Gina Haspel, la directora de la CIA que frenó a Trump
Probablemente la historia recuerde a Gina Haspel como una de las mujeres más enigmáticas dentro de las jerarquías más importantes de EEUU en las últimas décadas. De hecho, fue la primera mujer que llegó a ser cabeza nada menos que de la celebérrima Agencia Central de Inteligencia (CIA), uno de los ejes de poder de la primera potencia mundial, por si falten referencias. Es más, Haspel tuvo la suficiente fuerza como para enfrentar durante meses al presidente Donald Trump y evitar su desplazamiento del cargo en uno de los momentos políticamente más críticos dentro de la política estadounidense de los últimos 45 años.
Gina Haspel renunció al cargo el 19 de enero, un día antes del juramento de Joe Biden como presidente de la unión despertando una serie de interrogantes que probablemente no tengan respuesta en decenas de años. Así lo dan entender analistas y periodistas expertos en el área, como Jenna McLaughlin. “Marcó el fin a una gestión que fue a menudo discreta –concluyó McLaughlin–. Pero también a menudo fue incluida detrás de los escándalos de resistencia a algunas de las controversiales iniciativas del presidente Trump”.
Haspel anunció su renuncia a través de la cuenta Twitter de la CIA, con aire orgulloso y triunfante. “El más grande honor de mi vida ha sido encabezar esta organización extraordinaria –dijo la agente–. Parto profundamente orgullosa del trabajo que hemos hecho juntos, de los triunfos que logramos, las amenazas que superamos y las inversiones que hemos hecho para el futuro”.
La primera directora de la CIA emergió desde las sombras de una vida como oficial de operaciones encubiertas a servir como directora adjunta de Mike Pompeo en febrero de 2017. Un año después, cuando Pompeo pasó a ser secretario de Estado, Haspel fue ascendida a cabeza de la célebre agencia de espionaje.
- De la simpatía al pleito
Recomendada generosamente por Pompeo, al principio todo fueron elogios y gestos amables con el presidente Donald Trump. "Es una líder probada con una habilidad única para hacer las cosas e inspirar a quienes la rodean", destacó al nombrarla Mike Pompeo, el director de la CIA cuando fue nominado jefe de la diplomacia de EEUU y dejó la CIA.
Luego de su juramento, Haspel dijo que esperaba "poder brindarle al presidente Trump el extraordinario apoyo de inteligencia que él espera". Trump incluso desdeñó graves acusaciones que pesan sobre la ahora exdirectora sobre torturas en un campo de prisioneros islamistas en Tailandia. Por esa razón, Haspel tampoco era vista con buenos ojos por los miembros del Partido Demócrata.
Pero el presidente, algunos meses más tarde, pasó de alabar su capacidad a distanciarse de ella cuando Haspel se negó a desclasificar documentos sobre la supuesta intervención de Rusia en las elecciones del 2016, citando motivos de seguridad nacional. El entorno del presidente criticó también que no detuviese a tiempo la filtración que llevó al inicio del impeachment (proceso de destitución) contra el presidente.
En medio del tenso trance de transición presidencial, Haspel fue apoyada por prominentes políticos republicanos. “Si me preguntas mi opinión, creo que está haciendo un buen trabajo”, dijo el republicano Marco Rubio, titular del Comité de Inteligencia del Senado. Afirmó que sería “bueno para la estabilidad de la agencia”, que continuase en su puesto. “La inteligencia no debería ser partidista”, añadió, por su parte, el senador republicano John Cornyn.
Ambos fueron criticados por un asesor de Donald Trump. “¿Por qué demonios hay senadores republicanos tratando de manipular a Trump para que mantenga a Haspel, que mina y subvierte continuamente la agenda del presidente?”, señaló Arthur Schwartz. “Qué desgracia”, dijo.
- Los frenos a Trump
La pugna entre la cabeza de la Agencia Central de Inteligencia y el equipo de inteligencia del gabinete de Trump duró más de tres meses. La intensidad fue tal que ya en noviembre Haspel les comentaba a sus allegados que se había estado preparando desde hace meses ante la posibilidad de que ella fuese removida del cargo. Sin embargo, también les aseguraba que también hacia su propia lucha para evitar su salida. En suma, desató un conflicto entre el Gobierno y la agencia de inteligencia de la primera potencia mundial.
Haspel pareció haberse mantenido ajena al pleito que Trump sostuvo con la comunidad de inteligencia desde los primeros días de su gobierno. La tensa relación llegó a los adjetivos cuando el mandatario los llamó “el estado profundo” (Deep state). En medio de aquella crisis la agente no sólo cumplía sus labores, sino que sostenía una relación cercana con Pompeo, uno de los asesores más cercanos a Trump.
Pero una vez que encabezó la CIA demostró una firmeza proverbial. Ella no había respondido públicamente a los ataques de Trump. Incluso algunos exfuncionarios de la CIA llegaron a expresar su frustración debido al silencio de Haspel. Ello pese a que las críticas del hoy exmandatario se volvieron ácidas y continuas ya desde enero de 2019.
Ese mes, cuando la nueva directora de la CIA, junto a algunos de los líderes de las agencias de inteligencia declararon ante el Congreso que Irán no estaba tratando de construir armas nucleares, el presidente Trump los ridiculizó calificándolos como “extremadamente pasivos e ingenuos” y sugirió que “volvieran a la escuela”.
Pero Haspel, quien pasó su carrera de cerca de 35 años en la CIA trabajando casi completamente desde la sombra, es decir, encubierta, luego se erigió como un baluarte entre Trump y la comunidad de inteligencia. A diferencia de su predecesor, Mike Pompeo, Haspel pasaba gran parte de su tiempo en la sede de la CIA en Langley, Virginia, administrando la agencia día a día y manteniendo distancia con la Casa Blanca en lugar de cultivar una relación personal con Trump. Eso le valió crecientes puntos con el personal de carrera que se sintió aliviado de que Trump eligiera a uno de los suyos.
Además la ejecutiva de la agencia luego hizo retroceder varias iniciativas del mandatario y sus asesores cercanos, incluido el director nacional de Inteligencia John Ratcliffe, para desclasificar una amplía banda de información relacionada con la supuesta intromisión rusa en la elección presidencial del año 2016 en apoyo a la candidatura de Trump.
Gina Haspel también rechazó los intentos postreros de nombrar a Kash Patel, un exasesor parlamentario del Partido Republicano muy cercano a Trump, como director adjunto de la CIA. Ni qué decir en relación a los pedidos para que la comunidad de inteligencia investigue los antecedentes del hijo del entonces candidato demócrata Joe Biden.
- Ruptura total
La crisis llegó al extremo de que, a mediados de diciembre, la directora de la Agencia Central de Inteligencia fuese excluida de una reunión de Inteligencia que tuvo lugar en la Casa Blanca, según informó la cadena de televisión CNN, que citó a un funcionario de alto rango de la Administración estadounidense.
A la reunión asistieron el presidente Trump y el director de Inteligencia, John Ratcliffe, entre otros funcionarios de alto rango. Según el citado medio, los asesores de Trump y sus aliados republicanos se hallaban intentando que el mandatario no la despida, en medio de las graves tensiones que esta mantenía con Ratcliffe.
La CNN informó que algunos de los asesores de Trump consideraban a esas alturas que Haspel se había "insubordinado" al presidente y a Ratcliffe, argumentando que rutinariamente eludía la cadena de mando para promover su propia agenda y la de la CIA.
Eran días en los que Trump, en medio de su crisis, hizo efectivo el cese del secretario de Defensa Mark Esper, tras lo que se produjo una cascada de dimisiones en el Pentágono.
Sin embargo, sus ímpetus y rabietas fueron, por alguna misteriosa razón, frenados y debió ver incólume a Haspel hasta el final de su mandato. Se dice que fue una derrota tanto o más dura que la que experimentó frente a Biden y los demócratas.






















