Un panorama sombrío
Lo que se había anticipado, en el momento de la denominada “nacionalización” de los hidrocarburos, de mayo de 2006, poco a poco se convierte en una preocupante realidad que exige medidas correctivas inmediatas.
Nos referimos específicamente a las cifras de las exportaciones de gas natural a Brasil y Argentina y a las importaciones de combustibles como la gasolina y el diésel. Según un revelador reportaje publicado por nuestro periódico, en 2021 el monto de las ventas externas de gas llegó a 2.241 millones de dólares, en tanto que las importaciones de gasolina y diésel sumaron 2.211 millones de dólares. Esto implica que el país gasta uno de sus principales ingresos para obtener combustibles que, además, son subvencionados en el mercado interno, es decir, que se comercializan a un precio por debajo de su valor real de importación. Si se adicionaran el valor de las importaciones y el de los subsidios a la gasolina y al diésel, entonces tendríamos que los ingresos del gas no alcanzan para cubrir la creciente demanda de ambos carburantes.
Lo que causa, en el fondo, esta situación insostenible es la falta de desarrollo de la industria de los hidrocarburos. La “nacionalización” tuvo más efectos políticos que beneficios reales, si se considera que desde 2006 cayeron las inversiones sobre todo en exploración, de tal modo que no se han repuesto las reservas de gas y se ha ingresado en una dinámica de sobreexplotar los reservorios tras la medida lanzada por el expresidente Evo Morales, con la inevitable consecuencia de una declinación acelerada de los principales megacampos del país. La creciente importación de combustibles se explica porque con una cada vez menor producción de gas se extrae menos condensado para las refinerías y también por la expansión del agro cruceño que consume mayores volúmenes de diésel subsidiado.
La “nacionalización” consistió en tomar un mayor porcentaje de la renta petrolera, entonces elevada por los excelentes precios internacionales, pero no garantizó nuevas y sostenibles inversiones para el desarrollo de la industria de los hidrocarburos. La devolución de las inversiones de las empresas petroleras, conocida como costos recuperables, hace inclusive más dudoso hablar de sus buenos resultados.
Nos resistimos a ver el fondo del problema. El Gobierno ha anunciado el descubrimiento de un nuevo pozo en el campo Margarita-Huacaya, pero según el cálculo del especialista en hidrocarburos Mauricio Medinaceli apenas alcanzará para un año de producción. Otro experto en este campo, Francesco Zaratti, ha comenzado a hablar sobre el final del ciclo del gas. ¿Viene una crisis energética de insospechables consecuencias? Se necesita una nueva política de hidrocarburos, pero pareciera que la “nacionalización” es una vaca sagrada, intocable. ¿Cuándo se abrirá un debate sobre este asunto central para el país?



















