PIB 2021: ¿Rebote estadístico o crecimiento real?
El Gobierno a anunciando que entre enero y abril del año en curso la economía boliviana habría crecido al 5,3%. Y hasta fin de año espera un crecimiento del 5%. Este optimismo también es acompañado para organismos internacionales como la Cepal (5,1%), el FMI (5%) y el Banco Mundial (4,7%). Frente a estas proyecciones eufóricas, los propagandistas del régimen han desempolvado una vieja muletilla política sobre el crecimiento del producto interno bruto (PIB): “No lo decimos nosotros, lo afirman los organismos internacionales”. Instituciones neutras e inclusive los representantes del imperio se estarían inclinando frente a la gloriosa vuelta del modelo primario exportado. Durante muchos años esta fue forma de descalificar y deslegitimar opiniones contrarias.
Por supuesto, si la economía comienza a salir del sótano de la recesión es algo a destacar. Sin embargo, cabe resaltar que entre la mejora de algunos indicadores económicos y el anuncio de la vuelta triunfal del luminoso modelo del proceso de cambio hay una enorme distancia.
El crecimiento del 5,3% para el primer cuatrimestre y la proyección de un 5% para todo el año es resultado de un rebote estadístico. Entre tanto, el relato ideológico en construcción sostiene que ya pasó la pesadilla del “golpe”, y que la economía vuelve a la vieja normalidad. En términos numéricos retornamos al año 2014, cuando la economía también crecía al 5,46%. Pero va a disculpar la preguntita: ¿Son iguales los resultados de 2014 y 2021? Sí, waway, pero sólo en apariencia.
En el primero de esos años vivimos aún el súper ciclo de los elevados precios de las materias primas y el auge de la inversión pública. Era un momento de abundancia de recursos. En el periodo actual estamos frente a un rebote estadístico provocado por un ligero repunte de los precios de las materias primas que exportamos y la manipulación de la demanda agregada, pero en un contexto de escasez de recursos. El Estado que raspa la olla.
Pero concentrémonos en el rebote estadístico: esto significa que la actividad económica aumentado desde niveles muy bajos. En nuestro caso estamos frente a un rebote de una recesión. Cuando se parte de un nivel muy bajo, las estadísticas a veces nos generan espejismos que los políticos aprovechan. Supongamos que una gallina revolucionaria del Chapare, un bello día pone un huevo y al siguiente pone otro huevo. Un político prepitagórico sale y anuncia: Estamos frente a un crecimiento espectacular y único del 100%. Ahora si una granja privada produce 1.000 huevos y al siguiente periodo produce 1.500, o sea 500 adicionales, el crecimiento es tan solo de 50%. Pinches capitalistas no se igualan a nuestras gallinas leninistas, gritan de la multitud en éxtasis.
Una ilusión estadística parecida ocurre con el publicitado 5% de crecimiento del PIB para este año.
Supongamos que la economía boliviana es como un edificio de 50 plantas y que el crecimiento del producto se mide subiendo los pisos. Partamos de 2006, cuando, según el Gobierno, se inaugura la historia económica. En este año supongamos que partimos de la planta baja. Año base = 100. En el año 2007, el crecimiento del PIB fue de 4,8%, subimos casi cinco pisos. En el siguiente periodo, 2008, subimos seis pisos, pero partiendo del anterior nivel (El PIB creció a 6,1%). Así a lo largo de 14 años subimos a veces casi siete pisos o en otros, tan solo dos, como en 2019.
Ahora, al edificio de la economía boliviana le cayó una bomba recesiva (pandemia, cuarentena, mala gestión económica de Añez). Se destruyeron algunas estructuras, desparecieron algunas plantas, y se comprometió gravemente la viabilidad del edificio, pero lo más complicado es que la recesión obligó al aparato productivo (empresas y personas) a bajar al sótano, nueve pisos por debajo de planta baja. Por lo tanto, en este contexto recesivo, el crecimiento del PIB en un 5% este año significa que subiremos cinco niveles, pero desde los sótanos. Todavía faltan cuatro niveles subterráneos para llegar a la planta baja. Veamos ahora un ejemplo numérico muy sencillo. Pongamos de año base el 2019 que sea igual 100. Como la economía boliviana cayó en – 8,8%, en el 2020, la base ahora es de 91,20. Si aceptamos que en este periodo que transcurre que creceremos al 5%, al final del año el índice será de 95,76. (91,2 x 0,5 = 4,56 y 91,2+4,56 = 95,76, cabal casero). Un resultado por debajo de 100 significa que ni siquiera llegamos a la planta baja. Quiere decir que la economía boliviana está rebotando de un nivel recesivo, pero aún no está recuperando los niveles que tenía el PIB antes de la pandemia.
Hay luz al final del túnel debido al rebote estadístico del 5%, sin embargo, el camino de la recuperación plena es largo todavía. Y en mi modesta opinión requiere de dos cosas fundamentales: 1) financiamiento fresco, algo como 4.000 millones de dólares este año. Si no conseguimos estos recursos, las proyecciones de crecimiento para 2022 y 2023 son más modestas entre 2 y 3%, y 2) crecer de manera más sostenible generando desarrollo equitativo y verde y no sólo crecimiento del PIB. La calidad de las políticas públicas debe aumentar y cambiar el patrón de desarrollo.
El autor es economista
Columnas de GONZALO CHÁVEZ A.

















