Las tareas inmediatas de un Estado eficiente
Bolivia tiene en el presidente Rodrigo Paz Pereira la oportunidad única de salir del ciclo repetitivo de sustentar esperanzas desmedidas en la exportación de materias primas.
El haberlo hecho en sucesivos gobiernos populistas ha traído una dependencia preocupante de los precios internacionales de materias primas con todo lo que eso supone de restrictivo para un despegue económico sostenido.
Hoy el panorama económico trae esperanzas. Sin embargo, los ajustes serán duros y necesarios. Se cuenta con profesionales capaces y probos que están en los espacios decisionales para reconducir la economía, las relaciones internacionales, la planificación estatal y las políticas sociales.
Pero hay dos tareas que deberían ser la prioridad: la austeridad gubernamental y el buen juicio en la decisión de designar las nuevas autoridades en los diferentes cargos del gobierno central.
Por supuesto que es preciso desplegar una gestión pública donde los actuales funcionarios no acrediten relaciones de dependencia en cargo de responsabilidad media o alta con el anterior Gobierno. Esta medida es indispensable pues si no se la ejecuta con rigor, es muy fácil que se dé el sabotaje a la nueva administración desde las mismas instituciones gubernamentales.
En la administración pública de un Estado que quiere mostrar un rostro nuevo se precisan ciudadanos que tengan la convicción de que servir y construir van de la mano. Necesitamos ciudadanos que se consagren al servicio público eficiente y que cuiden los fondos públicos con la seriedad y responsabilidad que demanda una administración del Estado que tiene que reinventarse y generar nuevas fuentes sostenibles de ingreso.
Hasta ahora, se observa un gabinete competente en el área económica y decisiones consistentes con la voluntad del presidente de reconducir el país hacía un posicionamiento distinto al de los pasados 20 años en el escenario regional.
La inserción de Bolivia en los bloques regionales no deja de ser importante. El aislamiento ideológico de dos décadas ha restringido la presencia regional del país y lo ha marginado de una integración que trae consigo crecimiento económico, desarrollo, armonización de normas y mecanismos de seguridad comunes incluso en fronteras.
En Bolivia se necesitan plantear perspectivas de integración que asignen el papel protagónico a las políticas industriales, comerciales y tecnológicas. El rezago regional y boliviano en particular, podría superarse impulsando una estructura productiva especializada en sectores de uso intensivo de tecnología.
Esto sin desconocer que los desempeños económicos de la región vislumbran el entrecruzamiento de la tecnología, la economía y el contexto institucional de los países.
La autora es docente titular de la UMSA
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