No hay nada como una visita guiada en el Palacio Galliera
Micaela Montaño - Responsable de Collection UKIMSA
París acoge nuevamente en uno de sus convencionales museos de moda, el Palacio Galliera, una exposición de excepción, del 13 de diciembre de 2025 al 18 de octubre de 2026.
Después de Dior, Worth y Poirier es el turno de la colección “Tejer, bordar y sublimar. Los know-how de la moda”, en francés “tisser, broder et sublimer. Les savoir-faire de la mode”. Descubrir los secretos de unas 350 obras entre prendas, zapatos, sombrillas, abanicos, accesorios, fotografías y muestras ha sido una invitación a soñar y viajar en el tiempo, desde el siglo XVIII hasta hoy.
La visita guiada se inició con un salto de cama o bata bordada de pies a cabeza, tal como un magnífico lienzo de tapicería. El recorrido prosiguió con un vestido que rinde homenaje a la porcelana en la época en que por fin Francia había descubierto los secretos de fabricación de la porcelana china, cuya cocción es de unos 1350 °C.
En esta ocasión idílica se logró crear un vestido copia fiel de la porcelana, engañando al ojo con una esponja especial, tipo goma eva, que resalta diseños florales en 3D en nada más y nada menos que en fondo rosa Pompadour, aquel tono rosado claro, creado en 1757 por el químico Jean Hellot en la fábrica de Sèvres, en Francia.
A lo largo del recorrido de la exposición, el hilo conductor por el que anduvimos eran las flores. En Francia se había desplegado un infinito léxico textil floral. Dos siglos atrás, ya se capacitaba a jovencitas de 13 a 17 años para crear manos maestras especialistas en dibujar únicamente flores, por ejemplo, en escuelas gratuitas de dibujo. Así se iba respondiendo a la demanda de las modistas y sus diseños. Pero, no solo se creaban flores artificiales para la ropa sino también para los infaltables sombreros de los años 1900.
Con técnicas especiales, calentando pétalos para curvarlos después. Como el título de la exposición bien lo dice, entre las técnicas que brillaban ante nuestros ojos estaba el majestuoso bordado con hilos tan finos que en ciertas vitrinas de la exposición se disponía de lupas para apreciar y admirar semejantes detalles.
Sin duda, otra técnica que capturó la atención era la del tejido de encaje ya sea con aguja, o de bolillos o con la técnica mecánica que se asomó en el siglo XIX. Y no pudo faltar, por supuesto, la impresión textil. Así, entre crisantemos y flores de loto, Francia mantuvo lazos con Oriente con una apetencia especial por el japonismo.
La corte francesa, siempre a la cabeza, fue fuente de inspiración para las demás cortes europeas. Más adelante, Coco Chanel continuó con el tema floral creando su famosa flor de camelia. Hubo también otros diseñadores, rindiendo ese homenaje floral, como Christian Lacroix.
Al hablar de Francia, se debe mencionar sí o sí el vestido “a la francesa” que marcaba la silueta con un corsé ceñido al torso. Junto a un panier, daba un gran volumen a las caderas; así como la “tournure”, un relleno dando volumen atrás. Todo ello para resaltar aún más la cintura.
El largo del vestido variaba, siendo ligeramente más corto por delante. Pero, en una ocasión la reina María Antonieta cambió ese estilo comprimido del cuerpo por un vestido tipo bata floja de encajes, lejos de armaduras con ballenas; ese atrevimiento sí que sorprendió.
Entre los colores de los vestidos expuestos, la paleta era amplia. Había incluso sombríos narrando así el luto. Balenciaga, por ejemplo, se inspiró en su madre a quien había visto enlutar. En esas épocas, las mujeres debían atravesar el luto durante dos años para ingresar luego al semiluto.
El luto se iniciaba con el negro por completo, incluso un velo; luego pasaban al gris antracita para llegar al violeta. En cuanto a los hombres, ellos vestían de luto durante solo seis meses. En la visita, había algunos trajes masculinos de tres piezas y otros. El General Bertrand, amigo de Napoleón había sugerido restablecer las prendas de la corte. En el recorrido, también había prendas aludiendo a valores de la República, bordadas con mensajes tricolores.
Se nos recordó también la importancia de las casas y talleres que reivindican la tradición francesa de la moda. En cuanto al comercio, se habló de la Samaritaine, los grandes almacenes parisinos que fueron antecesores del pret-à-porter.
Asimismo, se mencionó al holding Hermès y sus tradicionales pañuelos de seda con su técnica sin igual de impresión y sus ribetes enrollados a mano, en cuya fábrica cuentan con 75 000 tonos repertoriados.
Se nombró también a la visionaria Gaby Aghion, fundadora de Chloé que en 1952 decidió proponer pret-à-porter de lujo, de calidad excepcional. Hay tanto para contar, pero como todo llega a su fin, al terminar la visita apreciamos botones, broches y hebillas porque, claro está que, la ropa necesita de ornamentos.



























