El mal uso de los antibióticos
Texto: Oriela Iriarte
Infectóloga
Como infectóloga, soy testigo de que enfermedades infecciosas sencillas de tratar hoy se han vuelto la principal amenaza para la vida de los pacientes. El abuso y “automatismo antibiótico” al que muchos profesionales acaban recurriendo, sea por falta de tiempo y recursos, o por desconocimiento están haciendo de los antibióticos herramientas cuyo uso determina su propia destrucción determinando la aparición o la selección de gérmenes resistentes. Este fenómeno es muy preocupante porque las infecciones por microorganismos resistentes pueden causar la muerte del paciente, transmitirse a otras personas y generan grandes costos tanto para los pacientes como para la sociedad.
Desde el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming en 1920 y su posterior comercialización 20 años después, los antibióticos se han convertido en medicamentos indispensables para el tratamiento de la mayoría de los procesos infecciosos y esto contribuyó no solamente a disminuir las tasas de morbilidad y mortalidad altas que existían, sino que también permitió dar éxito a otras terapias altamente riesgosas de producir infecciones que de no ser tratadas pueden provocar que el paciente fallezca, tales como las cirugías, quimioterapias, trasplantes de órganos y de médula ósea. Sería inconcebible la vida actual sin la presencia de los antimicrobianos.
Se entiende por resistencia al mecanismo intrínseco a través del cual una bacteria se modifica genéticamente para resistir a la acción de los antibióticos. Esta resistencia se transfiere de bacteria a bacteria sean o no del mismo grupo bacteriano y, por lo tanto, de persona a persona, animales a personas y viceversa.
Este fenómeno es resultado de la historia evolutiva de estos organismos para adaptarse a un medio que los amenaza para destruirlos, ellos deben sobrevivir.
¿Cómo lo hacen? Desarrollan acciones de resistencia, se adaptan y el antibiótico no logra ejercer su objetivo de destrucción. Esta situación acontece sobre bacterias patógenas o bacterias propias del individuo que viven en armonía como parte de la flora bacteriana normal
Las vías respiratorias superiores, el tracto gastrointestinal; estómago, intestino delgado, colon, el tracto genitourinario, la piel y la mayoría de las superficies mucocutáneas de los humanos albergan una rica flora autóctona compuesta por bacterias que se adquieren inmediatamente después del nacimiento. Sus principales funciones incluyen actividades metabólicas y la absorción de nutrientes, efectos tróficos en el epitelio intestinal y en la estructura y la función del sistema inmunitario, protección al huésped frente a la invasión de microorganismos patógenos. Entonces si hablamos de flora bacteriana normal hablamos también de nuestro sistema inmunitario.
El uso inapropiado o no de antibióticos (indicación errada, dosis incorrecta, uso prolongado, vía de administración inadecuada) altera esta flora, la compromete y la torna resistente, así cuando el individuo se infecte por una bacteria externa, nuestra flora alterada y resistente le transfiere su mecanismo de resistencia. Entonces, esa infección será difícil de tratar al punto de comprometer la vida del paciente, porque hemos llegado a un momento muy crítico y temible en el que no hay antibióticos eficaces para las bacterias resistentes, ellas lograron ganar la batalla.
Situaciones comunes del uso indebido de antibióticos
La mayoría de las infecciones del sistema respiratorio superior son causadas por virus, como el adenovirus, coronavirus, rinovirus, etc. Distinguirlos por su presentación clínica es difícil e innecesario porque no existe un tratamiento dirigido al “virus” si no a los síntomas. Un antinflamatorio, antigripales y reposo bastan para superar el cuadro (en paciente inmunocompetentes). El motivo principal es porque el virus ingresa al cuerpo, se replica causando los síntomas y cumpliendo con su ciclo de vida finaliza su replicación, además gracias a nuestro sistema inmunitario, es un cuadro autolimitado. Algunos ejemplos: resfriado común, faringitis, sinusitis, amigdalitis, laringitis, bronquitis, son procesos de etiología viral en su gran mayoría. Muchos galenos indican antibióticos, como la famosa azitromicina. Este antibiótico quizá es uno de los más riesgosos en cuanto a su potencial de crear resistencia bacteriana, y sobre todo porque no destruye virus, solo bacterias. El paciente mejora, pero no gracias a la azitromicina, sino porque así tenía que hacerlo gracias a las defensas propias del individuo y a su flora bacteriana normal. Además, el virus finaliza su replicación y está listo para infectar a otra persona.
Durante el posquirúrgico de cirugías, por ejemplo, apendicitis no complicada, colecistitis no complicada, reparación de hernias, cesáreas, cirugías traumatológicas, urológicas, cirugías plásticas como prótesis mamarias, rinoplastias, liposucción o procedimientos menores como extirpación de nevus o lunares no requieren antibióticos. Está demostrado que en este grupo de pacientes los antibióticos posteriores a la intervención no logran reducir el riesgo de infección posquirúrgica y solo producen efectos adversos, aumento de gastos para el paciente y desde luego contribuyen a la resistencia antibiótica.
El campo de la odontología no está exento del uso inapropiado de antibióticos. Es muy común observar que los pacientes salgan de una extracción de molares con recetas de antibióticos por períodos de hasta siete días para la “prevención de infección del sitio quirúrgico”. Esta es una idea y práctica errada incluso en la extracción de tercer molar retenido, sobre la que existen aún controversias. Quizás las únicas situaciones en odontología que requieren manejo antibiótico sean la Gingivitis Ulcerativa Necrotizante (GUN), periodontitis asociada a placa, gingivitis asociada a placa, e infecciones supurativas. Y si hablamos de prevenir infecciones, la profilaxis antibiótica en procedimientos dentales está dirigida únicamente a evitar que pacientes portadores de válvulas cardiacas protésicas contraigan infección sobre estas porque su consecuencia sería fatal. Y, aun así, solo se demostró que administrar profilaxis antibiótica previa a la cirugía de extracción dental logra prevenir la entrada de bacterias a la sangre, mas no la infección sobre la válvula protésica.
Los antibióticos no previenen infecciones en todos los pacientes, solo en pacientes seleccionados. Su uso es indispensable en pacientes con VIH-sida, pacientes en quimioterapia, en uso prolongado de corticoides sistémicos, en trasplante de órgano sólido o de médula ósea. Estos reciben tratamiento antibiótico preventivo para las posibles infecciones bacterianas, virales o fúngicas que los pudieran amenazar y han demostrado una disminución en la infección y la mortalidad.
Por lo tanto, el uso de antibióticos vía oral de forma preventiva en situaciones distintas no está recomendado.
Tampoco es necesario el uso de antibióticos en gastroenteritis agudas, puesto que pueden estar causadas por virus o bacterias, pero de curso es autolimitado.
Como último ejemplo está el uso de antibióticos ante un urocultivo positivo en un paciente que no tiene síntomas de infección urinaria. Es un error tratar un cultivo positivo sin considerar los síntomas del paciente. Las excepciones son mujeres embarazadas o si el paciente será sometido a una cirugía urológica.
Aunque resulte obvio es importante reforzar la formación de los médicos en el uso de antibióticos y prevención y control de infecciones en cada una de las especialidades o recurrir a los especialistas en infectología ante la menor duda antes de la prescripción de un antibiótico.
Los centros médicos deberían contar con programas de optimización de uso de antibióticos y en prevención y control de infecciones a cargo de un infectólogo y con el apoyo de la Dirección Médica.
Así mismo, los gobiernos deben renovar el compromiso con la salud pública declarando como prioridad nacional la contención de la resistencia a los antimicrobianos y establecer estrategias nacionales para contener y frenar la resistencia bacteriana. Establecer guías de diagnóstico y tratamiento, promoción de la problemática de la resistencia antimicrobiana, formación de comités de control de infecciones, concientización comunitaria y suspensión de venta libre de antibióticos


























