Cochabamba registró este año 13 casos de niños nacidos con VIH
Historias que laceran el alma. Se trata de niños que sin culpa alguna y sin ni siquiera entender bien su situación tienen que afrontar las consecuencias de haber adquirido el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) al momento de nacer.
En Bolivia se ha puesto en marcha la estrategia de realizar la prueba rápida de VIH en el primer control prenatal, pero pese a este esfuerzo este año en Cochabamba se ha reportado 13 niños que han nacido con VIH, este pudo ser transmitido por la madre en el embarazo, el parto o la lactancia. La mayoría de los casos se da por falta de información de la madre o ausencia de asistencia médica.
Los datos son alarmantes porque sólo este año se ha registrado 526 nuevos casos en Cochabamba.
La responsable del Programa ITS/VIH/SIDA del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Patricia Choque, dijo que se ha incrementado los casos de menores de edad, “a partir de los 15 años e incluso antes”, pero también de familias completas: madre, padre e hijo con VIH.
Otro problema que se enfrenta es que es difícil encontrar a las parejas de las personas diagnosticadas para hacerles las pruebas, por lo que se considera que el número de pacientes con VIH se duplica o triplica.
Choque destaca que el Virus de Inmunodeficiencia Humana afecta más aceleradamente a los niños que a un adulto.
Casa de los Niños
En 2006 llegó a la Casa de los Niños, María (nombre ficticio), una bebé recién nacida con VIH que estaba internada en el hospital en coma por una infección en el oído. Los padres que también tenían el virus simplemente desaparecieron.
Un tiempo después la madre apareció para visitar a María y presentó síntomas de depresión tras haber recibido la noticia que también su hija tenía VIH.
El director de la Casa de los Niños, Arístide Gazzotti, ofreció a la progenitora apoyo psicológico, pero también la posibilidad de una vivienda para ella y sus dos hijas. Ya han pasado 13 años desde aquel momento, y el padre de María aún no aparece.
“No sabemos si está vivo o muerto”, dice Gazzotti.
Hay adolescentes que no saben que tienen VIH y es difícil hacerle entender a un niño o adolescente que debe tomar un medicamento de por vida.
En algunos casos no aceptan el diagnóstico y se cuestionan por qué deben tomar un medicamento que sus compañeros no toman, no comprenden lo que realmente pasa.
Arístide señala que aunque existe seguimiento psicológico a los menores, el enterarse y asimilar su situación representa un “choque fuerte” que deriva en muchos casos en cuadros depresivos.
Hace algunos años, los vecinos de la final América Oeste se enteraron que en la Casa de los Niños viven personas con VIH y pidieron cerrar el lugar por el temor y estigma que existe. Actualmente, en el centro viven 110 familias, el 20 por ciento tiene VIH, y deben tratar temas como la vida, la muerte y la sexualidad de los adolescentes con una enfermedad de por medio.
“Es bastante difícil, pero lo hacemos con paciencia, basados en una experiencia espiritual donde nos hace reconocer una libertad nuestra, reconociendo la libertad del otro, es un trabajo humano muy profundo” comenta Gazzotti.
Desconocimiento
Carla (nombre ficticio) ahora tiene 27 años, pero recuerda que cuando tenía 17 acudió a un centro de salud en San Carlos por un malestar, pero no pudieron diagnosticar qué tenía. Así llegó a otro hospital donde le hicieron la prueba de VIH y después de un mes le informaron que dio positivo en el examen.
“Pensé que era una pesadilla, a veces no quisiera recordar, es difícil”, cuenta Carla con lágrimas en los ojos. Agrega que le da rabia hablar con el papá de su hija mayor porque él le transmitió el VIH.
NIÑOS CON VALOR
Necesitan asistencia especializada
La Fundación Niños con Valor también atiende a menores que viven con VIH en Cochabamba.
La directora operativa, Pamela Castro, informa que los niños son atendidos de manera multidisciplinaria, lo que permite que todos estén con la carga del virus indetectable. Sin embargo, comenta que usualmente los pacientes enfrentan problemas de lenguaje, infección en el oído, tartamudeo y cuadros depresivos, especialmente en la adolescencia, etapa en la que en algunas ocasiones se rehúsan a tomar sus medicamentos antirretrovirales que evitan que el virus se reproduzca en el cuerpo.
Por otro lado, Castro dice que una de las poblaciones más afectadas por el VIH son los que viven en la calle, ya que “por sus condiciones de vida no acceden a medicamentos y hasta tienen algunos partos en la calle”.
El virus afecta a familias completas y humildes
Martha (nombre ficticio) de 37 años recuerda claramente el momento que cuando daba a luz a su tercer hijo una enfermera le dijo que no podía tener un parto normal porque era “portadora”, pero ella no entendía nada y el personal de salud no le quería informar de la situación. Después le confirmaron que tenía VIH.
Le hicieron una cesárea para no transmitir el virus a su hija, sin embargo, los médicos pidieron hacer la prueba rápida de VIH a toda su familia. Su hija mayor no presentaba el virus, pero su esposo e hijo, de ahora 14 años, sí.
Los vecinos del Barrio San Miguel donde vivía se enteraron que varios integrantes de su familia tenían VIH y los discriminaron. Les decían “sidosos” y es por ello que se fueron a la Casa de los Niños en la que pueden vivir juntos y sin estigma.
Martha tiene miedo que su hijo de 14 años sufra bullying, por lo que éste aún no conoce su diagnóstico. El adolescente piensa que tiene otra enfermedad y siempre se cuestiona el por qué la mamá, el papá y él deben tomar medicamentos todos los días.
Comenta a sus papás que “si algún día me entero que tengo otro tipo de enfermedad, prefiero morir antes que cargar con eso”. Esto hizo que busquen apoyo psicológico antes de contarle que nació con VIH.
























