Brasil sumido en la incertidumbre y la recesión
Cada vez son menos los que dudan de si el presidente brasileño Michel Temer conseguirá terminar el período de mandato que le corresponde. En una última encuesta de la organización Datafhola se constata que un 63 por ciento de los encuestados expresa su deseo de que el presidente renuncie antes de fin de año, a fin de que se convoque a nuevas elecciones. Según lo dispone la Constitución brasileña, si los cargos de Presidente y Vicepresidente quedan vacantes antes del mandato en curso --que para el caso sería el 31 de diciembre-- debe llamarse a nuevos comicios directos. Si ambos cargos quedan vacantes en la segunda mitad del mandato, corresponde al Congreso designar un nuevo presidente.
La baja aceptación de la que goza Temer se refleja en otros sondeos. Uno de la misma organización Datafhola, publicado hace dos días, da como resultado que un 51 por ciento de los encuestados considera que la gestión del presidente es “mala” o “muy mala”. En julio pasado un 31 por ciento tenía esta misma opinión. Un 34 por ciento considera que el Gobierno es “regular”.
A su baja popularidad, el exvicepresidente de Roussef, suma la fragilidad de su Gobierno. Por una parte, el actual presidente del senado, Renán Calheiros, alto dirigente del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al cual pertenece Temer, ha sido privado, por el Tribunal Supremo Federal, de su derecho a suceder a éste en caso de retiro por algún motivo. Por otro lado, existen claras señales de que el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), del expresidente Fernando Henrique Cardoso y del actual ministro de Relaciones Exteriores José Serra, brinda un apoyo débil y fuertemente condicionado a Temer. Como precio a su apoyo, ha conseguido, en los últimos días, que el presidente confirme a uno de sus militantes, Antonio Imbassahy, en el puesto de Secretario de Gobierno.
Los malos momentos por los que discurre el Gobierno de José Temer se hacen más evidentes con motivo de las recientes declaraciones de Claudio Melho Filho, exejecutivo de la empresa Oderbrecth, uno de los responsables de esta corporación que han firmado acuerdos individuales de cooperación con los fiscales y jueces que llevan adelante las investigaciones la corrupción en Petrobras. Según declaró Melho a la fiscalía federal, su empresa entregó alrededor de 3 millones de dólares a Temer, con destino a financiar la campaña de su “delfín”, Paulo Skaf, presidente de la Federación de Industrias de Sao Paulo.
En este ambiente, el presidente sigue empeñado en conseguir que el congreso adopte una disposición de nivel constitucional destinada a fijar un “techo” para el gasto público a lo largo de los próximos 20 años. De acuerdo con otra pesquisa de Datafhola, el 60 por ciento de los encuestados se opone a la adopción de esta enmienda constitucional. Sólo el 24 por ciento apoya la idea. Para el 51 y el 47 por ciento, la norma perjudicaría a la salud, a la educación y al transporte público. Vale decir, que si la propuesta gubernamental se aprueba dará lugar a una enmienda constitucional impopular.
Es probable que la baja popularidad del Gobierno de Temer se deba no sólo a que auspicia una medida como la anterior que, como se ve, goza de muy poca aceptación entre los ciudadanos. También puede provenir de que el mismo Gobierno parece haber respaldado, por lo menos con el silencio, una iniciativa surgida en la Cámara de Diputados para dictar una ley con severas sanciones para los fiscales y los jueces que “abusen” de su poder. Esta norma ha sido interpretada como un disuasor para fiscales y jueces que investigan actos de corrupción en la función pública.
Por último, no menos efecto en la incertidumbre política y en la suerte del Gobierno de Michel Temer tiene, sin duda, la situación en la que se encuentra la economía brasileña. Con base en el dato del 0,8 por ciento de caída del PIB en el tercer trimestre de este año, se estima que la recesión, hasta diciembre, llegará a -3,6 por ciento y no -3,4 por ciento como se supuso hace un mes atrás. En opinión de Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs citado por The Financial Times, la “recesión/depresión económica actual ha durado un período extraordinariamente largo de tiempo”. La respuesta del Banco Central a esta coyuntura ha sido la reducción al 13,75 por ciento de la tasa de interés de referencia que maneja la institución. La respuesta del Gobierno, a su vez, la próxima tramitación de un proyecto de ley de estímulos a la producción que, se supone, ayudarán a la reactivación económica.
Como se ve, el pueblo brasileño y, por supuesto, su Gobierno y sus líderes están sumidos en la incertidumbre política y en la recesión económica. Es difícil pronosticar, en este momento, cuándo y cómo conseguirán salir de la encrucijada. No hay que olvidar que a estos factores se añade el peculiar ambiente creado por las investigaciones sobre actos de corrupción en los que están envueltos varios y destacados líderes políticos. Una de sus consecuencias más dañinas para el sistema político es la pérdida de confianza en las instituciones y el descontento popular.
El autor es docente universitario.
Columnas de ALBERTO ZELADA CASTEDO




















