Fuertes apetitos
Guatemala y Venezuela tienen algo en común. Ambos países nacieron a la vida independiente colindando con el imperio británico.
En condiciones de fragilidad, venezolanos y guatemaltecos tuvieron que aceptar la expansión del imperio de moda sobre el espacio que ambos habían heredado de la Corona española. El auge del Reino Unido coincidía con la división interna en América Latina. El más fuerte arrinconaba al más débil.
En el caso de Venezuela, la dilatación de la Guyana británica logró marcar frontera en 1899 mediante el llamado Laudo de París. El acuerdo, patrocinado por Estados Unidos, reservó para Venezuela la boca del Orinoco, pero la despojó del Esequibo.
En el caso de Guatemala, el avance se legalizó incluso antes, en 1859, cuando mediante un acuerdo binacional, Inglaterra consolidó el territorio de Belice o Honduras británica a cambio de la promesa de una carretera que vinculara Guatemala con el Atlántico (la vía no se construyó).
Hoy, Venezuela y Guatemala quieren hacer retroceder lo obrado durante el siglo XIX. En la Corte Internacional de Justicia de La Haya ambos países latinoamericanos desearían devorar tres cuartas partes del territorio de Guyana y más de la mitad del territorio de Belice, respectivamente. ¿Lo lograrán?
América Latina es la región del mundo que más ha usado los servicios de la Corte dependiente de Naciones Unidas. Le ha puesto en sus manos papas realmente calientes como el diferendo marítimo entre Chile y Perú o la disputa entre Nicaragua y Colombia por el archipiélago de San Andrés.
Columnas de LA H PARLANTE




















