Las familias mantienen su vínculo con las almas
“El mast’aku es una recepción, un agasajo a alguien que se quiere mucho, ofreciéndole los más ricos alimentos”, explicó el antropólogo Antonio Rocha. Dijo que para nuestros antepasados, la existencia era una sola que tiene forma de vida y muerte, por lo que la muerte es un estado de existencia bajo otra forma.
En esa cosmovisión, la existencia tiene tres niveles: el Janaq Pacha, donde se encuentra el cielo, las estrellas y el sol; el segundo es el Kay Pacha o mundo terrenal donde vivimos nosotros y se representa con la t’anta wawa, comida y bebida, y el tercero es el Ukhu Pacha o mundo de las profundidades de la tierra o inframundo.
“No es que los muertos resuciten, los muertos viven bajo otra forma, es la idea de la continuidad de la existencia, siguen viviendo en el Janaq Pacha y continúan con sus actividades, si es pastor continúa pastoreando. Continúan vivos bajo otra forma”, explicó.
Dijo que antes para despedir o enterrar alguien se lo vestía con la mejor ropa, se le enviaba con alimentos como quinua y coca, porque el alma debía realizar un viaje de un año que tenía varias etapas que duraban nueve días, 30 días y seis días.
Se cree que el alma llega al Janaq Pacha o cielo en un año, por lo que se hace una gran fiesta. “En cierta forma, esto ha sido aceptado por la Iglesia Católica y hubo un sincretismo, porque antes la muerte no se celebraba en torno a la iglesia; ahora, se lo hace”, indicó.
Recordó que, antes, los cuerpos de los difuntos eran desenterrados y permanecían durante todo el mes de noviembre con sus familiares, se los hacía pasar por el pueblo, visitaban los sembradíos y se recordaba su vida.
Explicó que esta fiesta ha cambiado con los años. “Ahora ponen hasta un helicóptero en el altar, yo pregunte porqué y me respondieron, que es para que el alma retorne más rápido, también ponen whisky que es la bebida que le gustaba al difunto, seguro en la región de los valles pondrán chicha”, dijo.
La etnopsicóloga Esther Balboa manifestó que la celebración de los muertos comienza el 1 de noviembre a mediodía y termina el 2 a la misma hora. Una diferencia con la Iglesia Católica es que sólo se celebra el día de Todos los Santos, es decir de personas que alcanzaron esa cualidad.
“En nuestra cultura el espíritu vuelve; en cambio el catolicismo no cree en eso, porque dice que los muertos resucitarán en el fin de los tiempos. En esa cultura se cree que cuando el alma llega se corporiza, escucha las conversaciones, participa de la fiesta, tiene que comer, juega y baila”, explicó.
“El alma se va a mediodía del 2 de noviembre, se levanta la mesa y se despide al alma, pero a veces no quiere irse, porque extraña a su familia, se pone a jugar, pero la familia la tiene que despedir”, dijo Rocha.
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Tradición
Por otro lado, la relación con las almas o seres espirituales es parte de la cultura de los valles. En la ciudad, Sipe Sipe, San Benito y otras regiones la gente acude a las tumbas de las almas consideradas milagrosas cuando están ante una adversidad.
Almas pueden ser benignas
El antropólogo José Antonio Rocha dijo que la llegada de las almas es una bendición, porque traen lluvias para la nueva cosecha. “De la manera en que hemos tratado a nuestros muertos, ellos serán benignos con nosotros”, explicó.
Los familiares piden al alma que interceda. “Hay mucha gente que tiene esa creencia y he escuchado decir: ‘Mi papá y mi mamá no han muerto; viven, me apoyan, me ayudan’. Por eso la celebración de los muertos es en noviembre, época de siembra, y las almas llegan trayéndonos lluvia, el alma es bendita”, afirmó.
La etnopsicóloga Esther Balboa explicó que hay gente que venera a las almas, les pide favores, les crea grutas y entrega regalos; sin embargo, eso no tiene nada que ver con la celebración de Todos Santos o el Día de Difuntos, que se recuerda en noviembre.
Para la cultura incaica, éstos son espíritus sanadores, se ligan a prácticas medicinales y espirituales del mundo andino. Usualmente, a ellos se les dedican diversos tipos de ofrendas con propósitos de sanación o prevención de enfermedades.
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OPINIONES
JOSÉ ANTONIO ROCHA, ANTROPÓLOGO
“Es la fiesta más importante”
Que Todos Santos no quede como una cosa pasajera, es la fiesta más importante de nuestra cultura y tiene valores que debe ser reasumidos por nosotros para cambiar de vida como sociedad.
En esta fiesta encontramos todos los valores importantes de solidaridad, ayuda mutua. En Todos Santos todos nos ayudamos vecinos, ahijados, familiares.
ESTHER BALBOA, ETNOPSICÓLOGA
“Las almas llegan al mundo de los vivos”
La muerte y la celebración hacia ellos era celebrada por nuestros ancestros de manera diferente a la Iglesia Católica. Para nuestra cultura, la celebración de los muertos es la fiesta más importante porque las almas llegan al mundo de los vivos, cosa que difiere de la católica, donde los muertos no resucitan o regresan. El alma se corporiza, por eso come, ríe, baila, escucha.
MILTON ORTEGA, TRABAJADOR DE GRUTA DE GUNNAR
“Han muerto trágicamente”
Las almas tienen devotos y generalmente han muerto de forma trágica. Ellos empiezan a manifestarse, por eso se les pone misa y se ora para que descansen en paz. Ahí surge la fe de la población en ellas, cuando se pide algo y se cumple, luego vuelven para agradecer. Ése es el caso de todas las almas que tienen devotos como El Minerito, la Cholita sin nombre, Gunnar y otros.
Creencias y almas milagrosas
LA GRUTA DEL JOVEN GUNNAR MAMANI
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La gruta del “alma milagrosa” de Gunnar Mamani Chavarría (21), un joven que murió fortuitamente al caer del puente Huayna Cápac, el 6 de junio de 2010, es una de las más visitadas por cientos de creyentes en la ciudad de Cochabamba.
La gente acude a pedirle un sin fin de favores económicos, de salud, estudio, sentimentales y de viaje, dijo un trabajador del lugar, Milton Ortega. Vienen de diferentes ciudades del país y de otros países, como Perú. “Cuando piden algún favor o milagro las personas dejan una miniatura, los que piden auto dejan un volante y cuando les cumple le agradecen con mariachis y plaquetas”, dijo.
SHIRLEY QUISPE AYUDA A MUJERES Y NIÑOS
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El alma de Shirley Quispe (18), asesinada por su novio cuando estaba embarazada, es una de las recordadas en Sipe Sipe. Decenas de personas acuden a su altar para pedir por los niños que están por nacer y por la salud de las mujeres.
La trágica muerte de la joven, el 23 de julio de 2003, permanece en la memoria de los pobladores y de los visitantes que le llevan flores y velas. En agradecimiento, le llevan ropa y toda clase de artículos de bebé. La gente acude, generalmente, el primer lunes de cada mes.
“EL MINERITO” DEL CERRO SAN PEDRO
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El alma de El Minerito del cerro San Pedro, que se cree fue un migrante que llegó a la ciudad en busca de mejores oportunidades pero fue víctima de los ladrones, es venerada por decenas de personas cada primer viernes del mes en la serranía. Fue identificado como Juan Pablo Inofuentes y la tradición comenzó hace 12 años. “Como era minero, la población viene más que todo a pedirles favores económicos”, dijo Milton Ortega. Por otro lado, el alma de los transportistas es Manuel Herbas, quien murió en un accidente de motocicleta en la carretera a Santa Cruz hace 15 años. Tiene su gruta antes del primer túnel de esa vía.
“LA CHOLITA SIN NOMBRE” DE SAN BENITO
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Decenas de personas acuden a diario a la tumba de la “Cholita sin nombre”, en el cementerio del municipio de San Benito, para pedirle que los ayude a viajar a España, Argentina y también favores económicos, de salud, juicios y estudio.
Pese al tiempo que ha transcurrido, más de una década, la joven hallada muerta en la laguna de Sulti no ha sido identificada. Los pobladores recuerdan que la infortunada vino de otro lugar y probablemente fue asesinada por sus patrones para no pagarle. Como nadie reclamó sus restos, la Alcaldía la enterró y puso en la tumba la “Cholita sin nombre”.
























