Orígenes y proyección
La cultura política boliviana constituye un reflejo interesante y puntual de la idiosincrasia nacional, simbiosis resultante entre la cultura ibérica feudal y las existentes en la américa precolombina –principalmente la andina.
Esas cosmovisiones, en apariencia tan disímiles, compartían sin embargo varias características fundamentales que moldearon en buena medida el subconsciente colectivo de las poblaciones que siglos más tarde conformarían la actual Bolivia. Entre éstas se puede mencionar rígidas estructuras de tipo monárquico, con soberanos omnipotentes sustentados ante sus súbditos por una narrativa de legitimación divina, fomentada obsecuentemente por una diligente casta religiosa.
El sistema anterior puede haber desaparecido hace mucho como forma de organización política en estas tierras, pero parece mantenerse aún latente en el subconsciente colectivo de una parte importante de sus habitantes.
Basta con recordar que en los momentos de anomia que de manera recurrente vive en nuestro país, y con la excepción de sus directos promotores, muchos ciudadanos manifiestan su deseo por la aparición de figuras fuertes, tipo Banzer o Pinochet, que devuelvan por medio de la fuerza, incluso, un sentido de normalidad y certidumbre a una sociedad que parece ir a la deriva.
Esa creencia colectiva resiste impasible los embates de la realidad. Ejemplos claros de personajes que han gozado y abusado de la predisposición de las masas para otorgarles el poder absoluto, como Belzu, Melgarejo, Barrientos, Paz Estenssoro y Morales, demuestran que nadie puede estar a la altura de ese ideal.
Podría decirse que una de las muchas causas de nuestro atraso se debe precisamente a la búsqueda colectiva de salvadores que, de alguna manera, asuman y resuelvan los problemas que hemos ido acumulando como sociedad por negligencia, dejadez o simple falta de conocimiento y disciplina colectiva.
¿Qué relación tiene lo anterior con el aniversario de Cochabamba? Pues mucho o nada, dependiendo de lo que se quiera rescatar. Fechas como ésta debieran recordar a los cochabambinos que momentos de convulsión y de incertidumbre presentan también importantes oportunidades. Si nuestros antepasados supieron sobreponerse a su comprensible temor y asumir de manera decidida el enorme reto y las consecuencias que implicaba finalizar 300 años de dominio absoluto de la Corona Española, nosotros ciertamente también hoy podemos hacer nuestra parte.
Ese cambio de paradigma los animó a arriesgar sus vidas y propiedades, lo cual debiera invitarnos a reflexionar, siquiera por un momento, acerca de la contribución o la falta de ella de las generaciones actuales en el desarrollo de Cochabamba.
No es necesario detentar un cargo público importante o ser un empresario/profesional de renombre para aportar en la mejora permanente de esta bella tierra. Cada uno de nosotros puede y debe asumir el rol en su respectivo círculo de influencia. La mejora del país comienza en el hogar, eso es innegable y no depende de terceros. Si no lo hacemos nosotros, ¿por qué exigir que alguien más lo haga?
Nos urge impulsar nuevamente un cambio de paradigma, que indudablemente puede resultar incómodo y frustrante, pero que si es compartido y aplicado por la suficiente cantidad de personas comenzará a generar impactos tangibles.
Existe una concepción contemporánea muy común, que establece que un Estado es más moderno en la medida en que más derechos otorgue a sus ciudadanos, lo cual es falso. La modernidad, el progreso y el bienestar son el resultado de una ciudadanía educada y responsable que interactúa en un entorno estable, no la causa.
Comencemos entonces con pasos concretos. Si en este aniversario cívico pudiéramos elegir un solo regalo, debiera ser el inicio de una transformación educativa. Por más que se repita que la Educación es una prioridad nacional, el refrán de “dime en qué gastas tu dinero y te mostraré cuáles son tus prioridades” demuestra que ese no es el caso.
La mejora en infraestructura es importante pero no tiene trascendencia en sí misma. Enfoquemos el esfuerzo en lo que de verdad importa, la calidad docente. Dado que el estatus de una profesión está dado por el nivel de remuneración que éste permita obtener, generemos las condiciones para atraer el talento humano requerido para el cambio que se pretende lograr.
Cochabamba puede haber quedado relegada en lo económico y también en lo político, pero está en manos de las generaciones actuales revertir esa situación promoviendo una renovación en el aspecto más importante, el cultural.
El autor administrador de empresas y magíster en administración de negocios
Columnas de DANIEL SORIANO CORTÉS

















