Día del árbol
El día del árbol se instituye en Suecia en 1840 como primer país en el mundo, en Bolivia marca el calendario para el 1° de octubre un día de poca importancia cuando debería ser para todos “la fiesta del árbol”.
Hago alusión a las palabras del poeta y escritor Man Césped que fue un defensor de los árboles y dice : “ los árboles son frescos bálsamos en la fiebre de los yermos, son el alivio de los campos desolados, son el lazo florido entre el hombre y la fortaleza de la vida, sin ellos no existiría ni criatura ni belleza ni pan”; es una verdad para reflexionar sobre lo que se está destruyendo la madre naturaleza. En nuestra ciudad de Cochabamba, donde se admiraba las hermosas campiñas arboladas, hoy en su lugar se construyen edificios y se elevan como cajones de cemento convirtiéndose en ruidosos tentáculos de hormigón y asfalto, sólo para colocarnos en el rango de una ciudad moderna. Lamentablemente existen también los que destruyen hectáreas de hectáreas de bosques deforestando todo a su paso para mercantilizarlas y abrir carreteras, así es como se destruye la madre tierra que tanto se pregona.
La lucha contra la deforestación llega a ser una amenaza permanente. Se está destruyendo el pulmón de la humanidad, con los voraces incendios que se propagan quemándose miles y miles de árboles y me pregunto: ¿cuántos años tardarán en crecer nuevamente? Este fenómeno se produce cada vez en el “Parque Tunari”; por un descuido o la maldad de la mano del hombre. Este delito se debe castigar con la cárcel; estamos destruyendo el único pulmón de los cochabambinos. Mientras unos destruyen, en otros países como China o Rusia, los campesinos están plantando cientos de árboles para evitar desastres en los años venideros. Si los árboles hablaran, éste sería su mensaje: “hermano hombre antes de herirme a muerte planta tres o más árboles para los hombres del mañana”.
Los árboles son obreros dignos en sus misteriosos laboratorios trabajan incansablemente con el aire y con los rayos del sol fabrican el oxígeno que nos da la vida y nos alimentan con las frutas deliciosas; nos dan todo madera, aceite, cacao, carbón y muchas otras maravillas que recibimos, los árboles también hacen poesía hacen hogar y país.
Cochabamba se engalana en esta primavera. Como ninguna otra ciudad se viste de verde de los jacarandás con sus flores liliáceas, los ceibos con sus flores color carmín, entre muchos los árboles que adornan este valle como el molle, álamos, eucaliptos, sauces llorones, pinos y muchos más para nombrar.
Ésta es la razón para proteger y cuidar, empezar a inculcar en las escuelas, colegios y programar una vez al año de plantar muchos arbolitos en nuestras aceras, en los parques, arborizar la subida al Cristo de la Concordia. Sólo así podremos recuperar la belleza y el verdor de esta tierra, educar a nuestra niñez y hablarles lo que significa esta fortaleza inagotable que sin ellos no hay vida. Nos toca agradecer por estos regalos que viene del creador en sus conmensurables santuarios de bosques, selvas, huertos, está la presencia de Dios, ahí se siente la grandeza de la benéfica naturaleza; cuidemos para dejar a las nuevas generaciones un planeta verde; ¡Cuidemos hoy y no mañana, que ya será tarde!
La autora es ciudadana cochabambina.

















