Del Coco su novela
Joco y yo nos conocemos desde hace más años de los que podemos acordarnos, puesto que ambos vivíamos en la calle 6 de Obrajes, solo que él en la parte superior, y yo más cerca del río Choqueyapu que no era tan desagradable como ahora.
Antes de abordar su novela Katarina (2023), que salió ayer del horno de Plural con ese aroma de pan fresco que tienen los libros recién publicados, voy a mencionar dos cosas sobre Coco. Me asombra que a pesar de haber vivido varias décadas fuera de Bolivia y de haber utilizado cotidianamente el inglés como lengua de trabajo, no ha perdido su acento paceño. Lo ha conservado con naturalidad, como si fuera de Churubamba y no de Obrajes.
También me seduce su versatilidad. Viene de una formación científica y, si mal no recuerdo (o si bien invento), su tesis de doctorado era sobre el estómago del insecto que transmite la leishmaniasis. Es decir: la super especialización de un entomólogo. Sin embargo, es también un artista, que descubre dentro de troncos de madera el drama de migrantes que en frágiles barcas desafían el oleaje de la desesperación, en busca de la tierra prometida que no existe. Y ahora nos sorprende publicando su primera novela: transita de la ciencia a la plástica y a la literatura, tan sencillo como trasladarse de Obrajes a Churubamba.
Hice el recorrido de las 278 páginas estimulado por el relato derivado de una rigurosa investigación de personajes, lugares y hechos, una forma de trabajar que es la de Vargas Llosa en sus novelas históricas. El esmero en los detalles nos hace sentir en intimidad.
Sin ánimo de “espoilear” (como dicen ahora los jóvenes), con fines de contexto diré que esta es la historia una bella joven húngara a quien le toca vivir en Budapest los bombardeos y la persecución del final de la Segunda Guerra Mundial, que para ella y para tantos otros connacionales o judíos no es sino el principio de un largo periplo de incertidumbre.
El relato no se queda en Europa, ya que no tendría tanto interés para nosotros. La protagonista transita desde esa Europa sometida por la guerra que nunca termina de acabar, a Argentina, la gran puerta de entrada a América del Sur para tantos europeos, incluidos los nazis en fuga, y luego a Bolivia, una de esas elecciones que hace el destino.
Ahora bien, una rigurosa investigación no garantiza necesariamente una buena obra literaria, porque puede saturar al lector con datos que no ayudan a enriquecer a los personajes. Por ello, la habilidad del narrador está en exprimir la esencia, prescindiendo del exceso de referencias que podrían servir para un ensayo o una biografía, pero no para una novela.
Toda historia puede ser narrada de diversas maneras, y allí es donde importa la pericia del narrador. Los argumentos de Romeo y Julieta (el amor a pesar de todo) y de Hamlet (el poder a pesar de todo), no eran nuevos, pero tuvo que llegar Shakespeare para crear obras que los hicieron trascender más allá de Verona o de Dinamarca. Cada autor pone su sello en las historias que son patrimonio común, y a otras, como esta, que tiene el mérito adicional del descubrimiento.
Las peripecias de Katarina y de quienes la acompañan a través de fronteras que parecen arenas movedizas, es fascinante porque la pequeña historia individual, la de millones en esa misma situación, se entreteje con la Historia con mayúscula.
Una novela con fotos y mapas que parecen herencia de los personajes hace más fascinante el relato que se descifra en la tenue orilla que separa el testimonio de la ficción, es decir, por un lado, lo vivido, y por otro, la verdad literaria, que debe contener en sí misma todos los elementos para involucrar al lector. Por eso, no era necesario aclarar que los mapas son del autor o que las fotos han sido intervenidas. En realidad, ya son propiedad de los personajes, como los recortes de periódico en algunos libros de Cortázar.
El viaje de Katarina “hacia un mejor destino” es un viaje donde la esperanza se aleja al mismo tiempo que el horizonte. A medida que avanza por el Danubio se producen hechos que alteran el curso de las aguas de esta historia, y por eso atrapa. Y si no fuera por los títulos de los capítulos (que son spoilers), no sabríamos qué va a suceder en la siguiente etapa. El ritmo del relato, meticuloso y detallado al principio, se acelera a medida que avanza la obra y los días pasan más rápido. La narración se hace más intensa y nos involucra como cómplices, tanto cuando narra Katarina, como cuando lo hace el autor de la novela, demiurgo que tiene la ventaja de ver la foto completa desde su posición privilegiada.
Todo autor se inspira al escribir, pero también se inspiran sus lectores. La imaginación de cada uno es diferente, y la palabra “barco” puede significar algo muy distinto en el imaginario de quien escribe y de quien lee. Es la magia de la literatura: otorga libertad al lector para recrear su propio universo.
La novela me ha hecho pensar en la importancia de los mapas en la vida de las personas. Cuando digo “mapas”, digo fronteras, frágiles e inseguras, no siempre demarcadas por los cauces de los ríos o el perfil de las montañas, sino por caprichos geopolíticos que se plasman en líneas rectas y ángulos improbables. Las fronteras se mueven y los países cambian de nombre, de modo que uno puede nacer en un país que se convierte en otro, y muchos se quedan sin patria y sin identidad porque así se decidió en algún lugar donde se asienta el poderío político y militar.
Los migrantes pertenecen a una categoría global de la que no somos plenamente conscientes a menos que hayamos vivido de cerca la experiencia, algo que Coco y yo tenemos en común en nuestra trayectoria internacional. En los campos de refugiados y en los rostros de angustia de los expulsados por las guerras uno aprende mucho, pero se necesita empatía para transmitirlo.
Lean esta obra como si estuvieran en la búsqueda del tesoro, dejándose sorprender por las pistas que va sembrando el autor. El escenario de los hechos es atrayente, y la historia de los personajes no lo es menos, porque nos obliga a salir de nuestra zona de confort para involucrarnos en el drama de sociedades fragmentadas, alquimia de orígenes étnicos, idiomas, religiones, opciones ideológicas y políticas. La convivencia se torna de pronto en desconfianza, recelo y traición. Es inevitable reflexionar sobre el absurdo de las fronteras, del provincialismo y de la xenofobia, que siguen separando a la humanidad.
La novela transcurre en dos desplazamientos simultáneos: un viaje a través de los mapas y fronteras, y otro viaje en los vericuetos de la memoria, donde la infancia y la familia escudan a los personajes como refugios de paz.
Me he esforzado en referirme al contenido de la primera novela de Coco Velasco sin explicar el argumento, para que cada quien lo descubra, pero no resisto la tentación de sugerir que sigan las pistas de “la tina de Espartaco”, “el olor andrógeno de las trufas”, los mensajes secretos escritos con leche cruda, los tanques de madera ingleses, la revista Billiken, la invención de la birome o la desaparición de los despertadores.


























