Las fobias y los efectos psicológicos de la cuarentena
¿Cómo y cuánto golpeó la crisis de la Covid-19 a la psiquis de las personas? Entre el miedo a la pandemia, el agobio de la cuarentena y la incertidumbre por las consecuencias la humanidad soportó uno tras otro los embates. En Bolivia, de principio, la reacción transitó entre la sorpresa y casi la anécdota, a unos días iniciales con aires cuasi vacacionales. Pero paulatinamente la ofensiva de la crisis fue calando en los sentimientos, los pensamientos y los resortes psicológicos más profundos de las personas.
“Los estudios nos señalan que una cuarentena en la gran mayoría de los casos ha resultado una experiencia desagradable para quienes la experimentaron –dice el psicólogo Andrés Espinoza–. La que estamos pasando se suma a la antología con características propias, pero mantiene varios de sus riesgosos patrones: separación de seres queridos y muy especialmente la pérdida de la libertad. También suman la incertidumbre sobre el estado de la epidemia, el creciente tedio y, luego los fantasmas que surgen sobre las consecuencias económicas y sociales. Sin duda traen potencialmente efectos dramáticos”.
Bajo consideraciones similares, los expertos consideran clave que las autoridades responsables siempre deben contrapesar puntillosamente dos variables: los beneficios de la cuarentena masiva obligatoria frente a, entre todas las ya previstas, las potenciales consecuencias psicológicas. “Somos animales sociales –remarca Espinoza, cuya tesis está relacionada a experiencias de confinamientos–. ¿Qué criatura de la naturaleza tiene como sinónimo de vida algo que no se parezca a la libertad? Los encierros siempre duelen”.
EL IMPACTO
Un estudio publicado a fines de marzo por la revista británica alertó en tal sentido. El texto titulado “The psychological impact of quarantine and how to reduce it” (El impacto psicológico de la cuarentena y como aminorarlo) señala: “La cuarentena es el factor más predictivo de los síntomas del trastorno por estrés agudo. Las personas en cuarentena son significativamente más propensas a informar de agotamiento, desapego, ansiedad al tratar con pacientes contagiados, irritabilidad, insomnio, poca concentración e indecisión, deterioro del desempeño laboral y rechazo al trabajo o consideración de renuncia”.
La publicación añade que entre las personas que han sido puestas en cuarentena, hay una alta prevalencia de síntomas de angustia y problemas psicológicos. Los estudios informan sobre síntomas psicológicos generales, trastornos emocionales, depresión, ansiedad, estrés, bajo estado de ánimo, insomnio, síntomas de estrés postraumático, irritabilidad, ira y agotamiento emocional.
LAS FOBIAS
En ese escenario, el psicólogo y catedrático universitario Carlos Velásquez advierte. “Es muy probable que con la cuarentena se hayan exacerbado especialmente las fobias, es decir, los miedos hacia algo específico. Ante la casi imposibilidad de salir es altamente posible que las personas que padecen agorafobia (el miedo a los espacios abiertos) hayan visto incrementado su problema, en términos de intensidad y de la aparición de los miedos. Igualmente es posible que algún tipo de parafilias, debido a la imposibilidad de estar cerca de la persona u objeto del deseo hayan generado particulares casos de ansiedad”.
Velásquez añade que el encierro y los factores que hacen a la crisis de la Covid-19 hayan agravado los casos de personas que padecen trastornos obsesivos compulsivos (TOC). El psicólogo señala particularmente a quienes manifiestan aquellos TOC relacionados a la desmedida limpieza. Este trauma los lleva a estar constantemente lavándose las manos y dejando pulcro su entorno. “La Covid-19 ha generado una retroalimentación con ese trastorno”, refuerza el psicólogo Gonzalo Aguilar.
Pero sobre lo ya existente es posible que el encierro de la cuarentena haya desarrollado nuevas fobias. Tanto Velásquez como Espinoza y Aguilar citan una en especial: “El miedo al contagio” y una serie de miedos derivados. Entre ellos, Espinoza remarca “el miedo a los fantasmas que se tejen sobre la propia situación que es lo que, me parece, más afecta”.
EN LA FAMILIA
Una fobia que bien puede expandirse al conjunto de las familias. Entonces los progenitores presentan síntomas suficientes de un problema de salud mental relacionado con el trauma. Según el artículo de The Lancet, los niños por su parte presentan puntuaciones medias de estrés postraumático cuatro veces más elevadas, en comparación con aquellos que no han estado en cuarentena.
De sus ya iniciales experiencias, el psicólogo argentino Fernando Osorio, le explica a OH! un fenómeno adicional: “Lo estoy viendo mucho en el consultorio y tiene que ver con advertir cómo se modifican determinadas conductas que originalmente generaban conflictos en los niños o los adolescentes. Por ejemplo, los fóbicos, los tímidos extremos o los aislados socialmente han modificado en un porcentaje muy importante sus comportamientos. Ello porque no están expuestos a los factores estresantes diarios que le genera su concurrencia cotidiana al establecimiento educativo. Los profesionales de la salud mental y los docentes deben estar atentos y comprender que el problema no se ha solucionado, sino que mutará hacia otras manifestaciones. Sólo se acalló el síntoma porque se quitó del medio el objeto fóbico. Es cómo suponer que al eliminar las cucarachas el "pánico" al insecto ya no estará más”.
Y las fobias y traumas poscuarentena rumbo a la “nueva normalidad” probablemente sumen otro escenario de, por ahora, difícil predicción. “Cuando hay antecedentes de problemas de salud mental son previsibles crisis o manifestaciones fuertes de ansiedad e irritabilidad, en hasta seis meses después de que pase de la cuarentena –explica Espinoza–. Luego de esas reacciones, es probable que en este caso muchas personas asuman conductas de evitación, es decir, eviten a quienes tosan, estornuden o den muestras de estar resfriados. También es posible que se alejen de los lugares cerrados e incluso los espacios públicos en las semanas posteriores a la cuarentena”.
UN GRUPO MUY AFECTADO
El analista cita además a un grupo que resultará singularmente afectado: todos los trabadores en salud y los relacionados a la atención directa de los pacientes con coronavirus. “Los trabajadores de la salud es muy posible que tengan síntomas más graves de estrés postraumático que el resto de la sociedad y además sientan una estigmatización. Hay la posibilidad de que muchos de ellos exhiban conductas de evitación después de la cuarentena y estén más afectados psicológicamente.
¿Qué hacer para conjurar este escenario en curso? El estudio de The Lancet subraya el marco general: “Una mayor duración en el período de cuarentena se asocia con peores resultados psicológicos, dado que los factores estresantes informados por las personas durante este tipo de situaciones pueden tener un mayor efecto cuanto más tiempo se experimenten. Restringir la duración de la cuarentena a lo que es científicamente razonable (teniendo en cuenta los períodos de incubación), y no adoptar un enfoque excesivamente preventivo para esto, minimizaría el impacto negativo en las personas”.
Por su parte Aguilar recomienda: “Es muy importante recordar que el ser humano se adapta a todo. Ahora estamos convocados a adaptarnos a lo que ya se denomina ‘nueva normalidad’ que va a durar mucho tiempo. Por ello, resultará clave trabajar en nuevos modelos de comportamiento y saberlos difundir y aprovechar. Modelos que permitan potenciar la empatía, la asertividad y la resiliencia en las personas. La vida nos ha dado suficientes ejemplos para que aprendamos de ellos, como lo vivido por Nelson Mandela o Hellen Keller, entre tantos otros”.
“Tenemos que aprender a convivir con lo malo de esta crisis –dice por su parte Espinoza–. Es una más entre tantas que ha vivido la humanidad. Si recordamos que fobias implican miedos, debemos comprender que, como se ha enseñado tantas veces, es posible que el miedo fantasmal esté haciendo más daño que la propia Covid-19. Ahí deben saber trabajar las autoridades, los educadores, los medios de comunicación y los propios especialistas médicos. Tenemos que aprender a curar nuestra alma para fortalecer nuestra salud integral y nuestra vida”.



























