Fin de año entre valles y montañas
//Texto: Alicia Cortés Soruco
Fotos: Una Gran Nación//
Cuando pensamos en las fiestas de fin de año, podemos imaginarnos días cálidos en el que nuestra familia se reúne y celebra, con los adultos absortos en una buena charla y los niños alegres con sus nuevos juguetes. Podemos ver las luces que decoran el árbol, dándole a la casa un cálido resplandor. El olor que sale de la cocina, prometiéndonos un almuerzo espectacular. Años de memorias y momentos felices.
Con estos recuerdos, viene también un sentimiento extraño. Una leve sensación de que eso pertenece al pasado. De que las navidades y años nuevos de nuestra infancia fueron las mejores, cuando éramos libres para creer en cuentos e historias mágicas. Y con cada año, esa magia ha ido quedándose atrás, reservada para los inocentes.
Nos preguntamos, ¿es ahí donde acaban las festividades? En Una Gran Nación, creemos que no. La magia solo se debe encontrar de nuevo.
Durante estos últimos días, el equipo de UGN ha estado pensando en qué nos hace sentirnos como en Navidad o Año Nuevo. ¿Serían los regalos? ¿O tal vez la reunión familiar? ¿Las fiestas? ¿La comida especial que se prepara en casa? Todas esas cosas nos han hecho felices en su momento y siguen siendo especiales, pero hay algo que esta época siempre trae y no desaparece.
La maravilla de lo nuevo. El sentimiento de descubrir qué está debajo del papel de regalo, qué cocinarán los abuelos, de qué color serán las luces este año, qué parientes llegarán desde lejos, qué deseos pediremos. Y en UGN hemos entendido que este sentimiento también se encuentra fuera de nuestras cuatro paredes: lo hemos sentido al subir el último trecho en el Huayna Potosí y ver la cumbre helada. Al abrirnos paso por los ríos del oriente, protegidos por kilómetros de verde selva. Cocinando con comunidades indígenas, aprendiendo de ellos, de su gastronomía y su cultura.
Viajando por Bolivia, hemos aprendido a sentirnos maravillados una vez más, apreciando la belleza que nos rodea, el arte natural que tenemos en el país y la increíble y rica cultura de la que venimos. Hoy sabemos que nuestro regalo más grande está entre los caminos del campo y los altos picos de nuestros cerros.
Por eso, queremos traer el sentimiento de maravilla y descubrimiento una vez más a nuestras casas. Más allá de todas las increíbles aventuras que hemos vivido, las hermosas fotos que hemos tomado y los momentos de paz que el país nos ha dado, queremos que esta Navidad signifique encontrar cariño por nuestra tierra.
Queremos ver juguetes de producción nacional bajo el árbol. Cocinar la cena navideña con productos locales y de temporada, que apoyen al trabajo de nuestros agricultores. Decorar nuestras casas con adornos bolivianos, hechos por las manos de nuestros hábiles artesanos. Queremos que nuestros viajes de vacación se inviertan en descubrir la tierra que nos pertenece y disfrutar de la enorme belleza de nuestro entorno. Volvamos una vez más a esos días de la infancia, a los paseos por la plaza comiendo manzanas acarameladas, al origen de toda nuestra felicidad: el hogar.
Porque tenemos un hogar único y maravilloso, lleno de posibilidades, novedades y bellezas. Con destinos únicos, pensados para vivir experiencias que solo Bolivia puede darnos. Productos que son un misterio en el resto del mundo, pero que aquí son parte de la cultura. Miles de emprendimientos nacionales, llenos de personas dedicadas y fuertes que dedican sus días a crear valor para nosotros y para el país. Sabores que conocemos desde que somos niños y que nos recuerdan la felicidad y la sencillez de celebrar junto a nuestros seres queridos.
Hoy deseamos que estas fiestas traigan toda esa magia de vuelta a nuestras vidas, y que esta época nos ayude a entender que Bolivia es, y siempre fue, Una Gran Nación.





























