¿El pecado de Eva?
Y de pronto, el Jefazo dijo: “podéis comer los frutos de los árboles que por mi poder fueron creados, esos que brindan sumisión y os nutren de silencio.
Esas exquisiteces blindadas por mi ley y por mi palabra jamás serán censuradas ni cuestionadas.
Multiplicad mi doctrina por millones. No escatiméis esfuerzos por adorar a quien os ha iluminado por años y a quien os condujo por el camino del éxito. Os repito, todos los árboles de mi paraíso están permitidos, excepto algunos; los de la justicia, los de la transparencia, los de la libertad y, sobre todo, los del disenso y los de libre pensamiento. Si osarais comer de estos árboles, os juro por Belcebú que caerá sobre vosotros todo el peso de mi poder y de mis leyes. Desgraciaré vuestras vidas, os perseguiré y aniquilaré hasta en vuestros sueños y si no tuvieseis sueños, haré que mis juristas los inventen, y si descubren que ya están muertos, yo mismo los desenterraré y volveré a aniquilarlos”.
Pero Eva, que era una díscola y de agallas, osó tomar los frutos de los árboles prohibidos y tuvo la desfachatez de repartirlos entre sus seguidores. Eva, sin inmutarse, llevó los frutos hasta su boca y de ella brotaron verdades, luces, esperanza, valentía, convicción y libertad. Entonces vio que esos árboles eran buenos para comer, y que no solo eran agradables para los ojos, sino también reveladores para la razón. Entonces, predicó sus efectos y venció.
De pronto, se llenó de convicciones y de fuerza. Cayó en la cuenta de que siempre habían sido engañados por la serpiente, digo, por el Jefazo. Los árboles codiciables se convirtieron en quiebre, en ruptura, pero, sobre todo, en democracia. Se transformaron en muchas verdades. Eva, había cometido ¿el peor de los pecados? Desvelar las miserias del dueño, amo y señor, no del paraíso, como él predicaba (esa también fue una revelación nueva para Eva), sino del mismísimo averno. Contradijo sus órdenes y su mandato.
El Jefazo, encolerizado, murmuró. Su rostro lúgubre se desfiguró y sufrió un proceso de cambio hacia lo más tétrico y endiablado.
Masculló su ira, como mascullan los dioses de barro, los falsos enviados, los endiosados por la adulación y la adoración en altares podridos de demagogia, cuando sus órdenes son rebatidas: “Ella tuvo la osadía de contradecir mi ley, la capacidad de mostrar el fuego que ilumina. Ha llegado a desvelar la verdad de nuestras mentiras. Tiene conocimiento de lo que es el bien y el mal. Mi poder está amenazado”.
El Jefazo, desató toda su ira sobre Eva, para entonces ya había sido expulsada del averno y el paraíso apenas la esperaba: abundante y fértil para ser mostrado a su entorno.
¿Pecado? ¡No! La revelación de Eva. En defensa de sus convicciones y libertad para elegir. El averno tiene su centro esencial en la idea monolítica. Hay que enfrentarse con los revestidos de cera.
Hay que quebrar el bastón de mando. Es necesario bajar el dedo acusador de la imposición. Así, como en la Guerra del fuego, hay que elevar la llama hasta lo más alto para que ilumine a todos. Quien tiene la flama, tiene el camino abierto.
¿Qué es ejercer el poder?, le preguntó un entrevistador a Foucault. Él respondió: “Creo que las relaciones, el modelo del poder, no deben comprenderse como un sistema opresivo que viene de lo alto y se abate sobre los individuos, prohibiéndoles decir esto o aquello. Creo que el poder es un conjunto de relaciones. ¿Qué es ejercer el poder? Por cierto, no es tomar este grabador y tirarlo al suelo. Tengo la posibilidad de hacerlo: tengo la posibilidad material de hacerlo, la posibilidad física, la posibilidad deportiva. Si lo hiciera, no ejercería un poder. Pero en cambio, si tomo el grabador y lo arrojo al suelo para causarle un fastidio a usted, o para que usted no pueda repetir lo que yo dije, o para presionarlo y conseguir que se comporte de tal o cual manera, o para intimidarlo (es decir, cuando trato de actuar sobre su conducta por medio de una serie de recursos), ejerzo un poder. Eso equivale a decir que el poder es una relación entre dos personas”.
¡Eva, te aseguro que sin jefazos ni tiranos, hay paraíso!
Las convicciones y la libertad son los escudos para la relación de poder que busca el mandamás con el dominado. Este, incita, induce, manipula, desvía, ordena y ejecuta. Todo esto siempre se lleva a cabo sobre personas libres o, cuando menos, individuos dispuestos a contravenir la lengua envenenada del poderoso que domina por la fuerza de la coerción y la imposición.
El riesgo que corren los sumisos y los sojuzgados por el mandamás es que, cuando dejen de obedecerle, tendrán que ser acusados de traidores y desleales. Su ubicua y mediocre visión no les permite tener un enfoque diferente, ni mirar más allá de su dedo chueco y acusador. Alaban los reflejos condicionados de Pávlov: estímulo-respuesta. Obediencia-premiación. Alabanza recompensa. El error mayúsculo de los endiosados es tener la plena convicción de que el poder siempre es represivo y que se tiene que emplear con rigor y constantemente, entonces es cuando los dominados se acostumbran a obedecer como una muestra de que el Jefazo es su torturador, su amo, pero también es el que les recompensa con mucho o con poco, por sus buenas acciones y su excelente comportamiento. Entonces se establece una relación tormentosa de dominador y dominados. El infierno del Jefazo es su cuartel general y, sus reprimidos, pasan a ser su ejército de sátrapas que reprime a otros. Es una escala social, una categorización que no tiene fin. Es lineal, de facto, por encargo y altamente contagioso.
Eva atacada, señalada y juzgada. Como cuando se busca un chivo expiatorio para el escarmiento. En el averno de las cortapisas, siempre se predica con el ejemplo del escarmiento. El terror está en la acción encubierta. Sí, también hay poderes fácticos subyacentes, disfrazados, encaretados. Esos son los más letales. Eva, al haber renunciado a la palabra y a la acción del endiosado, al haber tomado los frutos prohibidos de los árboles más fructíferos logró quitar la venda de los ojos a muchos otros y generar vientos de cambio. Esas son las acciones imperdonables que el dueño y señor del abismo no cesará de perseguir y destruirlos. Pensar distinto, actuar diferente y, desde luego, propagar ese pensamiento renovador como cambio y lucha. Respetando la opinión de los otros, enarbolando la defensa de género, sirviendo de tronco para poder ramificar la lucha contra el odio, la venganza, el revanchismo y el disenso.
Eva ha salido del infierno y, desde su nuevo paraíso, tiene la obligación moral de seguir propagando las bondades que tiene comer de los frutos prohibidos. Solo de esa forma, será posible que el endiosado amanezca un buen día convertido en un enorme insecto, que no pueda moverse más y, por fin, morir en el olvido.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.



















