Hu Ke: “El coronavirus en Wuhan se atajó con mascarillas, test y cuarentenas”
El neumólogo Hu Ke, que trató en Wuhan a centenares de pacientes durante los peores momentos de la pandemia en la urbe china, destaca que el virus ha logrado controlarse en su ciudad y en el país asiático gracias a la protección individual, los test masivos y las cuarentenas de los asintomáticos.
Este profesor de medicina pulmonar, integrante del equipo que comandó la lucha contra el virus en la capital de Hubei, recalca la importancia de la protección personal para quienes aún sufren la pandemia y cree que no se debería rechazar la vacuna china, que considera “muy segura y eficaz”.
P: ¿Cuáles fueron los momentos más difíciles que vivió Wuhan?
R: El tiempo más difícil fue justo antes del 23 de enero de 2020 (cuando el Gobierno chino decretó el aislamiento de la ciudad) y poco después. Antes de la cuarentena, el número de pacientes aumentó mucho. Después del cierre, no teníamos los recursos médicos suficientes ante el incremento de los enfermos, pero el Gobierno lo resolvió pronto. En total no fueron más de dos semanas.
Además, hay que tener en cuenta que la cuarentena se aplicó en una ciudad de 11 millones de personas justo durante las fiestas del Año Nuevo lunar, un periodo muy especial para los ciudadanos, que no estaban preparados ni material ni psicológicamente.
Los trajes protectores y otros recursos médicos no eran suficientes, pero las dificultades se superaron en un tiempo muy corto. El 24 de enero llegó ya el primer grupo de médicos y enfermeras y después comenzó a llegar ayuda por avión y tren.
En mi hospital nunca faltaron los trajes, aunque a veces teníamos que controlar su uso porque no había suficientes de recambio.
P: ¿Además del estricto confinamiento, que otras medidas fueron decisivas para superar la epidemia en Wuhan?
R: El sistema de gestión de las comunidades fue muy importante. Cuando alguien se sentía mal, recibía la asistencia de los responsables sanitarios de su comunidad de vecinos, incluso para llevarle al hospital. También, si hacía falta comida, la comunidad se encargaba de repartirla.
P: Hubo momentos que los hospitales estuvieron saturados y no podían atender a más pacientes. ¿La gente era atendida en sus casas?
R: En mi hospital la situación no fue tan grave, aunque leí algunas informaciones que sí hablaban de eso. Algunos no llegaban a un nivel lo suficientemente grave para ser hospitalizados y, en ese caso, la comunidad de vecinos gestionaba esos casos y les enviaba medicinas. Luego, con la construcción de los hospitales de campaña, ya fueron atendidos en esos centros. Mi hospital se transformó totalmente para dedicarse solo a pacientes de coronavirus.
P: Los psicólogos dicen que meses después los sanitarios se negaban a recordar los peores momentos. ¿El confinamiento ha dejado efectos psicológicos?
R: Nos afectó, sí, pero yo experimenté la epidemia del SARS en 2003 y no me preocupé. Quizás los doctores y enfermeras jóvenes tenían miedo de enfermarse o morir. No he escuchado ningún caso en mi entorno de problemas psicológicos posteriores. El pasado enero hubo algún amago de rebrote en la provincia de Hubei, se buscaron voluntarios para ayudar en prevención y para 30 plazas se presentaron más de 300 sanitarios. Por eso, creo que su estado psicológico es estable. La epidemia ya ha pasado.
P: Una vez que se abrió la ciudad y se redujeron al mínimo los casos, ¿qué medidas se adoptaron para que el virus no regresase?
R: Lo primero fue la observación de los pacientes al salir del hospital, de sus familiares y de sus comunidades. Luego los test de Covid para todos los habitantes de Wuhan. Más de diez millones fueron analizados en dos semanas, no había ejemplo en el mundo para eso. Encontramos 600 casos asintomáticos, los gestionamos y los aislamos en cuarentena. Desde entonces, en mayo de 2020, la ciudad no ha vuelto a registrar casos de covid entre sus habitantes.
China usa desde entonces nuestro modelo de test masivos para encontrar a los asintomáticos, y ponerlos en cuarentena junto a los contactos cercanos durante dos semanas como la mejor forma de controlar la epidemia.
P: ¿Qué recomendaría a los países que todavía sufren duramente los efectos del virus?
R: Lo primero es la protección individual, que es muy importante, la mascarilla. Yo no tengo duda que los países occidentales se van a curar. Pero hay diferentes opiniones sobre cómo hacerlo. Wuhan controló la epidemia en muy pocos días, pero en el extranjero hay muchos enfermos. Si todos los miles de sanitarios que vinieron a Wuhan no se infectaron fue por las mascarillas y los trajes de protección.
Cada país tiene que pensar por qué China pudo controlar la epidemia en poco tiempo, con una población tan grande. Primero, protección individual, no reunirse, no salir de la casa, lavarse las manos; segundo, mantener la distancia social, y tercero, la organización de las comunidades. En China está muy avanzada, podemos pedir muchas cosas por internet sin salir de casa.
La vacuna también es importante. No estoy de acuerdo con la inmunidad de rebaño, eso tiene un coste muy alto en demasiadas muertes. Las vacunas de China son muy seguras y eficaces. Yo la recibí el pasado diciembre. Los países occidentales no deberían rechazar las vacunas chinas y pagar con la vida de sus gentes.
Necesitamos proteger a la gente que está más expuesta al contagio con las vacunas.
¿EL VIRUS DEJA CONSECUENCIAS?
R: Estamos investigando aún sobre esto. Todas las enfermedades tienen consecuencias. El hospital Jinyintan que visitaron los expertos de la misión de la OMS ha realizado un estudio observando durante seis meses a un millar de pacientes recuperados. Una parte de ellos presentaron problemas psicológicos y también fisiológicos, pero no tan graves.
























