¡Qué dolor de cabeza!
Ecuador ganó a Bolivia 2 -3 en condición de visitante y lo hizo porque la mejor capacidad individual de su juego colectivo marcó la diferencia con relación a la escuadra compatriota.
En contadas oportunidades, los bolivianos intentaron asociarse en la zona medular y fueron tan pocas que los delanteros Marcelo Martins y Víctor Abrego pasaron desapercibidos.
Los laterales Oscar Ribera (derecha) y Jorge Flores (izquierda) fueron impetuosos a la hora de subir, pero dejaron desprotegidas sus marcas. Sus acompañantes, Gabriel Valverde y Adrián Jusino, no trabajaron bien con los automatismos en lo referente a los relevos.
Juan Carlos Arce, pese a su voluntad, no tuvo un juego ordenado y peor todavía con Roberto Fernández, cuyo aporte quedo desvalorizado. En esa zona del medio sector, la más importante del juego, Leonel Justiniano tuvo mucho trabajo en la marca y Erwin Saavedra fue tal vez lo mejor en el primer tiempo.
Ecuador llegó muchas veces con aproximaciones al arco, pero la primera diana la obtuvo Bolivia en la única acción de juego asociado. Anotó Juan Carlos Arce luego de una buena combinación de Justiniano y Flores (37’ PT).
Todo se derrumbó en el segundo tiempo porque Ecuador logró empatar antes del minuto de juego por intermedio de Beder Caicedo, lo que produjo una sicosis colectiva en Bolivia que no encontró la brújula para enderezar su juego, independientemente del gol que anotó de cabeza Marcelo Martins para un transitorio empate a los 15' ST. Antes anotó para Ecuador Ángel Mena (10 ST).
Entonces, con el resultado empatado 2-2, los entrenadores buscaron las alternativas. Los cambios de Bolivia fueron un fracaso, porque ingresaron dormidos Henry Vaca, Moisés Villaroel y Gilbert Álvarez. Todo lo contrario ocurrió con Ecuador. El gol del triunfo lo anotó Carlos Gruezo (de penal) a los 43' ST.
Es difícil explicar una derrota cuando de por medio hay tantos problemas en el fútbol boliviano, no sólo en lo deportivo sino también en lo institucional. Tercera derrota consecutiva de Bolivia en la era del entrenador César Farías y es como para tomarse la cabeza con las manos. ¿Qué pasará después?, sólo Dios lo sabe.




















