Fútbol y política
La película Tercer tiempo, conocida también como El partido de la muerte, está referida a un hecho sucedido en 1942, cuando un equipo de fútbol de jugadores ucranianos se enfrentó a los invasores nazis que, como arios que se creían, se creían superiores. Concluido el partido con victoria de los ucranianos, se forzó un tercer tiempo, para que ganaran los nazis, bajo amenaza de fusilamiento (¡cuánta semejanza con los fallos amañados de jueces y fiscales serviles al masismo, que dan pie a la ufana afirmación de que “la justicia determinó que en 2019 hubo golpe” en Bolivia!). Los ucranianos no cedieron al chantaje, fueron dignos vencedores y perdieron sus vidas.
No fue ésta la primera vez que el fútbol se vio teñido por la política. En 1936, durante la olimpiada de 1936 celebrada en Berlín, Perú le ganó a la poderosa Austria 4-2. Como era inadmisible que los arios pierdan un partido con desconocidos latinoamericanos, entre los que había algunos jugadores afrodescendientes, sin razón alguna y en ausencia de la delegación peruana se anuló el partido, lo que motivó que Perú se retire de la olimpiada (eso se llama dignidad).
Tampoco éstos fueron los únicos hechos en los que el poder político utilizó el fútbol. Habría que recordar que, cuando era presidente de Bolivia, René Barrientos Ortuño trajo al entonces bicampeón de América, Independiente de Avellaneda, a jugar un partido de fútbol en el antiguo Hernando Siles, el 1 de mayo, Día del Trabajo, con la finalidad de que la marcha de la COB (gloriosa en aquellos años, no ensuciada como hoy por los serviles azules que la encabezan) tenga menos concurrencia. La entrada fue gratuita y se sorteó una casa entre los asistentes.
Siempre recordando lo que pasó en Bolivia, no se puede dejar de lado lo ocurrido en 1993, cuando la selección nacional clasificó al Mundial de Estados Unidos y movimientistas, miristas y sus aliados (todos repentinos futbolistas) acuñaron aquello de “Bolivia, país de ganadores”.
Un episodio triste fue el que sucedió en 1978, durante el Mundial realizado en Argentina. La dictadura encabezada por Videla decidió que ese torneo debía ganarlo el equipo local y montó todo un operativo para que así fuera. En 1976 creó el Ente Autárquico Mundial (EAM), que fue utilizado para el enriquecimiento de varios militares argentinos y sus compadres, y se constituyó en uno de los eslabones de aquella cadena que llevó a la conquista del Mundial a la selección blanquiceleste y que incluyó la vergonzosa victoria por 6-0 sobre Perú (¡qué diferencia con el Perú de 1936), eliminando así a Brasil que tenía muchas posibilidades de llegar a la final contra Holanda. No se olvide, a propósito de ello, la “visita” que el dictador argentino hizo al camarín peruano, acompañado de represores fuertemente armados, durante el partido con Argentina.
La penetración del narcotráfico al fútbol se puso en evidencia de manera dramática en Colombia, cuando en la década de los 80 llenó de dinero a equipos como América y Atlético Nacional, que conformaron poderosos planteles que disputaron y ganaron instancias finales de la Libertadores de América en varias oportunidades.
En este momento, el fútbol es nuevamente objeto de manipulación política y con dudoso financiamiento, con la organización de la Copa Evo 2022, con el apoyo de alcauciles que dirigen la Federación Boliviana de Fútbol y un conocido equipo nacional.
Es así, el fútbol (deporte que “hipnotiza” a millones de personas en el mundo entero) es utilizado políticamente, convirtiéndolo en el moderno “Opio del pueblo del siglo XXI”.
Columnas de CARLOS DERPIC S.



















