“Yo soy mi primer amor”
Hace pocos días, en nuestra ciudad se ha llevado a cabo el primer taller “Yo soy mi primer Amor”. Se trata, como ya es bien sabido, de un programa dirigido a niñas de 10 a 16 años que, en palabras de sus conductoras, “pretende enseñarles a quererse a sí mismas, a conocer y a ejercer sus derechos; a identificar y rechazar todo tipo de violencia, pero también a diseñar un proyecto, un plan de vida que se basa en el descubrimiento de sus propios talentos y potencialidades”. Para ello, desarrollan una serie de actividades con la ayuda de especialistas y voluntarios.
El inicio de las actividades de este programa en Cochabamba es parte de un proceso de avance y perfeccionamiento que no es nuevo. En efecto, ya han pasado más de dos años desde que “Yo soy mi primer Amor” comenzó a dar sus primeros pasos, aunque es recién desde hace sólo algo más de un par de meses que el programa ha adquirido especial notoriedad en las principales ciudades de nuestro país.
Ése, que podría parecer un simple detalle, es un primer indicio de que lo que hay tras esa iniciativa es algo más que un efímero gesto de voluntarismo o un alarde de demagogia proselitista, como con muy mala fe algunas voces han pretendido descalificarlo.
Ha habido, como era de esperar, muchas críticas a los reales alcances y efectividad de este programa. Sin embargo, lo cierto es que ante retos tan grandes no caben las mezquindades pues, así como las causas del mal son múltiples y muy diversas, las fórmulas para afrontarlo no pueden tener menor amplitud. Es de desear por eso, que la campaña siga cosechando éxitos.

















