Hannah y Lawrence
Hannah Arendt fue una autora e investigadora muy reconocida principalmente en los círculos filosóficos y académicos, su obra refleja los hechos que moldearon el siglo XX y el mapa sociopolítico que definió al mundo desde ese entonces.
Fue una persona extraordinaria que siguió, con disciplina académica, eventos trascendentales como los juicios posteriores a la Segunda Guerra mundial. Su legado es imprescindible para todo aquel que desea incursionar en el ámbito político o de investigación.
Thomas Edward Lawrence, más conocido como “Lawrence de Arabia”, fue un oficial del ejército de su Majestad allá por las primeras décadas del 1900. Además de militar, también fue arqueólogo, diplomático y escritor, un hombre muy carismático y con gran poder de convencimiento. Estas últimas cualidades le fueron muy útiles en su otra especialidad; fue un espía para Inglaterra.
Lawrence fue parte de las revueltas árabes contra el imperio otomano en el año 1915, durante la Primera Guerra mundial. Llegó a tener mucha influencia entre los movimientos rebeldes palestinos y por ende ser propicio para los intereses de la corona en ese entonces ¿Por qué? Porque ya durante el primer periodo del 1900 se vivía el fin de la era expansionista imperial: Inglés, francés y otomano entre otros, los cuales extendieron sus fronteras de forma desmesurada en todos los continentes, desde mediados del siglo XVIII. La carrera entre estos imperios se vio exacerbada por la revolución industrial y el lograr alguna la ventaja, implicaba también que lleguen a fomentar las revoluciones en los territorios en disputa.
Arendt reconoce en Lawrence a un individuo que representaba el sentimiento de hastío en la generación que precedió a la Gran Guerra, una generación que ya estaba cansada de la pompa y el aburrimiento que significaba la vida civilizada en ese entonces. Por ende ellos se vuelcan a encontrar su suerte en tierras lejanas; ya sea en las dunas del desierto o en la agobiante humedad de las selvas del África o la asiática. Lawrence se convierte en el arquetipo de estos aventureros que buscan libertad, pero que no pueden dejar atrás a la madre patria y siguen trabajando en favorecer sus intereses expansionistas. Ésa es la gran diferencia entre estos “caballeros del imperio” y quienes sí cortaron todo lazo con Europa una vez llegaron a tierras lejanas. Es más, negaron la civilización y entablaron una forma de vida totalmente libre de todo control u orden prestablecido, incluso llegando a entrar en conflicto con el viejo continente.
Lawrence no fue tonto, estaba consciente que él era un engranaje más en la gran maquinaria en la cual se convirtió Europa. Sin embargo albergaba la esperanza de convencer a sus superiores de la importancia de estas revueltas independentistas, lo cual no le fue fructífero y tristemente falleció apreciando el último vestigio de libertad que pudo tener al retornar de tierras lejanas; el vértigo de la velocidad en una motocicleta.




















