¿Tiene sentido preguntar sobre la fe religiosa en el Censo?
El 28 de marzo pasado, el Consejo Nacional Cristiano de las Iglesias Evangélicas de Bolivia solicitó al Gobierno que, en el próximo Censo, incluya una pregunta sobre la religión que practica cada boliviano. Por su parte, el reciente 25 de abril, los obispos católicos enviaron una carta al INE, solicitando la incorporación de una pregunta sobre fe religiosa, solicitud que fue luego respaldada en su mensaje al pueblo de Dios, hecho público a la finalización de su CX Asamblea.
Ante tales pedidos y más allá de los legítimos intereses que mueven a los solicitantes, una duda que surge es si tiene o no sentido una pregunta de este tipo, habida cuenta que, para muchos, las religiones son una cosa del pasado.
Es que, más allá de la dificultad de dar cuenta de lo que el vocablo “religión” significa, incluida su oscura etimología, no se puede negar que las religiones existieron desde los inicios de la humanidad, como lo reconocen innumerables estudios sobre el tema, y que siguen existiendo en la actualidad.
Los tres sociólogos más importantes de la historia estudiaron las religiones como un elemento importante de lo social. Weber en La ética protestante y el espíritu capitalista; Durkheim en Las formas elementales de la vida religiosa y Marx haciendo referencia al carácter dual de la religión, que le llevó a afirmar, por una parte, que era el opio del pueblo, y a la vez que era “el suspiro de la criatura agobiada, el sentimiento de un mundo insensible del mismo modo que es el espíritu de condiciones sin espíritu”.
Parece que la importancia de preguntar a los bolivianos sobre su fe religiosa va más allá de la satisfacción o decepción que pueda causar la respuesta a quienes solicitaron su formulación. Hay muy buenas razones para tomar en serio el tema religioso.
En efecto, como se sabe, además de las religiones tribales o tradicionales, existen tres grandes sistemas de corrientes religiosas: religiones originarias de la India (hinduismo y budismo), de China (confucianismo y taoísmo) y de Oriente próximo (judaísmo, cristianismo e islam), todas ellas distribuidas a lo largo y ancho del mundo y plenamente vigentes.
En muchos casos hay guerras originadas en cuestiones religiosas o, cuando menos, que se encuentran presentes en diversos enfrentamientos bélicos: el islam contra el occidente cristiano; protestantes contra católicos en Irlanda del Norte; católicos croatas contra serbios ortodoxos; el patriarca ortodoxo ruso Kirill apoyando y bendiciendo la invasión rusa a Ucrania.
La religión y la razón son fuentes de la ética y ahí estriba, entre otras cosas, la importancia de las religiones. Es que, bien llevadas las cosas, las religiones pueden contribuir a superar varias de las dificultades que el mundo tiene el día de hoy.
No es suficiente la explicación que se da para entender el momento que vive el planeta, afincándola solamente en las revoluciones agrícola, industrial y del conocimiento, que aportaron inmensas comodidades y prolongaron la expectativa de vida, pero depredaron el sistema Tierra por el monocultivo tecnológico y material y por la deshumanización de las relaciones entre las personas y los pueblos. Tampoco es suficiente explicar la situación como consecuencia del sueño de la prosperidad ilimitada, que fue predominantemente material y provocó un espantoso vacío existencial.
Ambas respuestas son válidas, pero dejan de lado una causa de fondo: la quiebra de la re-ligación del ser humano consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con el sentido trascendente de la vida, con el cual las religiones tienen una vinculación evidente.
Las religiones pueden permitir una superación del estado de cosas actual, en la línea de Hans Küng († 2021), que afirmaba “No hay paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No hay paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones. No hay diálogo entre las religiones sin normas globales éticas. No hay supervivencia de nuestro globo sin una ética global, sin una ética universal”.
Esta es la gran importancia de las religiones en la actualidad. No parece descabellado preguntar a los bolivianos al respecto.
Columnas de CARLOS DERPIC S.


















