¡Piedra negra sobre una piedra blanca!

Columna
BITÁCORA DEL BÚHO
Publicado el 31/10/2019

Qué desdichado y triste debe ser cumplir 60 años sin que nadie te dé un abrazo sincero y honesto o, cuando menos, saluden con cierta honra tu integridad y tu dignidad. Qué miserable se ha de sentir ese ser humano cuando en medio de su infame vida ya no existe otro camino que abrazarse a los oscuros demonios de la desvergüenza, de la deshonra y de la desgracia.

Toda gran causa comienza como un movimiento, se convierte en un negocio y termina siendo un fraude.

Así comenzó todo y así terminaron tus 14 años de gobierno.

Hace días, llegaste a los 60 años, no sé si de vida, quizá de un paulatino deterioro personal, ético, moral y de integridad: solo, abatido y con un rictus de miseria que hasta el final de tus días en el poder denotará un profundo vacío. 

El egocentrismo, la soberbia y la codicia de poder te convirtieron en un ciudadano con un final fácil de predecir: fatídico, autoritario y sediento de venganza.

Entre victorias pírricas, escándalos y corrupción, por fin tocaste fondo. Y era lógico pensar que frente a la verdad, al rechazo de tu gobierno de una gran mayoría de los bolivianos, solo te quedaba hacer ejercicio del poder cobarde de facto y la consabida, cómo no, retórica del amedrentamiento y la amenaza. Pero tu gran afán, a lo largo de tus 14 años como “jefazo”, era dividir a los bolivianos para reinar a perpetuidad. ¡No lo conseguiste! La primera lección de democracia y unión te la dimos el 21-F de 2016. La segunda y la más determinante fue el pasado 20-O. Dos instancias democráticas, fidedignas y taxativas que te duelen en el centro de tu ego, en tu carácter de presidente vitalicio declarado por ti y tus elites de poder.

No aceptas que la alternancia en el y del poder sea el todo de un modo de vida y de una organización social. Es el eje central de una democracia saludable. Desde luego que eso no te inquieta ni en lo más mínimo. Te cebaste a la idea de ser un jefe vitalicio en un país distópico en el que todo y todos debían estar bajo tu mando. Te sedujo la idea de ser un tótem y un tabú: glorificado e intocable. Un personaje endiosado al que se debía venerar y rendir pleitesía. Desde tu lógica, tú no tenías ciudadanos que gobernar, ni país que administrar, sino vasallos que reprender y mandar e instituciones que gerentar.

Hoy, a dos semanas de tu derrota, los bolivianos que reivindican la democracia y la alternancia te han demostrado que están más unidos que nunca. Que tus propósitos por escamotear esa homogeneidad de convicciones y de deseos de libertad se hicieron añicos. Los que te siguen son una minoría que todavía están atados de alguna forma a tus mandatos.

¡Bolivia está más Bolivia que nunca!

El pueblo se cansó y tiene sed de libertad y de futuro. Los que se te resisten ya no son los adultos de hace 14 años, a los que seguramente conociste o trataste de convencer con tus experimentadas formas de bloquear o de obstruir las libertades y tu estrategia de obedecer más a la acción que a la razón. Se hicieron viejos como tú. Actualmente, esos ciudadanos solo pueden protestar desde su silla de reposo, viéndote por televisión cómo se produjo tu metamorfosis inexplicable y cómo llegaste a ser lo que eres. 

Ahora son otros personajes, tienen distintos rostros, otras tallas, otras visiones, otros sueños. No los conoces, sin duda, sus semblantes estaban disipados entre sus aspiraciones y sus ansias por alcanzar distintas metas. Son los jóvenes que no conocieron a otro gobernante que tú.

¡Tienen agallas y tienen huevos!

Son los que están resistiendo a tu llamado de cerco a la ciudad. A los que ponen el pecho para impedir que les jodas su futuro y sus aspiraciones. 

Los disparos de la represión y el asalto de la delincuencia encargada los torean con el pecho abierto, arriesgando sus vidas, ensangrentado sus rostros.

Es que es su futuro el que se está jugando. Es su seguro de vida. Así como lo fue el de nuestra generación la lucha contra la dictadura militar que tuvimos que encarar con sangre y muerte. Salimos vivos de ella y juramos defender la consigna del nunca más para Bolivia.

Con tu discurso sesgado, dices que ganaste en primera vuelta. Yo digo que, entre líneas, subyace la voz del exdictador nicaragüense, Anastasio Somoza García: “Quizá me ganaste en las elecciones, pero yo gané en el conteo de votos”.

Ni por notas ni por plata. Esos jóvenes, a los que ya tuviste el agrado de conocerlos el pasado martes, principalmente en Cochabamba, marchan y protestan para que justamente nunca más les gobierne presidentes como tú. Con esa verborrea discursiva que ofende y avergüenza. Irrespeta a sus ciudadanos y deja al desnudo una administración pobre y mediocre.

Esos jóvenes tienen otro temple. Aborrecen la demagogia y les enerva lo primitivo. Son pragmáticos, ágiles y no conservan el pasado como un lastre. Se reinventan día a día.

¿Jamás te dio la gana de conocerlos, no? O, en el fondo, ya sabías de su talante y les temías. Sabías que en ellos estaba el peligro para que hoy enfrenten tu gobierno infame con tanta convicción y patriotismo.

Bolivia está más unida que nunca en un solo haz de voluntades, de oriente a occidente. A los bolivianos que marchan y asisten a los cabildos nadie los convoca, nadie los amaestra, nadie les paga. Su lucha es espontánea y tienen causas comunes e indestructibles: batallan por una democracia participativa, en contra del engaño y del fraude, en pos de una libertad que no se rifa ni se oferta. Esos son sus méritos. Por eso es un levantamiento claro y legítimo, un reclamo de sus derechos coartados y segados desde hace 14 años.

También dices que ahora se bloquea con “pititas” y “llantitas”. Claro, para tu manual del perfecto bloqueador y por tu brillante análisis, deduzco que este ejercicio debe incluir una constante conspiración, subversión y un atentado a la vida de los demás: dinamitazos, explosiones, barricadas mortales, muertos, heridos y demás desgracias. Esos sí son bloqueos endiablados, con apología del delito incluida.

Esas “pititas” que van de extremo a extremo, marcan el límite entre tu gobierno nefasto y la dignidad de la gente combativa y demócrata. Del lado de los que creen en la democracia, está la cordura y la lucha digna por un ideal colectivo y una bandera nacional. Del lado tuyo, está la opacidad y la represión, obedece a un capataz y a una bandera política de color azul electrizante.

¿Ahora comprendes la gran resistencia que tienen esas “pititas”?

Lo que ocurrió el pasado martes 29 de octubre en Cochabamba, quedará en nuestra memoria histórica como el día en que se consumó un salto a la ciudad y un atentado criminal a sus habitantes. Al peor estilo de las emboscadas criminales, los cochabambinos sufrimos un atropello a nuestra integridad. Las hordas masistas actuaron con el único recurso que tienen los cobardes cuando están derrotados: atacar por la espalda y huir: quemaron, saquearon, asaltaron viviendas, hirieron de muerte a sus iguales y se replegaron, jadeantes, como las bestias, a sus cuevas. A esto hemos llegado, mejor, a esto haz hecho que lleguen los que se corrompieron y se degradaron como humanidad. A enfrentarnos entre bolivianos, todo por preservar tu pretendido trono, por conservar tu poder y tu silla de barro.

Esta ciudad histórica y heroica no se rinde ni se hinca ante el tirano. Renace, crece, se sacude y vuelve a la lucha. Ahora ya no está en discusión la disputada segunda vuelta. Debes irte con el rabo entre las piernas, como el peor gobierno que tuvo Bolivia. Sin embargo y pese al oscuro horizonte, aún parafraseamos la poesía de Víctor Heredia: (…)“Todavía cantamos, todavía pedimos. Todavía soñamos, todavía esperamos. Que nos digan a donde han escondido las flores que aromaron las calles persiguiendo un destino. Donde, donde se han ido”(…).

Y así, entre gallos y media noche, llegaste al final del túnel, al pozo onettiano, o la náusea sartreana. A la nada, al vacío. A ese irónico retorno de lo idéntico en donde el pasado oscuro de la bota negra se vuelve a tensar sus cordones para pretender pisar la democracia y dejar las huellas del Tirano Banderas, de la Fiesta del Chivo y de las hojas caídas de El otoño del patriarca. Decir que el pasado 20 de octubre hubo elecciones en Bolivia es un eufemismo, en realidad fue un plebiscito, al estilo chileno, para que la ‘dictadura perfecta’ siga o se vaya. Ganó el NO, por segunda vez y ahora lo defenderemos a capa y espada.

 

El autor es comunicador social

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