Apropiarse de la propia identidad
Hace ya algunas décadas se puede constatar un nuevo escenario en el que se reflexiona el tema de la identidad. En este siglo XXI, muestra gran importancia su análisis ya que existen factores nuevos en su consideración que desafían su definición de la manera en que se están produciendo las transformaciones subjetivas. Suponiendo que la identidad se forma desde la consciencia, hoy resulta importante en el discurso social y político porque aparece en un contexto reivindicativo. En este marco, es importante considerar lo que implica su cambio o la continuidad en torno a las identidades existentes y a sus nuevos componentes.
Sin duda los análisis de estos cambios no se manifiestan claramente, resultando difícil su evaluación cuando pretendemos definir nuestra identidad y la de otros. Los indicadores que hasta hace poco se consideraban característicos, como el sentido de pertinencia, el conocimiento de su historia, el ámbito geográfico y residencia o los rasgos que diferencian a un individuo o grupo del resto en un escenario social pareciera que ya no predominan. Los viejos ordenamientos identitarios ya no parecen ser suficientes para dar cuenta de ella en toda su complejidad.
La existencia de una multiplicidad de referentes que coexisten y que en muchos casos pareciera que no son susceptibles de integrarse entre sí, pero que van creando e integrando una imagen definitoria de sí misma y que están generando cambios, transformaciones, se expresan en contradicciones entre las prácticas y/o los discursos.
La preocupación surge cuando intentamos apropiarnos de la propia identidad, ya sea individual o colectiva. Tal es el caso, por ejemplo, de la identidad de género, en la que se puede apreciar la incorporación de elementos modernos, menos estereotipados respecto de lo femenino y lo masculino, pero que siguen a acuerdos patriarcales, reproduciendo las conductas y actitudes de hombres y mujeres.
Es también el caso de la discusión acerca de la identidad mestiza, que parece generar distancias entre las prácticas y los discursos. A veces las prácticas son más modernas que los discursos o viceversa, y en otros casos se pretende excluir la categoría mestizo como referente de identidad en términos de sentido de pertenencia en la construcción de ciudadanía en el país, ya que sabemos que esta interpela cuestiones étnicas, nacionales, personales y de grupo, que generan susceptibilidades en su aceptación las que nos llevarían a preguntarnos: ¿De qué depende ser o no ser mestizo? o ¿es necesario consumirse en el intento de ajustarse a modelos de identidades estandarizados que no se asemejan mucho a nuestras circunstancias reales?
Está claro que este desafío de construir y recorrer la construcción y análisis sobre el mestizaje e identidad es arduo, comenzando por la definición de nación como una entidad homogénea y su sentido en los diferentes espacios de la realidad económica, social y política.
La autora es socióloga, docente e investigadora del CESU-UMSS
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