4 factores amenazan el crecimiento económico
Los problemas de conectividad, la falta de impulso a la industria, la pérdida de capacidad competitiva e incluso la tensión política son algunos de los factores que no permiten que Cochabamba se libre de un estancamiento económico, según los expertos.
En la última gestión, el departamento registró un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 5,98 por ciento, por encima de Santa Cruz y debajo de Beni (6,57 por ciento) y Pando (7,03).
El repunte se debe al crecimiento de actividades en torno a los servicios de la administración pública, con el 16,81 por ciento; el transporte y las comunicaciones, 14,89 por ciento; la manufactura, 13,88 por ciento, y el comercio, 6,92 por ciento.
Sin embargo, en 2017, la economía cochabambina sufrió una ralentización con el 2,2 por ciento de crecimiento del PIB, además de haberse ubicado por debajo de los departamentos del eje central.
Esta tendencia errática no es suficiente para garantizar un crecimiento constante del que era considerado el “granero de Bolivia”.
El economista José Gabriel Espinoza considera que los ascensos y descensos en el crecimiento del PIB en Cochabamba no permiten a las empresas pequeñas alcanzar un ritmo de crecimiento y soportar periodos de contracción.
Espinoza detecta tres factores para el estancamiento de la economía cochabambina: la influencia del sector público dependiente de las rentas variables en el tiempo; la falta de vinculación entre los sectores primario, secundario y terciario, y la necesidad de inversión en infraestructura.
“Si tomamos en cuenta que el grueso del aparato productivo en Cochabamba (y en Bolivia en general) está dentro del rango de pequeña y micro empresa, la volatilidad del crecimiento se constituye en el principal problema para el desarrollo de un aparato productivo fuerte”, añade.
Por su parte, el economista e investigador Roberto Laserna considera que la merma de capacidad competitiva de sectores “clave” como la arquitectura y la manufactura, y el crecimiento de otros departamentos han provocado la pérdida de importancia económica de Cochabamba en el país.
A esto se suma que el departamento ya no es considerado el centro articulador entre oriente y occidente.
Durante la época de la Colonia, las fértiles tierras bordeadas de cauces hacían del valle cochabambino la cuna de la producción de cereales y el granero del Alto Perú.
Con el paso del tiempo, Cochabamba ha perdido parte de su vocación agrícola y ha relegado esta actividad, apañada entre otros rubros.
Actualmente, la agricultura, la silvicultura, la caza y la pesca representan el 9,97 por ciento del PIB.
Desde la década del 80, el crecimiento del sector agropecuario cochabambino cayó al puesto 15 y fue superado por otros sectores.
El presidente de la Cámara Agropecuaria de Cochabamba (CAC), Rolando Morales, considera que se necesita el acompañamiento de políticas estatales. “El sector agropecuario ha ido creciendo, si comparamos cinco años atrás; el problema es que ha ido creciendo con un esfuerzo muy privado, no público”.
Los fenómenos climáticos, como la sequía y la helada, son un obstáculo que evita garantizar la producción agrícola en el departamento. Sólo el 2 por ciento de la superficie cultivable tiene riego.
La distribución de tierras en minifundios, la superficie menos extensa para la siembra, a comparación de otros departamentos, y un mercado amenazado con el ingreso de alimentos por contrabando se suman a las dificultades del rubro.
Cochabamba es el primer productor de papa, con 1.100 toneladas al año. El mercado se ve amenazado con el ingreso por contrabando de producto peruano. La misma situación se vive con los lácteos, explica Morales. Alrededor de 50 mil familias dependen de la agricultura.
“Para muchos, hoy resulta más barato importar de los países vecinos que correr el riesgo de producir”, revela Laserna.
Es hidalgo reconocer que pese al incremento importante de la economía, aún no se ha logrado una transformación estructural”
Filemón Iriarte
Secretario de Planificación
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Urge generar condiciones para la conectividad
Otro de los problemas esenciales que atraviesa Cochabamba es la dificultad en la conectividad con el resto del mundo y los otros departamentos, a pesar de haber desempeñado un papel integrador en la logística de productos.
“La conexión hacia el norte del país prácticamente está cortada y eso no le permite a Cochabamba tener el desempeño que nosotros esperábamos”, considera el presidente de la Federación de Entidades Empresariales de Cochabamba (FEPC), Javier Bellott.
Hasta el año 2000, la conexión de Cochabamba con el norte era eficiente y, en palabras de Bellot, suponía un mercado ampliado y la transformación de productos para el beneficio de la economía Cochabambina, y que ahora potencian la economía cruceña.
Bellott explica que la producción ganadera del Beni que antes llegaba a Cochabamba permitió, por ejemplo, la generación de productos finales, como la industria del cuero.
Adicionalmente, al desarrollarse los mercados de La Paz y Santa Cruz, se ha hecho más atractivo para los inversionistas localizar ahí sus emprendimientos, agrega el investigador Roberto Laserna.
Para solucionar esta dificultad, “necesitamos garantizar la conectividad aérea, actualmente se generan grandes dificultades logísticas al trasladarse a La Paz y Santa Cruz antes de los mercados finales”, exige.
En los últimos cuatro años, según la Gobernación, se ejecutaron 726 kilómetros de carreteras.
En tanto, se construyen 24 puentes, ocho de los cuales están concluidos y 16, todavía en ejecución, con una inversión de 70 millones de bolivianos.
ANÁLISIS
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La agricultura de Cochabamba está estancada
Roberto Laserna
Economista e investigador
El rol tradicional del departamento de Cochabamba fue el de proveer alimentos y mano de obra a los núcleos exportadores, y luego el de facilitar el desarrollo de un mercado nacional. Sobre esa base se desarrollaron su agricultura primero y luego los servicios de transporte y comercio.
La agricultura cochabambina fue muy golpeada por la reforma agraria, sobre todo porque los títulos de propiedad que se entregaron fueron y siguen siendo de una propiedad incompleta, cercenada.
Los agricultores no podían vender ni hipotecar sus tierras y quedaron condenados a trabajarlas en parcelas cada vez más pequeñas, en las que no pueden desarrollarse cultivos especializados ni incorporarse tecnologías automatizadas, tanto por la escala que ellas requieren como por el capital. La inversión le resulta inaccesible a quien solamente puede usar la tierra para cultivar y no para movilizar créditos.
Por esta razón, la productividad agrícola actualmente es muy baja y la actividad ha quedado estancada.
La excepción ha estado en sectores muy ligados a los mercados urbanos, como el lechero, el sector avícola y de flores, y parcialmente en el de hortalizas; pero en los últimos años ellos también han sufrido por la competencia del contrabando y la importación, alentados por la abundancia de dólares que generó la bonanza del gas.
Por lo tanto, el sector agrícola cochabambino está afectado por causas estructurales de largo plazo, que tienen que ver con la fragmentación de la tierra y la propiedad imperfecta que se tiene de la misma, y por causas de corto plazo, relacionadas a la competencia desleal del contrabando subsidiado por dólares baratos.
Si queremos avanzar, la clave es levantar las barreras que impiden a la gente el desarrollo de sus iniciativas. Muchas de esas barreras son bien intencionadas, pero no por eso dejan de ser estorbos.

























