Adela zamudio: Una mujer singular
Texto: Adriana Zenteno Hopp (*)
En un rincón olvidado de la zona de personas ilustres en el Cementerio General de Cochabamba, se puede visitar una tumba, que aunque pequeña y sencilla, yace erguida y serena bajo la sombra de un molle y el silbido de los cipreses que la rodean. A los pies de esta cruz color palo de rosa hay un epitafio que dice así: Vuelvo a morar en ignorada estrella / libre ya del suplicio de la vida, / Allá os espero; hasta seguir mi huella / Lloradme ausente pero no perdida. Firma Soledad. Aquí está enterrada Adela Zamudio, maestra, escritora y poeta laureada cochabambina. Zamudio es, sin duda, una de las figuras más importantes de la literatura boliviana, pero más allá de admirar sus habilidades como escritora, es fundamental entender su importancia como personaje histórico y como individuo; es decir, como una mujer emprendedora y capaz, que pluma en mano, supo abrirse campo en un mundo dirigido por hombres. Sin embargo, hoy son pocos los que pueden jactarse de un conocimiento profundo sobre esta mujer excepcional. De hecho, la tumba de la poeta puede servir como una alegoría a cerca del desarrollo que ha tenido la imagen de Adela Zamudio en la mente colectiva de los bolivianos desde su muerte. Aunque recordada por sus descendientes, su memoria desaparece poco a poco hacia el olvido: el 11 de octubre, que debería ser una fecha recordada por toda mujer boliviana al ser el aniversario del nacimiento de la poeta, ahora no es más que un eco perdido, pues sólo se lo recuerda en actos oficiales.
La siguiente reflexión es un intento de resistir a este olvido. Para poder entender a Adela Zamudio, es necesario conocer a más detalle los principales eventos de su vida, y en especial, aquella etapa en que tuvo que enfrentarse contra la institución más poderosa y conservadora de la épocala Iglesia Católica. Zamudio criticó duramente la hipocresía ejercida por esta institución, y afirmó que la enseñanza católica no es la única fuente correcta de instrucción moral. Asimismo, el enfrentamiento entre Adela Zamudio y la Iglesia se puede presenciar claramente en la correspondencia entre la poetisa y el padre Pierini, cura italiano que se autonombró defensor de la fe ante las acusaciones de Zamudio. Así, al examinar esta correspondencia, no sólo podremos apreciar la claridad, destreza y apasionada belleza de la pluma de Adela, sino que nos dará luces acerca de la personalidad de la poetisa. En otras palabras, no sólo comprenderemos el valor de Zamudio como escritora, sino también como individuo y como mujer.
Las últimas décadas del siglo XIX en Bolivia fueron muy turbulentasademás de los frecuentes golpes de estado, el país tuvo que enfrentar la guerra del Pacifico (1879-1883) y la guerra Federal (1898-1899). Durante este periodo se fundó el periódico cochabambino El Heraldo (1877), que habría de publicar muchas de las obras de la poetisa. Ahí fue que con sus primeros poemas publicados, Zamudio se hizo conocer como Soledad. Más tarde, en 1887, se publicaría en Buenos Aires su primer libro de poesías: Ensayos Poéticos (Guzmán).
Una vez entrado el siglo XX, se seguían sintiendo en todo el país las tensiones que habían dado lugar a la guerra Federal. Este conflicto estaba estrechamente relacionado a la pugna entre conservadores y liberales que ya se había esparcido por casi toda Latinoamérica. El tema religioso reflejaba, entre otras cosas, este conflicto, y era una tema que interesaba a Zamudio porque involucraba directamente tanto a su obra pedagógica como su lucha por los derechos de la mujer. El nudo de la polémica en el cual se involucró doña Adela fue la educación laica, pero detrás de esta controversia había todo un sistema de instituciones y hábitos que se basaban en principios radicalmente contrapuestos; por un lado estaba la Iglesiarepresentando al conservadorismoy por el otro, los valores liberales. Desde la época colonial, la Iglesia y el Estado se habían ido separando más y más, y la educación era un elemento que podría impedir o contribuir a este proceso. Ciertamente, Cochabamba era el escenario de la explosión del conflicto religioso cuando Zamudio publicó en el año 1913 su poema ¿Quo Vadis?. Este poema critica duramente el poder de la Iglesia y acierta que ningún problema enfrentado por la humanidad antes de la llegada de Jesucristo ha sido remediado (Antezana et al.). Como se ha señalado en La ausencia de Adela Zamudio, este poema no tiene como objetivo proponer principios nuevos, sino lamentar la traición histórica que han sufrido los principios fundamentales del cristianismo. Ya que el poema se refiere a uno de los temas mas sensibles de la polémica, no es difícil imaginar que causó un revuelo en la sociedad cochabambina. De hecho, si bien la obra pedagógica y literaria de Zamudio ya era conocida más allá de un ámbito meramente local antes del año 1913, este fue el año, como bien dice Antezana et al., en el cual la magnitud y el peso intelectual de la palabra de doña Adela fue realmente revelada. Se trata también del año de la polémica con el padre Pierini, futuro obispo de Cochabamba y después Arzobispo de la Plata. Este fue un debate que capturó la atención del país entero y en la que participaron varios intelectuales de la época. Sin embargo, es interesante notar que las más extremas defensoras del estatus quo durante este debate fueron mujeres. Según Antezana et al., vemos que esta polémica tuvo las siguientes etapas: En 1913 la Liga de Señoras Católicas Bolivianas solicitó al Congreso que se restablezca la educación religiosa en la educación fiscal. Para dar apoyo a esta petición, el padre Pierini organizó una función infantil con un selecto grupo de niños y niñas católicos, y así logró recaudar fondos para la escuela que él había fundado como alternativa católica a la Escuela dirigida por doña Adela. Diez días después de la función, doña Adela publicó en El Heraldo un artículo (Reflexiones) en el cual analizó y criticó la falta de moral implícita en la función puesta en escena. El padre Pierini respondió a la publicación de Zamudio por medio de un artículo en el Ferrocarril que hacía referencia a una carta anónima muy crítica a la posición clerical y que él atribuyó equivocadamente a Zamudio. Aquí se despertó la polémica nacional. Sin embargo, doña Adela no se dejó silenciar, y con el puño firme y resuelto de su pluma respondió a Pierini a través de su tajante Carta Abierta que analizaremos a continuación.
Aunque sea difícil determinar cuáles son los párrafos más singulares de la Carta Abierta de doña Adela, hay algunos que son muy ilustrativos de la personalidad de la escritora y de su posición crítica ante la Iglesia. Asimismo, esta carta es un ejemplo singular de la maestría de Zamudio en cuanto al uso de la palabra. En el documento no falta ni sobra ni una sola sílaba; el mensaje es transmitido al lector de la manera más clara que se puede imaginar. Sin embargo, lo que más sorprende al leerla, es la intensidad y el impacto de las palabras escogidas. Ciertamente, el estilo de escritura que da forma a esta cartaun estilo franco, seguro de sí mismo, decidido y claronos dice mucho de la personalidad de la autora. Un elemento singular de esta correspondencia es que nos permite escuchar la voz de Zamudio de forma directa y no a través de una voz poética o de narrador.
Es importante recalcar que a un principio Zamudio contestó las repetidas acusaciones de Pierini con un silencio orgulloso y que sólo reaccionó cuando la acidez de las palabras del cura ya eran demasiado insultantes. Según doña Adela, de otra manera ella hubiese actuado de una forma que no era digna de una señora. En su carta, Zamudio empieza por aseverar, sin ningún escrúpulo, la legitimidad de la carta anónima y así vuelca el sentido de la crítica de Pierini: ya que se empeña Ud. en adjudicarme la responsabilidad de esta correspondencia, le declaro, sin inconveniente, que la hallo totalmente verídica. Así doña Adela logra demostrar que al contrario de la persona que escribió la carta anónima, ella no tiene miedo de expresar abiertamente sus opiniones. Más adelante, se puede leer en las palabras de Zamudio una crítica más explícita hacia la Iglesia. Por ejemplo, Zamudio revela las intrigas malintencionadas del padre Pierini para hacer que el debate entre ambos se convierta en un conflicto mucho más amplio y que involucre a muchas más personas. La autora concluye su párrafo rotundamente: porque Ud. padre Pierini, perdone que se lo diga, ha errado su vocación. Ud. no ha nacido para el claustro sino para la tribuna, para el meeting, para el comicio popular, para la lucha impetuosa y tenaz. En suma, Zamudio describe al Padre Pierini como lo contrario de lo que profesa la Iglesia; en vez de humildad, el padre representa el cotilleo hipócrita. Más adelante Zamudio también menciona que ella respeta al sacerdote que sabe serlo, pero ya que Pierini gozó del apoyo total de parte de la Iglesia durante toda la polémica y luego llegó a tener cargos muy importantes, esta crítica también está dirigida a la institución, pues ésta sólo supo defender a los suyos y a sus propias conveniencias.
A este párrafo le siguen las siguientes líneas: Castigando mi atrevimiento de criticar la exhibición infantil de septiembre, me atribuyó Ud., vil envidia de persona inferior indigna de aproximarse a encopetadas matronas; eso padre Pierini, me hizo sonreír ¿Cómo podía ofenderme semejante ofensa?. Aquí, Zamudio demuestra nuevamente su carácter orgulloso, utilizando la ironía y una actitud desafiante para hacerle frente a su contrincante. Nuestra escritora no sólo parece reír ante las supuestas ofensas del padre Pierini, sino que reafirma su posición al declarar que al contrario de la moral católica en la cual el padre Pierini insiste tanto, ella profesa la moral humana: Si esa es la moral católica, que usted tanto encomia, yo no la profeso ni la enseñaré jamás a mis alumnas. Yo profeso la moral humana, la inmutable, la que aquilata la virtud donde se encuentre, humilde y desconocida, y condena el error sea quien fuere el potentado que ha caído en él. Así, Zamudio surge como una figura que da ejemplo de moralidad, pues demuestra ser fiel a sus principios. Además, doña Adela también da pruebas de su valentía, pues en su carta queda claro que ella está dispuesta, si fuese necesario, a enfrentarse a la sociedad entera para defender sus creencias.
El debate con el padre Pierini no sólo permitió que la palabra de doña Adela se difunda a lo largo de todo el territorio nacional, sino que también logró que se reconozca aún más el mérito intelectual de la escritora.
Dedicaremos las siguientes líneas al epitafio de nuestra escritora, el cual transcribiremos nuevamente antes de comentarlo un poco: Vuelvo a morar en ignorada estrella / libre ya del suplicio de la vida, / Allá os espero; hasta seguir mi huella / Lloradme ausente pero no perdida. Recordemos que, tanto por la época en que vivió como las características de su obra, Zamudio perteneció al movimiento literario y cultural del Romanticismo. De hecho, como ya se comentó en La ausencia de Adela Zamudio, el último verso del epitafio refleja un tema nítidamente romántico: como en muchas obras pertenecientes a este movimiento, lo ausente excluye lo perdido o lo irrecuperable. El ausentismo supone una forma de permanencia; cuando algo crea en nosotros una verdadera impresión y luego deja de estar presente, a su manera seguirá ahí siempre y no se habrá perdido definitivamente. De forma similar, uno suele suponer que el tiempo siempre avanza hacia adelante y que el pasado es algo irrecuperable y que ya está perdido. Si vemos las cosas así, resulta fácil creer que aunque Zamudio y su literatura se abrieron espacio a principios de siglo, son ya cosa del pasado, y que no tienen relevancia en el mundo de hoy. Sin embargo, esta impresión no podría ser más errada, pues la literatura es eterna y aunque es verdad que Zamudio vivió en otros tiempos, su valentía, su convicción moral y su inteligencia la hacen una mujer ejemplar que puede servir como inspiración a las mujeres de hoy. Como joven boliviana me angustia no haber conocido más de la vida de este gran personaje antes de que mi propia curiosidad me llevase a emprender esta búsqueda. En una Bolivia en que muchos jóvenes se alejan cada vez más de sus raíces, negándose a reconocer su origen y desprestigiando a la gente y al país donde han nacido, es ahora más que nunca el momento preciso para intentar recuperar toda nuestra riqueza literaria, como también lo es el recordar los hechos y personajes históricos que han demostrado una increíble valentía a pesar de la debilidad y la derrota, sufrida por el país en algunos momentos de su historia. Desafortunadamente, Adela Zamudio no es, sin embargo, una figura literaria popular, en el sentido de que los niños y jóvenes no la conocen y no se identifican con ella. El daño que nos hacemos a nosotros mismos al no transmitirles esas virtudes y fortalezas es imperdonable, pues ¿Cómo podremos salir adelante si nuestras generaciones futuras no creen en ellos mismos ni en el país que los engendró? Como tantos otros personajes excepcionales de nuestra historia, Adela Zamudio vivió de una manera contraria a la de su tiempo; fue una mujer singular cuyo recuerdo, aunque mitigado, ha llegado hasta nuestros días. Por eso, depende de todos nosotros y especialmente de las mujeresque la llama de su fortaleza, su integridad y su valentía siga viva en la memoria colectiva de todos los bolivianos.
"Culta e inteligente, paloma esbelta, de cutis blanco y suave, carnosa oca y erizada cabellera, ojos de verde claro, serenos y atentos, calandria de hermosísima melancolía pero siempre inconforme"
(Ateneo Femenino de Bolivia)
(*) La autora es estudiante de Grinnell College, Iowa
Literatura Hispanoamericana
OBRAS CITADAS
- Antezana, Luis H. y Ayllon, Virginia. La Ausencia de Adela Zamudio. Nuevo Milenio Editorial, UMSS,
- Revolver Publicidad, n.d. CD. 10 Jun. 2015.
- Guzman, Augusto. Adela Zamudio Biografía de una Mujer Ilustre. La Paz: Juventud, 1955. Print.























