Los Tiempos y los emprendedores cochabambinos
La historia empresarial de Cochabamba no se escribió solamente con grandes fábricas o compañías de larga trayectoria. También nació en pequeños talleres, negocios familiares, emprendimientos de jóvenes y proyectos que encontraron en la creatividad una manera de abrirse camino.
A lo largo de las décadas, muchas empresas dejaron su huella en la economía cochabambina y Los Tiempos estuvo allí para registrar sus historias, sus dificultades, sus expansiones y también sus esfuerzos por sobrevivir.
Del negocio familiar
a la empresa
Un ejemplo es Canela Papelería, emprendimiento que nació en 2006 como Canela Design Papelería, impulsado por la diseñadora Daniela Barrenechea. Dos años después, una sociedad con Celso Ricaldez permitió fortalecer el negocio e invertir en maquinaria. Con apenas tres trabajadores, producía invitaciones, tarjetas, agendas, calendarios y otros artículos personalizados. Era una pequeña empresa, pero reflejaba una característica que se repetiría en muchos emprendimientos cochabambinos: comenzar con poco y crecer a partir del trabajo y la innovación.
También están empresas como Femco, fundada por la familia Artero y que en 2016 cumplía 50 años, con una oferta de más de 2.000 productos vinculados a los sectores eléctrico, industrial y de la construcción.
Panchita, que entonces celebraba tres décadas de actividad, había convertido su atención durante las 24 horas en parte de su identidad. Coronilla, por su lado, encontró un nicho en los alimentos orgánicos y libres de gluten, con una línea de 21 productos bajo la marca BioXXI.
Otros emprendimientos buscaron espacios en sectores diferentes. Honsa nació en Cochabamba como representante exclusivo de Honda; Romel Motors recuperó la presencia de Lada en el mercado cochabambino, mientras Cormaq abrió en la ciudad un taller exclusivo para vehículos pesados Scania. Los Tiempos registró estos procesos como parte del crecimiento de una ciudad que ampliaba su actividad comercial e industrial.
Una ciudad llena de
pequeños empresarios
La diversidad empresarial también quedó reflejada en la participación de Cochabamba en Expocruz 2009. El grupo estaba compuesto principalmente por pequeñas y medianas empresas (Pymes).
Acerlife, Camuss, Nutricer, Vive-Sano, Leclere, Deleite, Terremoto, Bolivia Quinua, Ceretar, Patuju, 4 Arroyos, Tecnofun, Metalín, Jamtor, Mio, Bels, Covidex y Aguatech, además de Industrias de Aceites Fino y J&J Industries.
Eran empresas de alimentos, metalmecánica, confitería y otros rubros que buscaban mercados y alianzas comerciales. El dato mostraba algo importante: el empresariado cochabambino no estaba compuesto únicamente por grandes compañías, sino por cientos de pequeñas y medianas iniciativas que intentaban abrirse espacio dentro y fuera del departamento.
Con los años aparecieron nuevas formas de emprender. En 2012, Los Tiempos contó, por ejemplo, la experiencia de Estefanía Nina Choque, quien comenzó con dos plantas de canela y llegó a producir unas 15.000 plantas al año. También registró el trabajo de Adolfo Mier, creador de Naturaleza, empresa que desarrolló infusiones de frutas con materia prima del Chapare y buscaba mercados internacionales.
La pandemia cambió las reglas
La pandemia de Covid-19 golpeó con fuerza al aparato productivo. En los primeros meses de 2020, la Federación de Entidades Empresariales de Cochabamba calculó pérdidas superiores a Bs 1.000 millones por la paralización de actividades. Ese mismo año, el registro de nuevas empresas en Cochabamba cayó 63 por ciento: de 2.963 en julio de 2019 a 1.039 en julio de 2020.
Pero la crisis también produjo otro fenómeno: una nueva ola de emprendimientos.
Un estudio publicado por Los Tiempos en 2022 estableció que siete de cada diez emprendimientos habían nacido durante la pandemia. De una muestra de 960 mujeres y jóvenes emprendedores de ocho municipios, el 75 por ciento tenía negocios de no más de tres años. El 61 por ciento había emprendido por necesidad o subsistencia y el 39 por ciento por oportunidad.
La pandemia obligó a reinventarse. Ferias presenciales se trasladaron al mundo virtual, aparecieron nuevas formas de comercialización y muchos negocios comenzaron a utilizar las redes sociales y las plataformas digitales como vitrinas.
En 2021, la Feria MiPyME reunió a unos 60 expositores de textiles, artesanías, cuero, metalmecánica, carpintería y otros sectores. Ese mismo año, la Feria Reactívate llegó a reunir 521 stands virtuales y 1.520 reuniones comerciales.
De sobrevivir a crecer
La recuperación fue desigual, pero numerosos emprendedores encontraron la manera de continuar. En 2022, por ejemplo, más de 13.000 microempresarios de Cochabamba recibían apoyo financiero de Ecofuturo. Entre ellos estaba Casta Alvarez, una chicharronería ubicada en la carretera hacia La Paz, que había crecido con financiamiento y generado nuevos empleos.
Ese proceso dio paso a una nueva generación empresarial, más vinculada a la innovación, la tecnología y la búsqueda de valor agregado. Empresas y emprendimientos surgidos en los últimos años muestran que la actividad económica cochabambina también está cambiando de rostro.
En 2026, por ejemplo, Maidabol inauguró en Santiváñez una planta de fertilizantes minerales bioactivados, con una capacidad de 54 toneladas diarias. El proyecto nació después de seis años de investigación y pruebas y utiliza materias primas minerales de Cochabamba.
Una historia que
todavía se escribe
Las empresas mencionadas son apenas una parte de las muchas que, a lo largo de las décadas, contribuyeron a construir el tejido productivo y comercial de Cochabamba.
Grandes, medianas y pequeñas empresas hicieron historia y continúan haciéndola, generando empleo, moviendo la economía y sosteniendo el espíritu emprendedor de la Llajta.
No todas llegaron a convertirse en grandes industrias ni todas tuvieron la misma trayectoria. Algunas desaparecieron, otras cambiaron de manos y muchas continúan en manos de sus familias. Pero cada una dejó una marca en la economía local y en la vida cotidiana de los cochabambinos.
En ese recorrido también estuvo Los Tiempos. Desde sus páginas, el diario registró durante décadas el nacimiento, crecimiento, expansión, crisis y transformación de las empresas cochabambinas.
Y esa tarea continúa: dando espacio a los grandes emprendimientos, pero también a la pequeña empresa, al productor, al comerciante y al emprendedor que empieza desde cero.
Porque contar la historia empresarial de Cochabamba también es contar la historia de quienes, con una máquina, un taller, una idea, un crédito o simplemente la decisión de empezar, ayudaron y ayudan a construir la economía de la Llajta.
Y en esa memoria, Los Tiempos no solamente dejó constancia de lo que ocurrió.
También acompañó a quienes apostaron por producir, invertir, crear empleo y hacer empresa en Cochabamba.
Esa relación entre periodismo y actividad empresarial forma parte, igualmente, de los 83 años de historia del diario.



























