Ser trabajador boliviano en tiempos de la Covid-19
Tan sólo en los primeros seis meses de la emergencia sanitaria por el coronavirus 400 millones de personas perdieron su empleo en el mundo. Esa es la fuerza del golpe que sufrió el mercado laboral, según cifras de Naciones Unidas. En América Latina, de acuerdo a datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 21,5 millones de trabajadores quedaron cesantes ya transcurrido el año de la pandemia. Si las restricciones vuelven o se acentúan, la cifra podría subir a 38,8 millones dentro de un año.
En Bolivia, diversas evaluaciones, incluida la del BID, calculan que hubo alrededor de un millón de despidos. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de desempleo casi se triplicó, de 4,5 a 12 por ciento de la población económicamente activa. Sin embargo, de acuerdo a el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), esa cifra asciende a 21 por ciento. Vale decir que, en suma, más de dos millones de bolivianos en edad de trabajar hoy carecen de empleo.
“Hay que partir por caracterizar la Covid-19 como la más grave crisis sanitaria de la humanidad en los últimos 100 años -explica el sociólogo Carlos Laruta-. Ha tenido efectos no sólo en la salud, sino en todos los ámbitos de la vida social, el empleo, la familia, la propiedad de las casas, los préstamos bancarios, los jóvenes y niños, etc. Pero quizá el efecto más fuerte, la afectación fundamental, ha sido la pérdida de empleos, sean formales o informales. Un estudio muy prolijo señala que de 5,2 millones de empleos que había en Bolivia antes de la pandemia, entre 2020 y 2021, se ha perdido un millón de empleos. Es un impacto atroz sobre el empleo que en el país que ya era precario antes de la pandemia. La crisis del empleo, es, entonces, una gravísima crisis en Bolivia”.
Informalidad
Una crisis que toma matices aún más preocupantes si se recuerda la masiva presencia de trabajadores en la economía informal. Población que, según un estudio de la Cámara Nacional de Comercio, se incrementó tras el bajón causado por la pandemia. Bolivia tenía al 70 por ciento de su población económicamente activa trabajando en ese sector. Pero, tras el año de la pandemia, se incrementó a un 77 por ciento. El agravante radica en que los ingresos de los trabajadores informales en los primeros meses de la pandemia llegaron a disminuir hasta en 81 por ciento. Luego, su recuperación resultó lenta y su futuro dependerá de los grados de estabilidad y crecimiento que alcance la economía del país.
En medio de esa aún incierta transición y el aún activo sacudón mundial, los analistas advierten la desaparición de tipos y formas de empleo. También señalan la emergencia de nuevos. “Ha sido como el choque de un Titanic para cuentapropistas, para pequeñas y medianas empresas y para algunos rubros informales -señala el abogado laboralista Marco López Loza-. En un país como Bolivia, de limitada actividad productiva y alta a nivel comercial y de servicios, los afectados deberán adaptarse a los cambios. Será como quien se agarra de un tronco para sobrevivir. Eso significa ser trabajador en los tiempos de la Covid-19 que, al parecer, tendrán larga duración”.
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La reinvención
El analista añade que estos cambios implican las nuevas condiciones laborales. “Han cambiado prioridades, negocios, valor e importancia de insumos, también los circuitos comerciales -precisa-. Cada empresa y, por lo tanto, cada trabajador tuvo que adaptarse al nuevo tiempo innovándose y digitalizando algo o mucho de sus actividades, unos en sus rubros, otros migrando a actividades distintas. Las relaciones laborales están cambiando y seguramente dentro de no mucho tiempo habrá que modificar las legislaturas de este sector”.
Sobre las perspectivas de ese nuevo mundo laboral se ha manifestado la Comisión Económica para América Latina. En el texto “La pandemia del Covid-19 y su efecto en las tendencias de los mercados”, el analista Jurgen Weller cita desde las nuevas formas de comercialización (como el fenómeno de los servicios delíveri ) y novedosos servicios en línea hasta la destrucción de pequeñas empresas debido a la agigantada brecha digital que la pandemia ha precipitado.
Weller explica el efecto de reubicación intra e intersectorial de empleo que tiene lugar en este contexto. Argumenta que esta reubicación no es transitoria, ya que muchos cambios en las pautas de consumo y en las prácticas de las empresas persistirían. Destaca además que, según cálculos de diversos especialistas, aproximadamente un 42 por ciento de los despidos recientes llevaría a una pérdida permanente de puestos laborales.
Luego, puntualiza ejemplos de los rubros clásicos donde se mantendrán o emergerán nuevos empleos: “Los servicios de salud probablemente se han visto obligados a contratar más personas para enfrentar los grandes desafíos que surgieron en el contexto de la pandemia. Es de suponer que por lo menos algunos de estos nuevos puestos de trabajo se mantendrán, como respuesta a una renovada demanda social de una mejor calidad de estos servicios. Otros trabajos con perspectiva de expansión se relacionan con actividades de entretención, deporte y aprendizaje en línea que podrían registrar un aumento duradero de demanda. Finalmente, una forma de trabajo a distancia en expansión es el que desempeñan personas insertas en plataformas globales de trabajo, es decir, que realizan tareas para empleadores en cualquier parte del mundo a través de sitios como freelancers o upwork”.
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Trabajo a distancia
Así va emergiendo el trabajador de los tiempos de la pandemia. Las fuentes consultadas puntualizan en ese contexto la consolidación de dos fenómenos: el teletrabajo y el trabajo a distancia. Como es sabido, instituciones educativas, medios de comunicación, estamentos administrativos de diversas empresas aceleraron y agrandaron los pasos que habían estado dando hacia la digitalización. A ellos, en mayor o menor medida, se sumaron actividades del resto de los sectores básicamente en la promoción, comercio e interrelación.
“Es de esperar que en el futuro los trabajos digitales intermediados por plataformas digitales globales se expandan aún más (…) -ha señalado Weller-. Así, el Oxford Labour Index, que mide la demanda en cinco grandes plataformas digitales, muestra un fuerte incremento de esta demanda a partir de mediados de abril de 2020”.
Frecuentemente, entrecruzado con el teletrabajo, también se halla el trabajo a distancia que, en ocasiones, ha sido fomentado no sólo por su potencial papel en el ámbito laboral, sino también por su posible contribución a una mejor conciliación entre el trabajo y la vida familiar, la descongestión del tráfico urbano y la descontaminación correspondiente.
En Estados Unidos, en 2017/2018, un 25 por ciento de los ocupados afirmaba que trabaja (parcialmente) en su casa o desde su casa.
Sin embargo, en la mayoría se trata de casos en que las personas se llevan a su casa tareas desde su lugar de trabajo habitual, para avanzar con ellas después de la jornada habitual o durante un fin de semana. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), previamente a la crisis sanitaria a nivel global un 7,9 por ciento de los ocupados trabajaba en su casa – la mayoría de ellos, sin embargo, no se desempeñaba como “teletrabajadores”, sino en ocupaciones manufactureras y artesanales tradicionales.
“Es la parte más compleja de los nuevos tiempos -dice López Loza-.Ya vivíamos tiempos de sobreexplotación y autoexplotación laboral con graves consecuencias. Esta crisis muy probablemente disparará el fenómeno. Muchas de las muertes o casos graves de la pandemia se producen por personas agotadas que, por sus defensas bajas, enferman. Pasamos de los tiempos en que se luchaba por no ser explotado a los que se lucha por tener siquiera un empleo. Y ahora estamos en una etapa en la que se embandera eso del 24/7 (24 horas al día, 7 días a la semana) y hasta ya hay debates en los que se habla de la nueva esclavitud. Avanzamos a picos de informalización”.
En ese escenario, los derechos de los trabajadores del nuevo tiempo Covid-19 se difuminan más de lo que ya estaban. “En términos estrictos, los derechos laborales sólo existen en proporción importante en el ámbito del empleo formal -explica Laruta-. En el empleo informal, prácticamente no existen los derechos laborales”. Con un 77 por ciento de la población laboral en la economía informal, en Bolivia las esperanzas se hallan en cambios estructurales a nivel estatal.
Las fuentes consultadas señalan que en América se va optando por dos vías de recuperación económica. “La vía suave y la vía fuerte”, define Laruta. “Shocks o contención”, explica López. La primera implica medidas graduales y puntuales aspirando a no caer en mayores deterioros y una recuperación lenta. La segunda, en el lanzamiento de planes en base a la inversión de vastos recursos económicos normalmente prestados que derivarían en la multiplicación del empleo. Al parecer, el actual gobierno boliviano ha apostado por la primera vía.
“De ambas ha habido buenas y malas experiencias, pero eran otros tiempos -dice López-. Ahora, con semejante cambio en el mundo la apuesta de los trabajadores bolivianos tendrá que sumar su notable capacidad de inventiva y voluntad con su lucha para que las autoridades sean responsables. Siempre hubo injusticias con los trabajadores, en este escenario eso no debería empeorar”.























