Víctimas de los bloqueos
Un bloqueo por si solo no debería pasar de afectar únicamente a quienes se ven atrapados en las barricadas. Sin embargo, cuando los bloqueos se utilizan como un mecanismo de presión coordinado y sistemático se convierten en un cerco inhumano que priva de alimentos a miles de familias, que, sin tener una participación directa en los conflictos, se convierten en rehenes que pasan penurias.
De ahí que después de tres semanas, 18 días de bloqueo, el cerco total que soportan los habitantes de La Paz sea un verdadero atentado contra la vida. Los mercados están vacíos, no hay carne ni de res ni de pollo, no hay verduras, no hay huevos. La imagen de los puestos de venta completamente cerrados es la muestra de hasta dónde puede llegar la falta de empatía y sensibilidad de los bloqueadores más allá de legitimidad que tenga su demanda.
“No sabemos cómo vamos a alimentar a nuestra familia, tengo siete nietos y me duele que no podamos comprar nada, no tenemos qué comer en la ciudad de La Paz, estamos muriendo de hambre”, contó, acongojada una mujer que buscaba el domingo alimentos en el mercado Rodríguez, aunque sin éxito, porque no los encontró .
Con más desesperación, los transportistas atrapados en los bloqueos carreteros entre La Paz y Oruro contaron que deben tomar agua turbia del río Desaguadero, porque en la zona no hay agua potable ni alimentos. Los bloqueadores no les permiten ni siquiera llegar al pueblo más cercano para poder conseguir algunos alimentos.
Seguramente, hay quienes apoyan una ley antibloqueos que sancione a los promotores y ejecutores de la medida; pero, el problema va más allá que allá, es más profundo y tiene que ver con la construcción de una cultura de paz, que haga que un boliviano comprenda que no puede ser enemigo de otro boliviano. El respeto por la vida es lo más importante.
Quienes bloquean tienen razón cuando hacen uso de su derecho a la protesta, pero su medida no puede cortar el libre tránsito y menos afectar la subsistencia de otras personas.
Al respecto, el Estatuto de Roma no penaliza el bloqueo de carreteras o calles civiles a nivel interno de los países, pero tipifica como crimen de lesa humanidad el exterminio si el bloqueo de suministros, como alimentos y medicinas, se usa para causar la muerte de una parte de población civil.
El cerco que soporta La Paz es inhumano y también le duele al resto del país, porque por más justa que sea la demanda de los bloqueadores nada justifica poner en riesgo la vida de miles de personas.
Este drama no puede quedar en el olvido, sino que debe ser una llamada de atención para que las autoridades de todos los niveles trabajen en la construcción de una cultura de paz que evite que los ciudadanos se hagan daño entre sí y se encuentren otros mecanismos para la resolución de los conflictos en el país.
Ante el sufrimiento de la población es imperioso que las autoridades y los actores en conflicto busquen el diálogo y cedan en sus posiciones para pacificar el país y en particular a la sede de Gobierno.
















