“Nish tuwiyu yee, mujer no te apagues”
La Fundación Samma, con el respaldo de Unicef, produjo el videoclip “Mujer no te apagues”, “Nish tuwiyu yee”, en idioma yurakaré, con el designio de denunciar la violencia hacia las mujeres indígenas en sus regiones hereditarias, como también reflexionar sobre la situación en la que viven en la actualidad.
La directora de la Fundación Samma, Mayra Iveth Ponce Vargas, explicó que debido a las condiciones geográficas del país, los insuficientes recursos económicos y las grandes distancias que separan a los indígenas de los municipios y ciudades capitales, las víctimas de violencia no tienen la posibilidad de denunciar en la Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (Felcv), tampoco en los Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM), menos en las Defensorías.
“Esto quiere decir que la violencia queda invisibilizada en las comunidades ancestrales, a pesar de la existencia de la justicia comunitaria/ancestral y la ordinaria”, señaló.
Según Ponce, las estadísticas sobre los tipos de violencia más recurrentes que toleran las mujeres nativas y la cantidad de afectadas son casi nulas en el país, pese a que el 42% de la población es indígena.
Es más, señaló que, de acuerdo con el Foro Internacional de Mujeres Indígenas de América Latina (FMI), la agresión más frecuente que soportan las mujeres nativas en sus territorios es la física, el promedio es del 51%. Le siguen muy de cerca el ataque sexual, con 34%, y con cifras menores la violencia laboral, educativa, psicológica y la que está relacionada con la atención de embarazos en los centros de salud,
“Las mujeres indígenas que pertenecen a tierras bajas señalan que, además de la violencia física y sexual que hay en las comunidades, hombres y mujeres se enfrentan a otros tipos de agresiones, que tienen que ver con el territorio y los intentos fallidos de negociación, en donde una cultura hegemónica se impone sobre otra subalterna, que descalifica, discrimina, desvaloriza, degrada y afecta a los indígenas”, comentó.
Naciones indígenas
Ponce recordó que a partir de los años 90 las mujeres indígenas empezaron a ganar protagonismo, gracias a la conformación de organizaciones contra la violencia.
“El caso específico de Bolivia, las diferencias culturales, la división campo-ciudad, principalmente, han generado segmentaciones y el debilitamiento en esta lucha. Por ello, en la actualidad no existe ninguna instancia que se dedique de manera exclusiva a la atención de casos de violencia en pueblos indígenas, originarios, campesinos y afrobolivianos, dentro y fuera de sus territorios de origen”, subrayó. Dijo que “es tarea del Estado, en el marco de las leyes nacionales y los convenios internacionales, garantizar la atención y protección diferenciada para esta población”.
Trópico de Cochabamba
Asimismo, advirtió que en los últimos años el trópico de Cochabamba se ha convertido en un espacio de encuentros, resistencias, negociaciones y oportunidades para algunos; sin embargo, la situación de los yukis, yurakarés, mojeños trinitarios, chimanes y otros pueblos no ha mejorado.
Indicó que los territorios indígenas en el trópico cochabambino están marcados por el machismo y un patriarcado tradicional, donde el hombre manda y la mujer está obligada a obedecer.
¿Por qué un videoclip?
Ponce dijo que, por lo general, la cultura de los pueblos amazónicos está encuadrada en la alegría, la música y el canto. Por ello, en el marco del Proyecto Movilización y Empoderamiento de Adolescentes en Temas de Prevención de Embarazos no Deseados, Violencia, VIH/SIDA en Comunidades Indígenas en Cochabamba”, ejecutado por la Fundación Samma y financiado de Unicef, se reflexionó en torno a la violencia que sufren las mujeres indígenas a través de diferentes acciones, una de ellas es el videoclip. En este se visibiliza a la mujeres indígenas, abuelos, niños, sabios, madres, adolescentes, de tal forma que se pueda comprender que el tema de la violencia hacia la mujer hay que trabajar de manera integral y entre todos en la comunidad.
En ese contexto, señaló que la intérprete de la canción, Gardenia Moruno, cumple un rol protagónico en el videoclip, porque el mensaje que quieren transmitir es que la intercultaridad es posible cuando hay respeto y equidad.





























