El Parque Tunari y las inundaciones
“Si quieres controlar el río, tienes que controlar a la montaña” decían los chinos. Nuestros antecesores lo entendieron mucho mejor que nosotros
Un tema recurrente en las páginas de Los Tiempos --y no recientemente sino desde hace ya muchos años-- es el relativo a la urgente necesidad de preservar el Parque Nacional Tunari (PNT) porque no hacerlo significa condenarnos a nosotros mismos, pero sobre todo a las futuras generaciones, a grandes calamidades ambientales. La llegada de la temporada anual de inundaciones, cuando todavía no han terminado de disiparse los daños causados por la sequía, nos obliga a insistir en el asunto.
Lamentablemente, como todos los años, durante el que concluye tampoco han valido de nada las advertencias que sobre la directa relación entre los desastres ambientales y la manera sistemática como estamos destruyendo nuestros bosques y la cobertura vegetal que protege a nuestras montañas.
Es oportuno recordar al respecto que la directa relación entre la pérdida de cobertura vegetal de las montañas y la furia de las aguas ya era muy conocida en tiempos muy remotos y por todas las culturas. Los chinos, por ejemplo, sintetizaron tal conocimiento en un antiquísimo proverbio que dice: “Si quieres controlar el río, tienes que controlar a la montaña”.
A esa misma conclusión llegaron hace más de 50 años los estudiosos de la geografía e hidrografía nacionales, quienes anticiparon la posibilidad de que se produjeran inundaciones como las que todos los años lamentamos.
En lo que a Cochabamba corresponde, en los años 60, se llegó a la misma conclusión. Por eso, con una lucidez que hoy tanto se hace extrañar, las autoridades nacionales, departamentales y municipales de aquella época decidieron dirigir sus esfuerzos a la forestación y el cuidado de la vegetación nativa de la cordillera del Tunari, donde nacen las 68 torrenteras que año tras año inundaban nuestra ciudad y los valles aledaños. Para eso crearon el Parque Nacional Tunari.
La explicación de lo que ahora ocurre es muy simple. Es que es tan grande el caudal de agua que baja de las alturas cordilleranas que al no haber vegetación que la absorba, y peor aún, al ser ésta sustituida por urbanizaciones, calles y avenidas que impermeabilizan la tierra, nada evita que el agua baje con gran fuerza ocasionando erosión hídrica y arrastrando a su paso grandes volúmenes de tierra y piedras. Así, se obstruyen los canales, se desbordan las aguas y por elemental cumplimiento de las leyes de la hidrodinámica se producen anualmente, tanto en años de sequía como en los de fuertes lluvias, con sólo ligeras variaciones de intensidad, las consabidas inundaciones.
Tan elemental comprensión de la naturaleza fue lo que motivó a las autoridades departamentales de décadas pasadas a crear y cuidar el PNT. Sabían que sólo los árboles podían contener las aguas y actuaron en consecuencia.
Paradójicamente, más de medio siglo después de la creación del PNT, Cochabamba, sus autoridades ediles y departamentales, y su población en general parecen haber perdido la consciencia de lo que eso significa. Así, mientras año tras año se oyen los mismos quejidos lastimeros, se redoblan los ataques contra los bosques del Tunari ante la mirada complaciente de unos, indiferente de otros e indignada de los menos.


















