El valor simbólico de lo que fue un arbolito
Hace tres años, durante los primeros días de abril de 2016, un operativo de la Intendencia Municipal que consistió en arrancar de raíz un arbolito en la avenida San Martín para ampliar el espacio para los vendedores callejeros, fue un detonante que hizo explotar en nuestra ciudad una muy vigorosa reacción de la ciudadanía. Fue tanta la indignación y tan masiva la reacción de protesta a través de las redes sociales, que la Alcaldía vio obligada a dar marcha atrás y reponer el arbolito erradicado, atreviéndose incluso a desobedecer lo dispuesto por la poderosa organización que aglutina a los comerciantes.
Visto aisladamente, el hecho en su momento pareció poco relevante, pues un árbol más o menos, o un metro más o menos de acera conquistada por los vendedores podía haber sido visto como algo insignificante frente a la sistemática deforestación urbana y al incontenible avance de comerciantes sobre calles, avenidas, plazas y plazuelas de nuestra ciudad.
Sin embargo, y precisamente por la gran magnitud que ambos males han alcanzado en Cochabamba, el caso del arbolito de la San Martín adquirió un extraordinario valor simbólico. Es que el arbolito fue asumido como un emblema representativo de una doble causa: la defensa de los árboles urbanos y contra la privatización de las áreas públicas. Es como si en el punto donde fue arrancado y replantado después el árbol de la discordia se hubiera trazado una línea divisoria.
Es bueno recordar esa experiencia pues la historia del arbolito de la San Martín sentó las bases de un radical cambio de actitud de la ciudadanía y de sus autoridades algo que, ojalá, se pudiera replicar con otros motivos.
Ahora, tres años después, resulta oportuno hacer una evaluación del curso que tomó la historia del arbolito de la San Martín. Bastaría ir a ver si ese arbolito ya es todo un árbol hecho y derecho o si su lugar ha sido conquistado por sus principales enemigos, los comerciantes minoristas.
Los hechos, en este como en muchos otros casos, dicen más que las palabras. Es que lo que al final decide el resultado de la pugna es la Alcaldía Municipal. Y ocurre que el gobierno edil, lo que incluye al Concejo Municipal, más allá de los cambios formales, no ha dejado de actuar sometido a los designios de las organizaciones de representan a los comerciantes. Es tan grande el poder económico y político que ha acumulado este sector, como los transportistas, que ante él se han doblegado todos los gobiernos municipales de los últimos 25 años.

















