Volar informado es volar tranquilo
Para muchas personas, volar sigue siendo motivo de nerviosismo. La turbulencia, el movimiento del avión o la idea de cruzar un océano generan temor, especialmente en quienes viajan por primera vez o retoman los vuelos después de mucho tiempo. Sin embargo, la aviación moderna opera bajo estrictos estándares de seguridad que convierten al avión en uno de los medios de transporte más seguros del mundo.
La turbulencia es, básicamente, un cambio repentino en el flujo del aire. Puede ser causada por corrientes irregulares, montañas, variaciones de temperatura o tormentas. Cuando una aeronave atraviesa estas zonas, la sensación puede ser inquietante para los pasajeros, pero el avión no pierde el control. Por el contrario, está diseñado para soportar fuerzas muy superiores a las que se presentan en condiciones normales de vuelo.
Los pilotos cuentan con información meteorológica constante y con entrenamiento especializado que les permite anticipar o minimizar los efectos de la turbulencia. En la gran mayoría de los casos, esta solo provoca incomodidad y no representa un riesgo real. De hecho, los aviones modernos pueden atravesar turbulencias severas sin sufrir daños estructurales. Sus alas están diseñadas para flexionarse sin romperse, por lo que, aunque el movimiento pueda asustar, no implica peligro.
Un factor poco conocido es el centro de gravedad del avión, que es el punto donde se concentra su peso y equilibrio. Si la aeronave se levantara desde ese punto, se mantendría estable, sin inclinarse hacia adelante ni hacia atrás.
Esto explica por qué no todos los pasajeros sienten la turbulencia de la misma manera. Quienes se sientan cerca del centro de gravedad, generalmente en la zona de las alas, perciben menos movimiento. En cambio, los pasajeros ubicados en la parte trasera suelen sentir sacudidas más intensas, ya que la distancia al centro de gravedad es mayor y el movimiento se amplifica. Esto no significa que el avión esté en riesgo, sino que la percepción varía según la ubicación dentro de la cabina.
Otro aspecto clave para la tranquilidad de los pasajeros es el compromiso absoluto de la tripulación con la seguridad. Al subir a un vuelo, el piloto siempre tiene como prioridad la protección del avión, la tripulación y los pasajeros. Jamás arriesgaría su propia vida ni la de quienes van a bordo. Cada decisión que se toma antes, durante y después del vuelo está basada en protocolos internacionales, entrenamiento constante y una estricta cultura de seguridad que rige a la aviación en todo el mundo.
Además, las aeronaves comerciales pasan por rigurosos programas de mantenimiento y revisiones técnicas periódicas. Cada sistema del avión es inspeccionado por equipos especializados antes de despegar, y cualquier anomalía, por mínima que sea, impide que el vuelo se realice. La tecnología actual permite detectar fallas con gran anticipación, lo que añade una capa adicional de seguridad al transporte aéreo.
Uno de los miedos más comunes aparece al volar sobre el océano. Existe la creencia de que, una vez que el avión deja tierra firme, no hay alternativas ante una emergencia. Sin embargo, en aviación siempre existen planes alternos. Los vuelos transoceánicos no siguen rutas al azar: están cuidadosamente planificados para que la aeronave siempre tenga aeropuertos disponibles a los cuales dirigirse en caso de necesidad.
Es importante recordar que el avión no solo es el medio de transporte más rápido, sino también el más seguro que existe en la actualidad.
Ojalá que esta información sirva para aclarar las dudas de quienes temen volar, considerando que aproximadamente el 65 % del transporte de larga distancia se realiza por vía aérea. Conocer cómo funciona la aviación permite a los pasajeros embarcarse con mayor confianza y serenidad.
Columnas de Constantino Klaric





















