Amparo en su trinchera
“Voy a seguir hasta morir”, dijo Amparo Carvajal después del fallo judicial que rechazó su pedido para recuperar las oficinas de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (Apdhb), creada en 1979, de las que fue desalojada por los grupos de choque afines al Gobierno. Desde entonces decidió mantener su protesta en la calle a pesar del frío paceño, de su edad y de su salud quebrantada. La misma Amparo de las dictaduras en su trinchera irreductible. Una anciana enferma desafiando al poder. Qué imagen tan fuerte. Nos recuerda la mujer venezolana desarmada deteniendo un enorme vehículo de la Guardia Bolivariana durante las protestas en 2017, o los estudiantes chinos ante los tanques en la plaza de Tiananmén en 1989 antes de ser masacrados.
Uno de los testimonios de su aporte y el de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos es Relato de un pueblo, libro que todos los bolivianos debiéramos leer pues es un documento que nos aproxima a la verdad de los hechos sucedidos en Bolivia a fines de 2019. Su espíritu está expresado en el prólogo escrito por Alfonso Gumucio Dagrón:
“No importa en qué orilla de la ideología se coloquen quienes piensan de una u otra manera, pero el cauce del río que los separa no debe dividirlos en lo fundamental: el ejercicio de los deberes y derechos ciudadanos, el respeto y la honestidad con el otro, la verdad sobre los hechos y la consecuencia con las libertades”.
En tiempos de polarización en los que ya no se sabe qué es verdad y qué es mentira, pocos libros son tan importantes para la clarificación de los conflictos de octubre, noviembre y diciembre de 2019, como consecuencia de la década anterior para comprender qué fue lo que realmente pasó durante esa conflictiva etapa de la historia boliviana.
Con el poder de la palabra escrita que no permite que los hechos y las palabras se diluyan en la duda y el rumor, el libro registra la memoria de un pueblo. Su propósito es contar la verdad de los hechos del 2019. Clarificar qué fue lo que pasó y cómo pasó. No se trata de una versión más que seguramente el MAS y su órbita de seguidores dentro y fuera del país calificarán como “la versión de la derecha”. Así es como funciona la posverdad: creando historias paralelas para confundir y tergiversar.
Relato de un pueblo tiene credibilidad porque: primero, las autoras y autores son gente que no quiere justificar acciones para quedar limpios, porque no está ligada al poder de turno alguno. Son luchadores de décadas atrás que pasaron la vida trabajando por la causa de los derechos humanos desde la fundación de la Asamblea en tiempos de las dictaduras militares. Luchadores que no han claudicado de esa misión por respeto a posturas ideológicas que juzgan implacablemente a los que no comparten sus ideas por unos actos y justifican a los suyos por las mismas acciones.
Quienes hacen el relato de este libro buscan esos principios con los que nació la Asamblea Permanente de Derechos Humanos: “1) La responsabilidad primordial y el deber de promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales que incumbe al Estado, y 2) el reconocimiento del derecho y el deber de los individuos, los grupos y las instituciones de promover el respeto y el conocimiento de los derechos humanos y las libertades fundamentales”.
Segundo, la construcción del relato mismo. Se investiga en todas las fuentes posibles y se recuperan todas las historias para hallar en ellas la verdad. Están relatados los hechos desde las causas del conflicto de 2019, una década atrás, y luego, a partir del 20 de octubre día a día, hasta el 24 de noviembre de 2019 cuando Janine Áñez promulga junto a Eva Coca la ley para convocar a elecciones generales. Al final del libro, los testimonios genuinos son los que mejor hablan. Se buscan objetivamente evidencias, datos que el lector puede comprobar en la prensa, en las publicaciones de otros investigadores, en las imágenes y videos de la etapa registrada, en sus propios recuerdos. No se advierte intención de negar, callar y minimizar unos acontecimientos y magnificar otros, menos inventarlos.
El relato del poder, en cambio, respaldado por el aparato judicial y por instituciones antes respetables como la Defensoría del Pueblo, nos dice, desde que Arce Catacora subió al poder: no viviste lo que viviste, no escuchaste lo que escuchaste, no viste lo que tus ojos vieron porque yo quiero que creas este relato que es el de “los buenos”, el de los revolucionarios que fueron los de Evo, que hoy somos nosotros, porque “la historia la escriben los vencedores”.
Impresiona de modo particular el acápite del libro dentro de su tercera etapa que figura con el título de Resistencia civil y violencia organizada. Me parece volver a esos días de zozobra y esperanza. Cada ciudad experimentó de modo diferente la resistencia civil y la violencia organizada. El libro se refiere no sólo al accionar de los políticos, describe el movimiento de la gente en las calles, la acción de las organizaciones sociales, los problemas vividos por los comunicadores y periodistas, describe los hechos en las diferentes ciudades del país y nos permite completar la visión que tuvimos desde nuestro contexto, pues nos entrega una relación de hechos con fechas, nombres y circunstancias comprobables que nos lleva a un análisis más objetivo de esos días en los que tuvimos elementos aún confusos y fragmentados. Relato de un pueblo ratifica lo que vivimos, pero también nos da otros datos para comprender mejor ese momento y lo hace en las dos partes de su estructura externa y en las cinco etapas de su estructura interna.
Es fundamental la descripción de la resistencia civil y la violencia organizada, están los asaltos, las quemas de casas de unos y de otros, la confrontación y el terror que vivió la población, especialmente en La Paz, El Alto y en Cochabamba. Están descritos y documentados los trágicos capítulos de Sacaba y Senkata con sus muertos y heridos que la gente del MAS dice, con burla; que Amparo Carvajal olvidó “tal vez por su edad”. Pero también están los otros muertos y heridos, los que el MAS no quiere recordar, así como la corresponsabilidad en las muertes de quienes fueron movilizados por los instigadores, Evo el cercador de ciudades, fue el principal. Los lanzaron a la violencia como carne de cañón, pagados o tal vez obligados por sus dirigentes. La mentira y el miedo (“nos quitarán los bonos”) fueron algunos de los recursos para empujar a la gente al caos.
Quedan claras las evidencias del fraude electoral y del proceso de sucesión constitucional avalado por la gente del MAS. Queda también claro el rol de la ciudadanía en los acontecimientos de octubre y noviembre de 2019 movilizados espontáneamente por la indignación ante el fraude y la arbitrariedad que ya iba caldeando los ánimos desde hacía mucho tiempo, principalmente a causa del referéndum del 21F. Queda claro por qué Amparo Carvajal protesta por la condena a prisión de Janine Áñez.
En definitiva, Relato de un pueblo es un informe acerca de las diversas maneras en que se violaron los derechos humanos en esas durísimas jornadas a fines de 2019. Violaciones contra el voto popular y el Estado de derecho, contra la vida, la integridad física y psicológica de los bolivianos tanto desde los grupos irregulares organizados por el MAS como desde los efectivos policiales y militares. Contra el derecho a la paz, la salud, la educación y la libertad de expresión de nuestro pueblo.
Leer este libro permite entender la saña del poder contra Amparo Carvajal. Es terrible ir contra un relato armado para justificar ante la historia lo injustificable. Permite también valorarla una vez más por su integridad, comprender y admirar las razones de su decisión de “seguir hasta morir” si es necesario, en su trinchera de lucha por los derechos humanos.
La autora es escritora y actriz, miembro del PEN Bolivia Cochabamba
Columnas de MELITA DEL CARPIO SORIANO



















