El Museo del Prado retornó con nevada
Texto y fotos: Juan José Toro Montoya
Inculta como ninguna, la pandemia del coronavirus logró cerrar los museos de todo el mundo. Madrid no fue la excepción. Es más… algunos repositorios son tan sensibles que cerraron apenas comenzaron a caer los primeros copos de la histórica nevada de este enero que se termina. El Museo de América, cuyo horario común es de 09:30 a 15:00, fue de los primeros en cerrarse y hasta el último lunes no había reabierto sus puertas.
Pero en el Museo del Prado hay más vocación de servicio y había regresado el 19 de enero. Una de las exposiciones que ofrece tiene un nombre más que sugestivo, “Reencuentro”, pues el repositorio de la calle Ruiz de Alarcón volvió a mostrarse a la gente en junio del año pasado, después del confinamiento, y, para hacerlo, montó una exposición en la que ofrece algunas de sus más famosas obras maestras.
El catálogo para la muestra destaca 10, desde “El lavatorio”, de Jacopo Comin (Tintoretto), hasta “La maja desnuda”, de Francisco de Goya, pero hay más para ver… mucho más…
En las varias salas que están abiertas al público hay cuadros de El Greco, Tiziano, Rubens, Velázquez… la crema y nata de la pintura clásica europea, salpicada con el aderezo de las esculturas de mármol que son los adornos perennes del museo.
“Nevada milagrosa”
Abierta al público en junio del año pasado, la exposición “Reencuentro” no había previsto, ni remotamente, que iba a tener un “efecto Simpson”; es decir, que iba a presentar imágenes premonitorias, que se convertirían en reales después.
Entre los cuadros que se exponen están “El sueño del patricio Juan” y “El patricio revela su sueño al Papa”, dos cuadros enormes, de 230 centímetros de alto por 523 de ancho, que Bartolomé Esteban Murillo pintó para el templo de Santa María la Blanca, de Sevilla.
Los cuadros cuentan la fundación del templo romano de Santa María Maggiore, atribuida al sueño que tuvo un patricio de nombre Juan, cuyo apellido no recoge la historia, sobre una nevada caída en el monte Esquilino. Aparentemente, las nevadas no son comunes en esa parte de Europa, así que el fenómeno era considerado milagroso.
En el sueño, la Virgen María se aparece ante el patricio y le dice que se debe edificar un templo allí donde caiga una nevada. Juan y su esposa le cuentan el sueño al Papa Liberio, que había tenido un sueño similar.
La nevada cayó, en efecto, y fue la señal para construir el templo, no en España, sino en Italia, pero el cuadro de Murillo fue para el templo sevillano y los franceses se lo llevaron en su invasión. Fue devuelto a España en 1815, a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y de allí pasó a poder del Museo del Prado, fundado en 1819.
El fenómeno atmosférico fue calificado de “milagroso” y hoy en día le llamaríamos raro porque, como se repite hasta el cansancio en Madrid estos días, esta no es una ciudad en la que nieve y la nevada que cayó el 8 de enero llegó a por lo menos 40 centímetros, ocasionando el cierre de calles, restaurantes, museos y todo tipo de negocios.
Las majas vigiladas
Las dos majas de Goya también forman parte de “Reencuentro”, pero, aunque se las puede ver, está prohibido fotografiarlas. En realidad, las fotografías están prohibidas en toda la muestra, pero las que son presentadas con esta nota fueron tomadas con subrepción, casi clandestinamente.
Pero si fue posible fotografiar a “Las Meninas” de Velázquez, al Carlos V y Felipe II de Tiziano, “El juicio de Paris” y “Las tres gracias” de Rubens, no se pudo hacer lo mismo con estas majas, ni con la vestida, ni con la desnuda, pues ambas están juntas y cuidadas por un celoso vigilante que, cual feroz cancerbero, no les quita los ojos de encima.
El vigilante parece un agente de la policía franquista. Con terno y corbata, y el credencial colgando del cuello, pasea de izquierda a derecha asegurándose de que nadie, pero nadie, aprete el obturador para robarse las imágenes de Pepita Tudó que, con ropa o no, son más majas con el paso de los años.




























