Iván Gamboa, un árbitro duro de verdad
No le molesta ni un poquito, es más, confirma que lo es. Iván Gamboa Zizold dice que es completamente justificado el apodo que le pusieron por su forma de actuar dentro de un campo de juego: el “Duro”.
Anduvo por 23 años en las canchas de Bolivia y el exterior haciendo cumplir las reglas que rigen al fútbol, que en esencia son las mismas aquí y en la China, pero se retiró en diciembre de 2010 por la exigencia de la FIFA, de que la jubilación debe llegar a los 45 años.
“Dicen que fui un duro del arbitraje, eso es verdad, lo que ocurre es que para administrar justicia dentro de un campo de juego hay que enfrentar circunstancias difíciles e imponer autoridad para aplicar las reglas”, afirma Gamboa, en el cobijo de su hogar, en la zona de Colcapirhua, donde vive desde hace ocho años.
El juez FIFA que ostentó esa insignia durante 11 años, dice extrañar que ahora dentro de la nueva generación de jueces bolivianos, no exista uno de su genio, aunque no duda que hay buen material humano que garantiza la superación del nivel.
“Creo que la línea dura del arbitraje en el país se acabó en 2010”, sostiene Gamboa, al esbozar una sonrisa, en la que es posible adivinar algo de nostalgia por lo que ya no volverá.
Reflexiona que la mayoría de los jugadores de equipos bolivianos no acatan los cobros en aplicación de los reglamentos y reclaman, a veces de manera airada y excesiva al juez principal y los jueces de línea. A esto se suman los reclamos de los hinchas desde las tribunas.
“Los árbitros recibimos instrucción y formación con el fin de que los reclamos y las presiones internas y externas podamos conducirlas de manera positiva en beneficio del espectáculo y la aplicación de las reglas del fútbol”, explica.
VOCACIÓN
Como señala el colegiado cochabambino, nacido en el día cívico de La Paz, el 16 de julio de 1965, la dedicación al arbitraje es una decisión vocacional, pese a que se conoce de antemano, lo que le espera a quien ingresa al campo de juego para impartir justicia deportiva: rechiflas, insultos, agresión verbal y hasta física, pero pocas satisfacciones.
“Era un delantero en mi equipo de La Florida, cuando tuve una lesión tenía 22 años; mi hermano Juan Luis me habló de un curso para árbitros, participé, me gustó y decidí dedicarme el arbitraje”, recuerda.
A partir de ese momento comenzó a escribir su propia historia en el arbitraje boliviano.
En 1989 dirigía partidos en la Asociación de Fútbol de Cochabamba (AFC), hasta que en 1991 ascendió al fútbol profesional boliviano.
La década de 1990 fue en realidad cuando Gamboa labró su fama dentro del arbitraje, cobros de faltas sometidos a una rígida aplicación del reglamento y ante uno o más reclamos, una actitud inflexible, rostro imperturbable y…ni un paso atrás.
No fueron pocos los dirigentes y jugadores que observaron su actuación y las recusaciones llovieron ante el Comité de Árbitros para evitar que vuelva a ser designado en el siguiente compromiso de un determinado equipo.
Varios futbolistas lo acusaron de prepotencia en sus intervenciones dentro del campo de juego, y acotaron que abusaba de su autoridad para expulsar a alguno o emitir un informe lapidario.
“Es que los jugadores y dirigentes confunden la aplicación estricta del reglamento del fútbol con la prepotencia, muchos de los que me reclamaban no estaban convencidos de que sólo aplicamos el estatuto, no inventamos las reglas a nuestro capricho”, sostiene Gamboa.
Pero 23 años en el arbitraje quedaron atrás, tal vez muy rápido para el juez FIFA, peor muy lento para su familia, que esperaba con ansias la hora del retiro, para tenerlo más horas en casa, con sus hijos, en paz y tranquilidad, lejos de todo el bullicio de un domingo futbolero.
“Cuando me llegó la jubilación por los 45 años que fija la FIFA, toda mi familia se alegró, pero siempre queda la nostalgia por lo que uno hizo con mucha pasión, con mucho cariño”, afirma el juez cochabambino.






























