre todo entre exiliados a los que el Gobierno cubano impide regresar al país. “Si ellos entran, nosotros también”, anuncian en redes sociales.
Colaboración acrítica
Para la antropóloga política cubana Hilda Landrove, lo reprochable de estas iniciativas es que surgen de organizaciones con un historial de colaboración acrítica con el Gobierno cubano.
Siguen mitificando Cuba como “una revolución gloriosa que hay que apoyar frente a la amenaza del imperio”. Y niegan la responsabilidad de su Gobierno en la crisis interna, así como la existencia de violaciones de derechos humanos, represión y presos políticos en Cuba, lamenta.
La idea de una flotilla humanitaria resulta “medio ridícula” en este caso, pues no existe un bloqueo que impida físicamente la llegada de ayuda, como sí ocurrió con Gaza, agrega Landrove, profesora del TEC de Monterrey.


























