Yo también quiero ser Defensor del Pueblo
“¿Tú, defensor del Pueblo? No, hermanito. Cómo pues. El cargo de defensor del Pueblo es para gente seria, con conocimientos de leyes y derechos humanos, con integridad moral intachable y con ganas de servir a la gente desprotegida”. “¿Y por qué no te postulas tú?”. “¿Y el carnet azul, hermanito?”.
A ver, a ver, a ver. ¿El partido de Gobierno ya cedió en el tema de la militancia?, ¿le creemos o no?
Bien, ¿quién es entonces la gente sería de la que hasta ahora se habla? Una feminista, con un corte sui géneris enemiga de las Barbie, que regala vasectomía a los hombres, pone en su lugar a los funcionarios del Defensor del Pueblo para divertirse (nosotros también nos hemos divertido con eso) y que inspiró el último grito de la moda musical, la cumbia del Didipí. Digipí (me hago pipí).
Una exdiputada, algo entrada en años, pero no por eso menos temida por la oposición, prácticamente una medusa capaz de convertir en piedra a quien la mire, y que puede dar clases de cómo presentar una demanda judicial a cualquier legisladorcillo que la cuestione (bueno, al menos eso dice ella).
Un dirigente acusado de quemar 66 buses Pumakatari y meterle juicio después al alcalde que hizo la compra.
Bueno, ninguno de ellos formalizó aún su postulación.
Si creyeron que allí acababa todo… pues no, hay mucho más. Tenemos a los que sí confirmaron: un teólogo que ya fue ayuco del Defensor en una ocasión y que hasta ahora parece ser el más seriecieto. Y finalmente, un ciborg, soldado universal indígena, que luce una mascarilla por días con la que irradia luz y controla tormentas.
Siendo así las cosas, yo también quiero ser Defensor del Pueblo. No tengo nada de extraordinario. Soy periodista, escribo poesías para quemarlas después de haberlas leído, cazo vampiros y en las noches de luna llena me convierto en hombre lobo. Nada extraordinario.
Columnas de LUIS FERNANDO AVENDAÑO

















