Lo que todo poderoso debe saber
La gran señora de la realeza beniana, con sombrero de ala ancha, embutida en un regio traje rosado, exhibiendo joyas, y un reloj Cartier hablaba en la plaza Murillo asegurando que se había recuperado la democracia. Hubo gritos, chillidos, histeria, como aplausos y una cobertura masiva de prensa. Bolivia estaba sodomizada bajo el influjo de una historia bien contada que como siempre es impuesta por el vencedor, y no así por el vencido. Como camellos sedientos, tomaron el poder y comenzó la supuesta recuperación de la democracia, que consistió en descollar la gran leyenda de Ali Babá y los 40 ladrones, porque todos ingresaron con maestría internacional a vaciar las arcas estatales, con el pretexto de la pandemia, auspiciados por el silencio cómplice de muchos medios de comunicación y periodistas que, si se hubiera tratado del anterior Gobierno hubieran iniciado un escrache estrepitoso.
Pero como se trataba de los que “recuperaron la democracia, de una supuesta dictadura” optaron por ser periodistas casquivanos, que no estaban para dar rienda suelta a su verborrea, por temas casposos, que equivalían a corrupción en cuatro ministerios en menos de tres meses del inmaculado Gobierno de la presidente Jeanine Áñez.
Con la inteligencia de un mosquito, y el coraje de una gallina, el gran ministro de Gobierno, Arturo Murillo, mandó a reprimir a toda la gente masista, y ramas afines, usando las FFAA y llamando “salvajes” a todos los que tenían la osadía de reclamar al gobierno medidas efectivas para combatir la pandemia y la recesión económica. Las calles de Bolivia parecían un teatro en decadencia, polvoriento, un aeropuerto afantasmado, sin pasajeros, sin free shop.
Mientras tanto la cleptocracia de Áñez surcaba los cielos, en aviones del estado, mirando desde arriba el caos de vida ahí abajo; y en algunos casos hasta con acompañantes incluidas; pero el cherry de la torta fue la compra de respiradores completamente inútiles con evidente sobreprecio. Ese fue el fin de una aventura política en la que pecaron muchos, que ahora se hacen a los del otro viernes.
Hoy, el Gobierno del MAS, tiene la obligación de hacer justicia, a todas las víctimas de los luctuosos hechos acaecidos durante el Gobierno de Añez; pero de ninguna manera a través de un revanchismo político que está sepultando la seguridad jurídica del Estado boliviano.
Señores políticos es necesario que entiendan que algún día bajarán de su esfera de poder, usando las mismas escaleras que los vieron subir. Bajen con dignidad, no pisen a nadie al subir, y en su descenso levanten a algunos que por intentar saltarse un escalón cayeron dos. Después de lo ocurrido entre 2019 y 2020, está claro que ya no importa cuando bajas, sino como aterrizas.
El autor es escritor y periodista
Columnas de FREDDY RIVAS OROZCO

















